Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 4  (Leído 419 veces)

Desconectado crislibros

  • Administrator
  • ¡Que alguien le haga callar!
  • *****
  • Mensajes: 10631
  • Karma: +277/-32
  • Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo
    • www.libroslibroslibros.org
CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 4
« en: Enero 07, 2018, 10:15:04 pm »
CAPÍTULO 4
-Pues cortáis los malditos árboles suficientes para vuestra sección -bramó Valiar Marcus. La maldita legión amateur tenía dos tercios de su empalizada ya levantada, ¿y los muy tontos se quedaban ahí sentados lloriqueando sobre cómo habían dejado su campamento montado allá en Canea? -Bajó por la fila de legionarios que estaban trabajando, golpeando con su bastón armaduras y el ocasional cráneo perezoso. Después del largo y desocupado tiempo pasado en los barcos, por desgracia la disciplina flaqueaba, los hombres no estaban acostumbrados al peso de sus armaduras-. ¡Si el campamento de la Libre Alerana está terminado antes que el nuestro, que las grandes furias os ayuden, miserables bastardos, porque lo que os haré os hará correr lloriqueando para pedir refugio al vord!
Marcus mantuvo la acalorada perorata mientras marchaba arriba y abajo por el terreno escogido por la Primera Alerana para fijar su campamento. Tenían dos colinas en las cercanías, montañas rocosamente redondeadas cubiertas de espinos y arbustos. El amplio valle entre ellas era para el canim, que se había establecido en su propio campamento de buena gana. Las formas macizas e inhumanas estaban bien provistas de herramientas de mano, y aunque les faltaba la habilidad de los aleranos con las furias, estaban más que capacitados para suplir la diferencia con pura fuerza física... y números.
Marcus hizo una pausa para mirar al valle de abajo. Malditos cuervos, había un montón de canim ahí abajo. Cada uno de ellos era además un luchador. Varg no estaba dispuesto a arriesgarse a traer a sus no combatientes a la costa hasta que las fortificaciones básicas estuvieran establecidas. Marcus no podía culparle. Si él hubiera tomado tierra en Canea con los últimos supervivientes de toda Alera, no los habría desembarcado en terreno abierto a sólo cinco millas de la ciudad más belicosa del continente, además.
Desde la colina, Marcus podría mirar al norte hacia Antillus, anillos de piedra maciza, gris y blanca que se apilaban unas sobre otras sobre los huesos de otra antigua montaña. A la luz de la tarde, las piedras parecían de un azul brillante, reflejando los colores del cielo y el frío mar. Quienquiera a quien Raucus hubiera dejado a cargo de su ciudad natal, probablemente uno de su viejos colegas de confianza más consevadores, casi seguro que ahora mismo estaba masticando sus propias tripas de consternación.
Marcus se tomó un momento para considerar el emplazamiento del campamento canim. Cualquier fuerza que saliera de la ciudad tendría que pasar por uno de los campamentos aleranos antes de poder enzarzarse con los guerreros lobo. No sólo eso, sino que posicionados como estaban en el valle, el campamento canim no podía verse desde las murallas de la ciudad. Oh, una pequeña alae de caballeros Aeris los había sobrevolado momentos depués de que tomaran tierra, pero con la más leve de las precauciones, el custodio de Antillus podía mantener el silencio y evitar que su población civil cediera al pánico hasta que se aclararan las cosas.
No sólo eso, sino... asumiendo que estos tontos pudieran asegurar las cumbres en breve... las dos Legiones aleranas dominaban un terreno ventajoso mucho más potente que el del Canim. Asaltar una Legión alerana en una posición preparada era una partida que sólo podía ganarse pagando un precio de lo más sangriento. Aunque la ventana numérica del Canim significaba que asaltarlos a ellos sería una propocisión igual de estúpida. Y, acampando al sur de la ciudad, las Legiones y la horda Canim por igual se habían colocado directamente entre Antillus y la aproximación del vord. No importaba lo espeso que fuera el comandante de Antillus, tendría que apreciar ese pequeño hecho.
Un buen número de cosas podían ir muy mal... pero el sentido de la oportunidad y la posición relativa de las variadas tropas había encajado con tanta facilidad que parecía que la fortuna les había sonreído a todos.
Nada podía ser menos cierto, por supuesto. Todo el asunto había estado planeado, y con astucia. Pero bueno, Marcus no había esperado menos del capitán. Eso era algo que el abuelo de Octavian nunca había conseguido. Sextus había sido un gran maestro en maquinaciones políticas... pero nunca había dirigido una Legión en batalla, nunca había luchado junto a ellos, arriesgado su vida con ellos y ganado su lugar entre ellos a ojos de los legionarios. Sextus había contrado con la lealtad, incluso el respecto, de sus subordinados. Pero nunca había sido su capitán.
Octavian lo era. Los hombres de la Primera Alerana morirían por él.
