Autor Tema: CODEX ALERA 5: LA FURIA DEL PRINCEPS, capítulo 15  (Leído 211 veces)

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CODEX ALERA 5: LA FURIA DEL PRINCEPS, capítulo 15
« en: Octubre 06, 2017, 09:44:02 pm »
CAPÍTULO 15
Marcus hizo una pausa fuera del camarote del Princeps ante el sonido de voces airadas en el interior.
-¿Qué se suponía que debíamos hacer, Magnus? -exigía Maximus en un tono rudo-. El Princeps... y todos los cane del rango de Shuar, al parecer... creen que es necesario.
-Es un riesgo inaceptable -respondió el ayuda de cámara de la Legión, con voz crujiente de cólera contenida-. El Princeps de Alera simplemente no vaga por tierras de un poder extranjero solo, vulnerable y desprotegido.
-No es como si fuera un bebé indefenso -señaló Antillus Crassus más tranquilo, con voz más mesurada-. Tal vez mi hermano tenga razón, Magnus.
Marcus sonrió ligeramente. Para entonces ya conocía a Crassus lo bastante bien como para saber que el joven era demasiado sensato para estar de acuerdo con Maximus sobre enviar al Princeps, solo, al corazón de la nación canim. Pero alinearse con su hermano subvertiría con pulcritud la objeción de Máximus cuando Crassus capitulara.
-La vida de Octavian es irremplazable -declaró Magnus-. Si cada vida individual en esta expedición tuviera que ser sacrificada para verle a salvo de vuelta en Alera, sería nuestro deber hacer todo lo que estuviera en nuestra mano para asegurar que tal cosa ocurriera tan rápida y eficientemente como fuera posible. Nosotros somos prescindibles, caballeros. Él no.
-Yo no soy ni un caballero ni prescindible -intervino la joven marat-. No veo como las muertes de todos los vuestros podrían posibilitar que mi alerano volviera a salvo al hogar. Le habéis visto en mar abierto. ¿Honestamente creéis que puede manejar un barco por su cuenta?
Hubo una pulsación de silencio alarmado.
-Estaba hablando en términos hipotéticos, embajadora.
-Ah -dijo Kitai, con tono seño-. Explícame otra vez la diferencia entre hipótesis y farsa.
-Muy bien -dijo Octavian con su voz resonante de barítono. En realidad, Marcus creía oír la gravedad de una autoridad mayor asentándose en la voz del joven-. Creo que hemos golpeado a este gargante en particular hasta la muerte.
-Su Alteza... -empezó Magnus.
-Magnus -dijo Octavian-. Ya soy, para cualquier propósito práctico, un prisionero... al igual que nuestra flota. Los shuarans controlan el puerto. Si no voy a ver al Maestro de Guerra Lararl para reclamar la protección de su respeto, nada va a evitar que vuelvan esas catapultas hacia nosotros, y nos envíen a todos al fondo de su puerto... incluyéndome a mí. No hay forma de llevarme a salvo de vuelta a Alera.
-Podríamos ganar la libertad -dijo Magnus rígido.
-Tal vez. Si rompemos la tregua y nuestra palabra, traicionamos la confianza que han depositado en nosotros, y les atacamos primero. -La voz de Octavian se endureció ligeramente-. Eso no va a ocurrir, Magnus. Podría acabar siendo más peligroso a largo plazo.
-Su Alteza...
Octavian no alzó la voz por la rabia. De hecho, se hizo más queda, aunque más afilada y pronunció con más claridad.
-Ya basta.
Marcus alzó la mano, llamó una vez a la puerta, y la abrió sin esperar respuesta, como hacía normalmente. Su entrada sorprendió a todos los de dentro. Todos se volvieron hacia él parpadeando.
Marcus saludó.
-Su Alteza. Oí por casualidad su debate mientras me aproximaba. Si no es impertinencia, señor, ¿puedo hacer una sugerencia?
Las cejas de Octavian se alzaron casi hasta la línea de su cabello.
-Por favor.
