Autor Tema: CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 1  (Leído 543 veces)

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CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 1
« en: Enero 03, 2018, 12:25:56 am »
CAPÍTULO 1
Hubo un rápido golpecito en la puerta del camarote, y Antillar Maximus entró. Uno de los más viejos amigos de Tavi, Maximus había compartido habitación con Tavi durante la mayor parte de sus tres años en la Academia y era uno de los pocos miembros de la flota que abría su puerta sin que le dieran permiso.
-Pensé que debías saberlo -comenzó Max, pero luego se detuvo y parpadeó hacia Tavi. Cerró la puerta tras él antes de barbotar-: Malditos cuervos, Calderon. ¿Estás enfermo o algo?
Tavi le miró cansado desde donde estaba sentado ante el pequeño escritorio del camarote, enfrascado en la lectura de mapas.
-No dormí bien anoche.
La cara ruda y apuesta de Max se iluminó con una rápida sonrisa juvenil.
-Sí. Es duro volver a un camastro frío cuando te acostumbras a uno cálido.
Tavi le lanzó una mirada severa.
La sonrisa de Max se amplió.
-No me malinterpretes. Creo que siempre es bueno que el capitán de tu legión esté más relajado y tranquilo de lo que estaría de otro modo. Estoy totalmente a favor de que el capitán tenga una mujer. Podría ocuparme de encontrarte un reemplazo si no eres demasiado picajoso, capitán.
Tavi cogió su taza de té.
-Si no terminas antes de que me haya bebido esto, voy a tirar esta taza a tu gorda cabeza.
Max se cruzó de brazos y se apoyó contra la puerta con una sonrisa serena.
-Por supuesto, Su Alteza.
El título honorífico aparecía siempre que algo provocaba la más ligera diversión en Max. Tavi sabía que su abuelo estaba muerto, pero no se lo había dicho a los demás. No tenía forma de probarlo, después de todo... y Alera había dejado claro que no tenía intención de mostrarse ante el resto de la flota.
Además, había una diferencia considerable entre ser el heredero legítimo y asumir realmente la posición de Primer Señor.
Tavi sacó esos pensamientos de su mente. Esos problemas se resolverían por sí mismos con el tiempo. Primero, sobrevivir al día de hoy.
-¿Has venido aquí por alguna razón, Max?
La sonrisa de Max desapareció también. Asintió, con el cuello algo rígido.
-Crassus está de vuelta. Debería estar en cubierta en unos momentos.
Tavi se levantó y tragó el resto del fuerte té. Dudaba que el estimulante le ayudara mucho después de otra noche penosa de lecciones con Alera, pero estaba dispuesto a intentarlo.
-Tráeme a Magnus y al Primera Lanza. Manda una señal al Sangre Verdadera e invita a Varg a venir al Slive lo antes posible.
-Ya está hecho -dijo Max-. Termínate la galleta al menos.
Tavi le frunció el ceño pero se dio la vuelta para terminar su desayuno, una simple galleta cuadrada de barco, un pan tieso y grisáceo hecho con sus últimos restos de harina y algunos de las menos tóxicas porciones de un leviatán.
-No voy a perderme esto -dijo, pero se lo acabó con fuerza de voluntad. Si las cosas iban mal hoy, puede que no tuviera oportunidad de comer luego.
-He estado pensando -dijo Max-. Kitai podría tener razón.
Tavi sacudió la cabeza.
-Si es así, yo no lo veo.
Max gruñó.
-Mira, Tavi. Soy tu amigo. Pero tienes algunos de los más condenados puntos ciegos.
-¿Qué quieres decir?
-Eres el maldito Princeps de Alera, tío -replicó Max-. Eres el maldito modelo a seguir... o al menos, se supone que es así.
-Eso es ridículo -dijo Tavi.
-Por supuesto que sí -respondió Max-. Pero te guste o no, va con el oficio. Se espera que te comportes todo el tiempo como el más honorable y más digno joven ciudadano del Reino.
Tavi suspiró.
-¿Y qué?
-Y el Princeps de Alera no puede permitirse ir haciendo cosas que le avergüencen -dijo Max-. Las amantes son una cosa. Los bastardos otra.
La boca de Max se retorció ante esa palabra. Su propio padre, el Alto Señor Antillus, había concevido a Max con una bailarina a la que había favorecido. Su segundo hijo, Crassus, había nacido legítimo, dejando a Max despojado de cualquier título o reclamación. Tavi sabía que toda la vida de Max, incluyendo su muy limitada aceptación como parte de la ciudadanía del Reino, había estado poderosamente marcada por su falta de legitimidad.