Marcus continuó el circuito por el campamento, bramando imprecaciones y maldiciones, gruñendo ante cada pequeño fallo mientras dedicaba a la perfección solo un silencio pétreo. Era lo que los hombres esperaban de él. Corrían rumores salvajes sobre el estado de los asuntos de Alera, que se extendían entre las tropas, y los hombres estaban nerviosos. Las maldiciones y gruñidos del macizo y viejo Primera Lanza y los demás centuriones eran piedras de toque, un hecho constante de la vida ya fuera que la Legión estuviera en descanso o a punto de enfrascarse con un enemigo. Hacía que los hombres se sintieran más seguros que ningún ánimo o tranquilidad.
Pero incluso los duros y capaces centuriones lanzaban a Marcus miradas especulativas, como si buscaran en sus pensamientos la solución de sus apuros. Marcus devolvía las miradas sin otra cosa que saludos precisos, haciéndoles ver que el Primera Lanza procedía con sus tareas como era habitual.
A medida que avanzaba la tarde, Marcus se detuvo en el punto más al sur de las defensas y miró a la oscuridad que se aproximaba. Según Octavian, el cuerpo de las fuerzas vord que avanzaba lentamente hacia Antillus estaba todavía a cuarenta millas de distancia. Por los años pasado en el campo de batalla, Marcus comprendía que nunca sabías realmente dónde se encontraba el enemigo hasta que estaba lo bastante cerca para tocarlo con una espada.
Comprendió que parcialmente por eso prefería su vida como Valiar Marcus a la que tenía como cursor. Un soldado podía no saber donde estaba su enemigo, pero casi siempre sabía quién era ese enemigo.
-¿Pensamientos profundos? -dijo una voz queda tras él.
El Primera Lanza se giró para encontrar al Maestro Magnus de pie detrás de él, a menos de un paso de distancia. Se había aproximado en perfecto silencio hasta tenerlo al alcance de un golpe mortal. De haberlo querido, Magnus podría haberle golpeado con el gladius que llevaba al costado, o con un cuchillo que llevara oculto en su persona. Dada la armadura de Marcus, la primera elección de objetivo habría sido la nuca... un golpe bajo, en el ángulo correcto, podía seccionar la espina dorsal, cortar uno de los grandes vasos sanguíneos del cuello, y cerrar la tráquea al mismo tiempo. Si se hacía correctamente, resultaba una muerte segura y silenciosa incluso para un objetivo bien armado. Marcus recordaba practicarla, una y otra y otra vez, allá en sus días en la Academia, hasta que el movimiento se había incrustado en los músculos de sus brazos, hombros y espalda. Era una de las técnicas estandart que se enseñaban a los cursores.
Magnus podía utilizarle para practicar.
Era una especie de juego entre los estudiantes cursores, aunque Marcurs nunca lo había practicado.. una forma de decir a los demás cursores que para poder matar, tenías que desearlo. La postura de Magnus, relajada e indiferente para el observador casual, estaba centrada y lista para el movimiento, un desafío sutil. Cualquiera entrenado en la Academia la habría reconocido.
Así que, el viejo cursor estaba pescando.
El Primera Lanza gruñó como si no hubiera pasado nada. El grupo de legionarios más cercano estaba a unos buenos quince metros. No había ninguna necesidad de proteger la conversación si bajaban la voz.
-Me preguntaba cuánto pasará antes de que el vord llegue aquí.
Magnus le miró fijamente durante un silencioso minuto antes de relajar su postura y colocarse junto al Primera Lanza.
Marcus notó la leve protuberancia del mango de un cuchillo, oculto en la manga del viejo cursor. Puede que Magnus fuera mayor, y sus días de duelos hubieran pasado hacía mucho. Pero eso no le haría menos mortífero si decidiera actuar. Nunca era el músculo o las armas o las furias del enemigo lo que le convertía en una auténtica amenaza. Era su mente. Y la mente de Magnus todavía estaba afilada como una navaja.
-Bastante rato, pensaría uno -dijo Magnus-. Los antillanos no esperan el primer asalto hasta dentro de otras dos semanas o más.
Marcus asintió.
-Están hablando, ¿eh?
La boca del viejo cursor se retorció en una comisura.
-Era eso o luchar con nosotros. No parecen ansiosos por hacerlo si pueden evitarlo. -Él también miró al sur, aunque Marcus sabía que sus ojos acuosos eran miopes-. Octavian desea hablar contigo.
Marcus asintió. Luego miró de reojo al otro hombre, y dijo:
-Me has estado echando miradas, Magnus. ¿Qué pasa contigo? ¿Robé tus botas favoritas o algo?
Marcus se encogió de hombros.
-Entre el momento en que te retiraste de las legiones antillanas y cuando volviste al servicio con la Primera Alerana, nadie recuerda donde estabas.
El Primera Lanza sintió que su estómago comenzaba a arder. El ácido se alzó por su garganta. Lo cubrió con una tos áspera.
-¿Y eso te ha retorcido los calzones? Un viejo soldado vuelve a la vida en una explotación. Y yo no me soprendería de que no sobresalga, Magnus.