-Señor, cuando Varg estaba en la capital, ¿no llevaba con él su propia guardia de honor? ¿Una señal de su estatus o algo así?
-Desde luego.
-A mí me parece que podría usted reclamar lo mismo.
Maximus frunció el ceño y sacudió la cabeza.
-Los canim han dicho que tenía que viajar solo.
-Una guardia de honor es apropiada para un hombre de su posición -replicó Marcus-. ¿Qué van a hacer? ¿Echarse atrás porque temen a unos cuantos hombres que lleve con él?
Octavian sonrió y señaló con un dedo a Marcus.
-Cierto. Si lo expresamos así, no tendrán más elección que aceptarlo o parecer cobardes. Unos cuantos hombres no podrían ser una amenaza para los shuarans.
Magnus negó con la cabeza.
-Ese es precisamente el problema. Yo preferiría que el guardaespaldas del princeps pudiera aniquilar a mil atacantes al menos.
Octavian se echó hacia delante en su asiento.
-No necesito aniquilar a miles, Magnus. Pero unos cuantos hombres podrían sacarme volando de problemas y devolverme al barco si casualmente fueran caballeros Aeris. U ocultarnos y hacer que viajemos tras un velo si fueran artífices de la madera. Yo diría que sería necesario tanto astucia como poder. ¿Estás deacuerdo, Marcus?
-En esencia -dijo Marcus-. Sí, señor. Incluso aunque la fuerza entera estuviera con usted, señor, no podrían luchar contra un país lleno de canim y ganar... pero tenemos suficiente fuerza para tomar y contener este puerto un tiempo, si hace falta. Lo que se necesita es un grupo lo bastante pequeño para no alarmar a los canim... pero lo bastante fuerte para salir de un aprieto y lo bastante delicado y hábil para volver aquí a través de un territorio hostil si hace falta.
Octavian asintió agudamente.
-Eso suena bastante razonable.
-¿Cual es el alocado estándart? ¿Bastante razonable comparado con qué? -preguntó Magnus. Su voz era seca, pero el tono amargo había desaparecido.
-¿Sugerencias? -preguntó Octavian, dedicando a Magnus una mirada tolerante y divertida.
-Yo -dijo Maximus al instante.
-Hecho -coincidió Marcus. El gran antillano era un prodigio de destrucción en la lucha a cualquier escala.
-Yo -dijo Crassus un segundo después.
-Sí -dijo Magnus-. Dijiste que también necesitabas delicadeza.
-Yo voy -declaró Kitai.
-Señora embajadora -empezó Magnus-, puede que sea mejor...
-Yo voy -repitió Kitai, en el mismo tono exacto de voz, mientras se levantaba e iba hacia la puerta del camarote-. El alerano te lo explicará.
Marcus se hizo a un lado mientras la mujer marat abandonaba el camarote y cerraba la puerta tras ella.
Octavian sacudió la cabeza y suspiró.
-Eso hacen tres. ¿Quién más se os ocurre? ¿Radeus? Puede que un volador rápido sea útil.
-Durias, señor -dijo Marcus, sin dudar.
Octavian arqueó una ceja ante la sugerencia.
Crassus frunció el ceño.
-Es... ¿No es el Primera Lanza de la Legión Libre Alerana?
Marcus asintió.
-Ridículo -dijo Magnus-. No sabemos nada sobre ese hombre. No le debe nada al Reino y no tiene ningún interés en mantener al Princeps a salvo. De hecho, es un traidor.
-No sacudamos mucho los arbustos, Magnus -dijo Octavian-. Nunca sabes quién está pringado.
Marcus se encontró sonriendo débilmente, y Octavian respondió a la expresión con una propia. El joven pensaría que Marcus estaba sonriendo por las acciones del joven Princeps el año anterior, cuando se había infiltrado en la Torre Gris de Alera Imperia y raptado al embajador Varg bajo las narices de la Guardia Gris. Que lo hiciera. Octavian tenía bastantes cosas en la cabeza sin cargar con otro retazo de información incómoda.