-Ese no es el tema, Max -dijo Tavi-. Nunca ha habido nadie aparte de Kitai.
El gran antillano suspiró.
-No entiendes el problema.
-Entonces deberías explicármelo.
-El problema es que cosas como con quién se acuesta el Princeps importan -replicó el amigo de Tavi-. Las reclamaciones de rivales por la Corona han causado guerras antes, Tavi. Y cosas peores. Cuervos, si el viejo Sextus hubiera dejado un hijo bastardo o dos corriendo por Alera, las grandes furias saben lo que habría pasado después de que mataran a tu padre.
-Te concedo eso -dijo Tavi-. Importa. Pero todavía estoy esperando el problema.
-El problema es que el Reino no sabía que eras el hijo de Septimus hasta el año pasado... e incluso entonces, estabas muy lejos, en las áreas remotas, luchando en una campaña. No has atraído exactamente a un montón de visitantes.
-No, es cierto.
-Cuando volvamos a casa, eso va a cambiar -dijo Max-. Todo el mundo va a estar observándote como halcones. Van a fisgar en tu vida de todas las formas que puedas imaginar, y probablemente de algunas que no puedas... y cada ciudadano con una hija incluso vagamente cerca de la edad correcta para casarse va a estar esperando a que la conviertas en la siguiente Primera dama.
Tavi frunció el ceño.
-Quieres casarte con Kitai -dijo Max. No era una pregunta.
Tavi asintió.
-Entonces vas a cabrear a mucha gente. Y ellos van a intentar utilizar cada retazo de información que puedan contra ella. Van a intentar presionarla, de cada forma posible... y si te limitas a llevártela por ahí como has estado haciendo, les pondrás muy fácil el empezar a congregar apoyos contra ti.
-En realidad no me importa lo que piensen, Max -dijo Tavi.
-No seas idiota -replicó su amigo, con voz cansada-. Eres el Primer Señor de Alera. Vas a liderar una nación llena de poderosos ciudadanos con intereses en conflicto mutuo. Si no puedes reunir suficientes apoyos para ese liderazgo, un montón de gente va a sufrir por ello. Intentarás enviar ayuda a las posesiones de un conde que han sido devastadas por una inundación pero descubres que la ayuda ha sido bloqueada por el Senado, o tal vez ahogada en algún lugar entre las comunicaciones o la cadena financiera. Emitirás veredictos en las disputas entre Señores y Altos Señores que traerán ante ti y averiguarás que ambos lados te han tendido una trampa para hacerte quedar mal, hagas lo que hagas... y al final, porque ese era el objetivo de todo, alguien intentará quitarte la corona.
Tavi se frotó la barbilla, estudiando a Max. Las palabras de su amigo eran... no eran en realidad lo que había esperado de él. Max tenía un instinto fantástico para analizar las situaciones tácticas y estratégicas, un don que su entrenamiento en la Academia había afilado y horneado... pero este tipo de forma de pensar era impropia del carácter de su viejo amigo.
Tavi inhaló profundamente, entendiendo.
-Kitai ha hablado contigo de esto.
-Hace un par de semanas -dijo Max.
Tavi sacudió la cabeza.
-Malditos cuervos.
-No sé si funcionará -dijo Max-. Hacer de vuestro cortejo un evento semi-público, quiero decir.
-¿Crees que podría?
Max se encogió de hombros.
-Creo que darás a la gente que te apoye una forma de contrarrestar a cualquiera que piense en utilizar a Kitai para construir una oposición. Si la hubieras cortejado con la misma consideración que esperaría cualquier joven dama de alto nivel en la ciudadanía, eso le proporciona un cierto estatus por asociación. -Frunció el ceño-. Y además...
Tavi sintió la súbita reluctancia de su amigo a hablar. Sacudió la cabeza, sintiendo que una sonrisa cansada comenzaba a tirar de la comisura de su boca.
-Max -dijo tranquilo-. Suéltalo sin más.
-Malditos cuervos, Calderon -suspiró Maximus-. Yo soy el que trata a las chicas como objetos. Tú siempre has sido el listo. El capaz. El que iba a todas las clases y estudiaba y le iba bien. Tú eres el que ha encontrado formas de utilizar las furias con las que nadie había siquiera soñado antes, y apenas puedes usarlas. Te has enfrentado al Canim, a los marat y a reinas vord por igual, y todavía sigues de una pieza. -Sostuvo la mirada de Tavi, y dijo-: Sé que no piensas en Kitai como yo en mis amantes. Ella no es compañera de juegos. La ves como a tu igual. Tu aliada.