-Perfectamente razonable -reconoció Magnus-. Pero no muchos viejos soldados son nombrados para la Casa de los Valientes. Hay... veamos, cuandos quedan... cinco hombres así en el Reino entero. Cada uno de ellos es actualmente un ciudadano. Tres estatuders y un conde. Ninguno de ellos volvió a vivir como un hombre libre.
-Yo sí -dijo el Primera Lanza con facilidad-. No fue duro.
-Hay muchos veteranos que ayudaron a fundar la Primera Alerana -continuó el cursor con voz tranquila-. Muchos de ellos de las legiones antillanas. Todos te conoce, al menos por reputación. Ninguno había oído hablar de lo que te ocurrió tras tu retiro. -Se encogió de hombros-. Es inusual.
Marcus soltó una risa.
-Has estado bebiendo demasiado aceite de hígado de leviatán. -Su voz se volvió más seria-. Y ya tenemos suficientes enemigos sin que busques más donde no hay ninguno.
El viejo cursor evaluó a Marcus con ojos acuosos y serios.
-Sí -dijo con cortesía-. Donde no hay ninguno.
Marcus sintió que se le cerraba la garganta. Lo sabía. Sabía algo. O creía saberlo.
Marcus dudaba que el viejo cursor hubiera averiguado que él era, de hecho, Fidelias ex Cursori, cómplice de Attis e Invidia Aquitaine, traidor al Reino. Desde luego, no era consciente de que Marcus al final se había vuelto contra la Alta Señora Aquitaine, asesinándola con una flecha de ballesta envenenada... o se estaba acercando endemoniadamente a ello. Y no tenía forma de saber cuánto había llegado a significar el nombre de Valiar Marcus, Primera Lanza de la Primera Legión Alerana, para un cansado y agotado asesino llamado Fidelias.
Pero el conocimiento estaba en los ojos de Magnus. Puede que no tuviera todos los hechos alineados... aún... pero estaba claro en su postura, en sus acciones, en sus palabras.
Sabía suficiente.
Por un instante, Fidelias sintió el loco impulso de intentar algo que raramente había encontrado útil en la vida. Pensó en contarle la verdad al viejo cursor. Pasara lo que pasara después, al menos la inseguridad desaparecería. Su boca se abrió. Fidelias notó, con una especie de desapego divertido, que en realidad no había decidido hablar. Pero una parte de él... el Marcus en él, probablemente... había procedido sin su aprobación.
Dijo:
-Marcus, tenemos que hablar.
Entonces el vord salió disparado de las crecientes sombras.
Había tres, a ras de tierra y moviéndose rápido. Eran bestias largas, de seis patas, cuerpos sinuosos y fuertes, con colas finas y azotadoras estiradas tras ellos. Estaban cubiertos de finas escamas de quitina negra, brillantes y lustrosas, reflejando la cruenta luz del sol poniente. Fidelias tuvo un instante para observar que se movían como garims, los grandes lagartos de los pantanos del sur, luego se movió.
Su gladius sería del todo inútil. Así que estiró la mano hacia Vamma, su furia de tierra, atrayendo poder de los huesos de adamantio de la vieja montaña que tenía debajo. Agarró un grueso y pesado palo, que yacía listo para ser plantado en la tierra como parte de la empalizada.
Fidelias giró hacia el vord más cercano y balanceó el pesado palo arriba y abajo en un arco vertical, como un hombre esgrimiendo un hacha. El palo de madera debía pesar ochenta libras, pero lo movió con tanta ligeraza como un niño con un bastón y golpeó al vord en la cabeza con un poder grotesco y destructivo. Sangre verde y marrón salpicó por todas partes, manchando a Fidelias y Magnus por igual.
El palo se rompió por la mitad, un extremo de repente se convirtió en un amasijo de pinchos y astillas. Fidelias se giró hacia el siguiente vord y utilizó ese extremo como punta de lanza. La sacudida del impacto se transmitió cruelmente por sus brazos y hombros, e incluso con la influencia de Vamma para respaldarle, Fidelias salió disparado hacia atrás mientras el palo se hacía pedazos bajo la tensión. Golpeó el suelo con fuerza. El vord apaleado se sacudía salvajemente, muriéndose, con varias astillas de madera demasiado grandes y puntiagudas para ser llamadas propiamente "astillas" sobresaliendo de su nuca.
Entonces el tercer vord llegó a él.
Sus dientes le alcanzaron la pantorrilla, cerrándose con una fuerza aterradora. Oyó como se le rompía la pierna, pero tal era el poder de las mandíbulas de la cosa que la sensación se desvaneció por completo. Su cola azotaba de un lado a otro, y Fidelia luchaba, su fuerza realzada por las furias le permitió sacudir al vord antes de que pudiera asegurar su presa con garras o cola, y evitar que le envolviera con firmeza con sus seis patas terminadas en garras. Tenía un increíble poder físico. Si era capaz de plantar los pies, simplemente le arrancaría la piernas por la rodilla.
La larga cola del vord de repente se envolvió alrededor de su muslo, y Fidelias vio, en un instante de horror congelado, que centenares de cordilleras diminutas y afiladas, como los dientes de un cuchillo serrado, de repente se extendían por toda su longitud. El vord simplemente apretaría la cola, cortando los músculos de su muslo hasta el hueso en una larga espiral, como separando la carne de un jamón.