-¿Por qué Durias, Primera Lanza? -preguntó Octavian.
-Conoce a los canim, señor -contestó Marcus-. Trabajó estrechamente con ellos, marchó a su lado, entrenó con uno. Los conocerá mejor que cualquiera de nosotros... incluso mejor que usted, señor. Conoce sus capacidades en comparación con las nuestras, conoce sus métodos, como piensan. Será más capaz que casi cualquiera de la expedición de decirle lo que el canim sabe o no sabe de las capacidades aleranas, y a menos que me equivoque, no está poco dotado en los artificios de tierra o de batalla.
El viejo cursor miró en silencio a Marcus un rato, antes de hablar finalmente.
-La cuestión es -dijo Magnus-, si estará dispuesto o no a compartir ese conocimiento contigo, mi señor. Durias no ama a Alera ni a sus ciudadanos.
-Yo tampoco lo haría, su hubiera vivido como él -replicó Octavian-. Los aleranos le esclavizaron. La gente de Varg le liberó de la esclavitud y le enseñó a luchar para que pudiera proteger esa libertad. Yo estaría más que medianamente dispuesto a permitir que Alera se hundiera, si hubiera crecido en las mismas circunstancias.
-Entonces le aconsejo que elija a otro -dijo Magnus.
Octavian negó con la cabeza.
-El Primera Lanza tiene razón, Magnus. Max y Crassus, entre ellos, tendre todos los artificios que cualquiera podría necesitar. Kitai es una de las mejores exploradores y rastreadores de la Legión. Confío en que será capaz de encontrar el camino de vuelta al barco aunque los canim le vendaran los ojos y la metieran en un saco de camino a visitar a su Maestro de Guerra. -Tamborileó un dedo contra el costado de su cabeza-. Lo que es más valioso para nosotros ahora, más que cualquier número de espadas o furias, es el conocimiento... todo el que podamos conseguir. Durias lo tiene. Nosotros lo necesitamos. Así que le necesitamos a él.
-¿Y qué te hace pensar que cooperará? -dijo Magnus.
Octavian sonrió.
-Le hice una buena llave una vez.
Maximus resopló.
-Sí. Su nariz tampoco volvió nunca a estar recta después de tu llave.
-Déjadmelo a mí -dijo el Princeps, con tono confiado-. Magnus, te importaría hacerle llegar un mensaje. Invítale a venir a verme en cuanto le convenga, por favor.
-Por supuesto, mi señor.
-Bien. Caballeros, si me perdonan, me gustaría hablar con el Primera Lanza un momento.
Los demás se levantaron y salieron del camarote, dejando a Marcus solo con el Princeps.
-¿Señor? -dijo Marcus, una vez estuvieron solos.
-Siéntate, por favor -dijo Octavian, señalando a la otra silla del camarote.
Marcus cogió la silla y así lo hizo, frunciendo el ceño.
-¿Está a punto de degradarme o algo así, señor?
La boca de Octavian dibujó una sonrisa abierta.
-Algo así. Magnus me dice que hiciste un trabajo excelente reuniendo información durante el viaje. Que te las arreglaste para echar un vistazo a varios mapas más... y que es contigo con quien contactaron los Cazadores cuando quisieron pasarnos información.
Marcus se encogió de hombros.
-El Sangre Verdadera es una nave muy grande, y su buque insignia. Cuanto más gente yendo y viniendo, cuando más tráfico, más actividad. Imagino que cualquiera podría haber hecho lo que yo.
-No obstante, fuiste tú quien lo hizo -dijo Octavian-. Fuiste más allá de lo que podría haberse esperado razonablemente de ti, Marcurs. -Cruzó los brazos y frunció el ceño-. Y estoy a punto de pedirte que vayas incluso más allá.
Marcus frunció el ceño y esperó.
-Voy a dejarte al mando de las Legiones -dijo Octavian.
Marcus alzó las cejas.
-¿Señor? No puede hacer eso.
-Y un cuervo que no puedo. Soy el Princeps de la maldita Alera y el comandante de esta espedición. Puedo establecer la cadena de mando que considere apropiada..