Tavi asintió, y murmuró:
-Sí.
Max se encogió de hombros y bajó la mirada.
-Tal vez ella también se merezca algo de romance, Calderon. Tal vez te no haría daño salirte de tu camino para hacerla sentir especial. No porque ella pueda luchar, o porque práctiamente sea una princesa entre los suyos. Sino porque quieres demostrárselo. Porque quieres que sepa cuanto te importa.
Tavi le miró por un momento y se sintió algo atónito.
Max tenía razón.
Él y Kitai llevaban juntos mucho tiempo. Habían compartido todo el uno con el otro. Si ella se hubiera ido a algún sitio, habría dejado un enorme y descontento agujero en algún lugar de su interior que se negaría inflexiblemente a ser llenado. Habían pasado por tantas cosas juntos... pero en realidad él nunca le había hablado de sus sentimientos más profundos. Ella lo sabía, por supuesto, como él había podido sentir la devoción que ella sentía por él através del extraño vínculo que los dos compartían.
Pero algunas cosas había que decirlas antes de que pudieran convertirse en realidad.
Y algunas cosas no podían decirse. Tenían que hacerse.
Malditos cuervos. Nunca le había preguntado cuales eran las costumbres de matrimonio de su gente. Ni siquiera se le había ocurrido preguntar.
-Cuervos -dijo Tavi, con calma-. Yo... Max, creo que tienes razón.
Max estiró las manos.
-Sí. Lo siento.
-Muy bien -dijo Tavi-. Entonces... supongo que mientras se me ocurre una forma de conseguir que el resto de Alera acepte la ayuda del Canim, y averiguo cómo derrotar al Vord, y reuno suficiente apoyo para convertirme realmente en el Primer Señor, tendré que introducir un romance épico en la agenda.
-Por eso tú eres el Princeps y yo sólo un humilde Tribuno -dijo Max.
-Yo... en realidad no sé demasiado sobre romanticismo -dijo Tavi.
-Ni yo -dijo Max alegremente-. Pero míralo así. No hace falta mucho para mejorar lo presente.
Tavi soltó un gruñido y buscó su taza vacía.
Max abrió la puerta y saludó, golpeándose el puño derecho contra el pecho armado, sonriendo abrietamente a Tavi.
-Me ocuparé de los botes que llegan, Su Alteza, y me aseguraré de que todos encuentren el camino hasta tu camarote.
Tavi levantó la taza. No se la tiraría a Max a plena vista de todos los de la cubierta. Bajó la taza, dedicó a Max una mirada que prometía venganza tarde o temprano, y dijo:
-Gracias, Tribuno. Cierre la puerta al salir, por favor.
Max salió y cerró la puerta, y Tavi se volvió a hundir cansado en su silla. Miró los mapas extendidos sobre su escritorio... y sacó uno que no había mostrado a los demás. Alera le había alyudado con él. Mostraba la extensión del croach del vord sobre la cara de Alera, como una cangrena rezumante sobre el cuerpo desde una herida infectada.
El Vord se contaba por cientos de miles ya, tal vez incluso millones.
Tavi sacudió la cabeza pesaroso. Decía algo sobre el mundo, pensó, que la amenaza vord viese discutido el puesto de problema más desconcertante que tenía. No estaba seguro de qué, pero definitivamente decía algo.

Desconectado Araghan

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 1
« Respuesta #1 en: Enero 03, 2018, 01:30:09 am »
Gracias. 06a
“Por los amigos ausentes, los amores perdidos, los viejos dioses y la estación de las nieblas.Y ...

Desconectado daival

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 1
« Respuesta #2 en: Enero 03, 2018, 01:48:49 am »
Muchas gracias   06a 06a 06a

Desconectado Sacro523

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 1
« Respuesta #3 en: Enero 03, 2018, 05:12:43 am »
Gracias.  18a

Desconectado joaquinm

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 1
« Respuesta #4 en: Enero 03, 2018, 09:48:19 am »
muchas gracias

Desconectado tronmedieval

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Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 1
« Respuesta #5 en: Enero 03, 2018, 11:09:47 am »
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