Magnus dejó escapar un chillido y barrió con su gladius. aunque los brazos del viejo eran magros, estaban respaldados por el poder de su propio artificio de tierra, y la famosa espada de las legiones cercenó la cola del vord en su base.
El vord soltó a Fidelias y se giró hacia Magnus con velocidad enervante y precisión, y el viejo cursor cayó bajo su peso.
Fidelias se echó hacia atrás y vio a Magnus sosteniendo las mandíbulas del vord lejos de su cara con ambas manos. Magnus no era un artífice de tierra tan fuerte como Marcus. Era incapaz de desalojar al vord, y la cosa se las había arreglado para empezar a arañarle con las garras mientras luchaba por cerrar el increíble poder de sus mandíbulas sobre la cara de Magnus.
Por un instante, Magnus le sostuvo la mirada.
Fidelias vio las ramas de la lógica en su mente, desplegándose con tanta calma y pulcritud como si hubiera estado ejecutando un ejercicio teórico.
La situación era ideal. El vord ya estaba mortalmente herido. Los legionarios más cercanos estaban tomando sus armas y avanzando... pero nunca llegarían a tiempo de salvar a Magnus. El propio Fidelias estaba malherido. El shock estaba evitando que lo sintiera, pero sabía que incluso con las atenciones de un sanador de la Legión, estaría fuera de combate unos cuantos días.
Magnus lo sabía.
Nadie podría culparle por matar solo a dos vord y medio. Fidelias permanecería oculto. La posición de Valiar Marcus estaría segura. Y para lograrlo, Fidelias sólo tenía que hacer... nada. Nada más que dejar que uno de ellos, un vord, el enemigo de cualquier ser vivo de Carna, desgarrara a un confidente de confianza del legítimo Primer Señor de Alera hasta hacer añicos su carne. Y de repente se vio consumido por la rabia. La rabia ante las mentiras y la ambición egoista que había envenenado el corazón de Alera desde la muerte de Gaius Septimus. Rabia ante el orgullo testarudo de Sextus, orgullo que le había conducido a convertir al Reino en un caldero venenoso de traición e intriga. Rabia ante las cosas que se había visto forzado a hacer en nombre de su servicio a la Corona, y luego en el supuesto servicio al bien más grande de toda Alera, cuando parecía estar claro que el hombre al que había jurado lealtad había abandonado su propio deber para con el Reino. Cosas que a ese chico de la Academia, hacía tantos años, le horrorizarían saber sobre su futuro.
Tenía que parar.
Aquí, ante la amenaza más grande que ninguno de ellos había conocido nunca, tenía que parar.
Valiar Marcus dejó escapar un rugido de furioso desafío y se lanzó sobre la espalda del vord. Atascó un antebrazo blindado entre las mandíbulas de la criatura, y sintió la terrible presión de los dientes mientras le sujetaban. Ignoró y empujó salvajemente contra la cabeza del vord con los hombros, retrociendo y tirando de la cosa como un hombre que intentara arrancar un tocón de la tierra.
El vord soltó un siseo de rabia. Era demasiado sinuoso y flexible para romperle el cuello.
Pero mientras se esforzaba y tiraba, Valiar Marcus vio que sus escamas se levantaban hacia arriba, extendiéndose ligeramente desde la piel del cuello, desnudando la piel tierna de abajo para un golpe desde el ángulo apropiado.
El Maestro Magnus lo vio también.
Sacó el cuchillo de su manga con un solo movimiento de la mano, tan fácil y veloz como un ilusionista experto. La hoja era pequeña pero brillante, y su filo mortalmente agudo.
El cursor lo enterró hasta la empuñadura en el cuello del vord. Luego, con una torsión admirable, abrió la garganta de la cosa. El vord corcoveó, los músculos se tensaron en agonía... pero sus mandíbulas de repente perdieron fuerza.
Entonces llegaron los legionarios, espadas en mano, y en un momento, todo acabó. Marcus yacía con la espalda en la tierra como secuela. Uno de los legionarios había ido corriendo a buscar a un sanador y dar la alarma. Los demás se habían desplegado en una línea, poniendo sus cuerpos blindados entre la noche creciente y los dos viejos heridos que tenían detrás.
Marcus yacía jadeando y se volvió a mirar a Magnus.
El viejo cursor le estaba mirando fijamente, con los ojos acuosos en blanco por la sorpresa, la cara y la barba blanca manchadas por la sangre del vord. Miró a Marcus y tartamudeó unos cuandos sonidos sin significado alguno.
-Tenemos que hablar -gruñó Marcus. Su propia voz sonó áspera y fina-. Te estás volviendo un poco paranóico, viejo. Saltando ante cada sombra. Tienes que relajarte.
Magnus le miró. Luego se dio la vuelta y miró a los tres vord muertos en el suelo a su alrededor. Uno de ellos, el segundo en morir, todavía se retorcía, su cola se agitaba al azar.
Magnus resolló una risa.
Marcus se unió a él.
Cuando los sanadores llegaron con refuerzos, observaron al par de viejos heridos como si estuvieran completamente locos.
No podían parar de reír.