Marcus sacudió la cabeza.
-Señor, hay gran número de tribunos de la Primera que me superan en rango... y no estoy nada seguro de que al Capitán de la Libre Alerana vaya a gustarle la idea de que un centurión de la Primera Alerana le de órdenes.
-Tienes más experiencia de campo que otros dos tribunos de cualquier legión juntos -replicó el Princeps-. Y no hay muchos hombres vivos que sean miembros de la Casa de Valientes de la Corona. Incluso en la Libre Alerana, el nombre de Valiar Marcus es respetado.
Marcus frunció el ceño y bajó la vista a los nudillos con cicatrices de sus manos.
-Ya es más o menos un secreto a voces -continuó Octavian-, que Magnus no es en realidad un simple ayuda de cámara.
-¿Cursor? -preguntó Marcus, por pura formalidad. Valiar Marcus necesitaría confirmar una sospecha, después de todo. No estaría seguro al cien por cien.
El Princeps asintió.
-Mi abuelo le nombró mi consejero en cuestiones políticas. Tengo intención de que sus decisiones guíen la expedición en cuestiones diplomáticas mientras yo esté fuera. Tú tendrás la autoridad en seguridad o decisiones militares. Aunque en realidad, Marcus, espero que mantengas todo unido hasta que yo regrese.
Marcus exhaló lentamente.
-Entiendo, señor.
-Pronto me reuniré con los tribunos, y les haré saber como espero que funcionen las cosas en mi ausencia... y con los oficiales de la Libre Alerana, después de eso. Teniéndolo todo en consideración, creo que estarán lo bastante nerviosos por estar rodeados de canim hostiles que estarán dispuestos a cooperar, si son tratados con respeto.
-Romperé algunas cabezas para llegar a ese punto, señor -prometió Marcus.
-Bien -dijo Octavian, levantándose, y Marcus imitó su gesto.
-¿Señor? -preguntó Marcus-. ¿Puedo hacer una pregunta?
-Por supuesto.
-¿Realmente espera volver vivo de esta reunión con el Maestro de Guerra shuaran?
La cara del joven Princeps se convirtió en una máscara inexpresiva.
-¿No crees que vaya a reunirse conmigo de buena fe?
-Su Alteza -dijo Marcus-, por lo que he oído, hay un maldito idiota de la casta guerrera al cargo aquí.
-Sí -dijo el Princeps-. Es cierto.
Marcus hizo una mueca.
-Entonces están tramando algo.
-¿Por qué dices eso, Primera Lanza?
-Piense en ello. Si tienes un maldito puerto fortificado en toda tu costa, ¿dejarías a un incompetente a cargo de él? ¿O pondrías al mejor comandante que pudieras encontrar para esa posición?
Octavian frunció el ceño, arrugando la frente.
-No tiene ningún sentido -dijo Marcus-. Hay algún tipo de presión detrás de esto. Lo que me dice que este Maestro de Guerra no tiene el tipo de control que le gustaría tener. Si yo fuera usted, señor, querría saber por qué no. Podría ser importante.
-Tienes razón -dijo Octavian con voz queda-. No había pensado en ello en estos términos, pero tienes razón. Gracias.
Marcus asintió.
-Señor.
-Partiré dentro de dos horas -dijo Octavian-. En ese tiempo, quiero que me hagas una lista de cualquier cosa para la que creas que necesitarás mi aprobación. Haz una lista con cuestiones por separado, y las firmaré antes de irme.
-Sí, señor -dijo Marcus-. Buena suerte en su viaje, señor.
-Para ambos, Marcus. Aunque preferiría que ninguno de los dos la necesitara.

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Re:CODEX ALERA 5: LA FURIA DEL PRINCEPS, capítulo 15
« Respuesta #1 en: Octubre 06, 2017, 09:50:28 pm »
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Re:CODEX ALERA 5: LA FURIA DEL PRINCEPS, capítulo 15
« Respuesta #2 en: Octubre 08, 2017, 07:54:42 pm »
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