Desconectado Aquivoy67

  • Se le comió la lengua el gato
  • *
  • Mensajes: 16
  • Karma: +0/-0
Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 4
« Respuesta #1 en: Enero 07, 2018, 11:38:25 pm »
Esto mejora  23a

Desconectado crislibros

  • Administrator
  • ¡Que alguien le haga callar!
  • *****
  • Mensajes: 10631
  • Karma: +277/-32
  • Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo
    • www.libroslibroslibros.org
Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 4
« Respuesta #2 en: Enero 09, 2018, 09:37:05 am »
 36a   Se acabaron las vacaciones y vuelta al trabajo al 100%.

Me temo que ya no podré seguir al mismo ritmo pero se intentará. Haré lo que pueda para que el libro esté antes de que acabe enero.

Desconectado daival

  • Se le comió la lengua el gato
  • *
  • Mensajes: 19
  • Karma: +0/-0
Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 4
« Respuesta #3 en: Enero 11, 2018, 12:45:54 pm »
Tu tranquila y a tu ritmo, ya que no estás dando la oportunidad de poder acabar de leer la saga. Además para mi si no lo acabas en enero no pasa nada porque mi cumple es en febrero, así tengo un buen regalo.

 38a 38a
« Última modificación: Enero 11, 2018, 12:48:16 pm por daival »