Autor Tema: CODEX ALERA 5: LA FURIA DEL PRINCEPS, capítulo 11. ¡¡Volvemos a empezar!!  (Leído 186 veces)

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Perdón. por el parón veraniego. En mi defensa diré que había mucho calor y tuve una ocupa adolescente en mi pc. No me ha dejado ni tocarlo.  36a. ¡Pero empiezan las clases!, ¡JA!

CAPÍTULO 11
El cane más cercano, un bruto particularmente musculoso, sacó y lanzó su hacha en el mismo movimiento bajo mano, un lanzamiento suave y profesional que propulsó el arma en un solo golpe antes de que el borde de la hoja afeitara la cara de Tavi.
Tavi había sacado ambas hojas cortas de sus fundas antes de que el hacha hubiera empezado a volar. En vez de amagar a un lado, rechazó el pesado lanzamiento hacia arriba y sobre su cabeza. Tuvo tiempo para el breve pensamiento de que un hombre más sensible, en ese punto, se lanzaría al bote y huiría como un loco hasta el Slive.
En vez de eso, pidió prestada velocidad al viento frío que rodeaba la ensenada de Molvar, y cuando el tiempo se ralentizó, se lanzó hacia Tarsh.
Los guerreros del muelle intentaron detenerle. Dos hachas más se lanzaron hacia él, girando con gracia. Tavi giró sobre el hombro apartándose del camino de un arma, aunque la hoja cortó un trozo perfectamente recto del ruedo de su capa. La otra la desvió con un barrido de su antebrazo armado. La sacudida del impacto le golpeó con suficiente fuerza para hacer que le temblaran los dientes, pero simplemente apretó la mandíbula y se movió.
El guerrero musculoso que había lanzado primero el arma se las arregló para colocarse delante de Tarsh, pero Tavi llegó a él antes de que pudiera colocar su arma secundaria en posición defensiva. Cuando se acercó, Tavi pudo sentir el extraño metal azul medianoche de la espada del guerrero, e instintivamente sintió un defecto en su manufactura, un punto débil a unas pulgadas de la cruz. Empujó alto, obligando al cane a levantar el arma para protegerse la garganta y la cara. Tavi atacó entonces con su otra arma, golpeando el pundo débil de la espada, destrozándola.
El cane se tambaleó cuando los trozos de acero voladores le cortaron la cara. Tavi dejó una cuchillada flageladora en uno de los muslos del guerrero... dolorosa, pero no mortal, obligándole a apoyar su peso sobre la otra pierna. Luego, con un solo y poderoso movimiento, reclamó a la tierra suficiente fuerza para barrer el pie de debajo del cane con su propia pierna, derribando al guerrero lobo.
El barrido probablemente salvó la vida del Cane. La espada de aspa de Tash se adelantó directo a por la garganta de Tavi, y habría atravesado el pulmón izquierdo del canim su todavía hubiera estado de pie.
Tavi no perdió el impulso, se dejó caer bajo el golpe, revertiendo su agarre sobre una hoja mientras lo hacía. Esquivó la espada del cane con el canto de la mano izquierda, mientras con la fuerza asistida por la furia, hundía la espada de su mano derecha como si fuera una espina a través de la pata de Tarsh y la clavó en la piedra del muelle.
Tarsh aulló de agonía y atacó a Tavi con su hoja. El golpe fue veloz y tan poderoso como el de cualquier artífice de tierra... pero ni de lejos tan hábil como Tavi habría esperado. Carecía del reflejo de respuesta instantánea que lo habría convertido en un contrataque mortífero, y pudo desviarlo con su gladius, luego se puso en pie y empujó la punta de su arma hacia arriba y hasta el suave lateral de la garganta de Tarsh.
-¡No os mováis! -bramó Varg, con una voz cuya cruda autoridad resonó en las piedras e hizo eco alrededor del muelle. Y así de rápidamente, el muelle se quedó inmóvil, los demás guerreros, uno en el mismo acto de echar hacia atrás el brazo para lanzar el arma, mantuvieron sus posiciones como congelados por un repentido vendaval ártico.
Tavi ya había dejado de moverse, incluso antes de que Varg hubiera hablado. La misma punta de su espada, no más de un cuarto de centímetro de acero, yacía enterrada en la garganta de Tarsh. Un diminuto riachuelo de sangre goteaba de ella y bajaba por el brillante acero del arma de Tavi. Tarsh estaba congelado, sin apenas atreverse a respirar. Su espada traqueteó al caer de su mano al muelle.
Sin apartar los ojos de Tarsh, Tavi dedicó a Varg un asentimiento de reconocimiento.
-Aprecio la cortesía.
-Por supuesto, gadara -gruñó Varg.
Las orejas de Tarsh se estremecieron de sorpresa y sus ojos se abrieron de par en par.
-Óyeme, líder de manada -dijo Tavi en voz baja... demasiado baja para que los guerreros canim lo oyeran, esperaba-. Varg me ha llamado gadara, y yo le he respondido del mismo modo. No permitiré que te aproveches de su sentido del honor para maltratarle y demospreciar su reputación. -Entrecerró los ojos-. Deseo que esté intacto cuando le mate. ¿Me entiendes?
Tarsh continuó conmocionado unos breves segundos. Luego sus labios se estremecieron en un lado del morro, dejando al descubierto brevemente los colmillos.
Tavi pateó el pie que su gladius sostenía pinchado a las piedras.
A Tarsh le llevó varios momento recuperar el aliento.
-He hecho una pregunta -dijo Tavi.
Tarsh desnudó los colmillos con ansiedad.
-Entiendo.
-Bien -dijo Tavi. Se agachó y liberó su gladius de la piedra y del desafortunado pie de Tarsh. Luego retiró la hoja de la garganta del cane de pelaje dorado y se alejó de Tarsh con dos pasos rápidos. Alzó la voz y dijo:
-Ahora. Recoge tu espada.
Tarsh se quedó mirándole en blanco durante un segundo.
-¿Has perdido la audición junto con la oreja, Tarsh? -preguntó Tavi agrio-. Recoge tu espada.
El cane dejó escapar un gruñido y agarró con desgana su arma... con cuidado, notó Tavi, de evitar sostener el peso sobre el pie herido.
-Por respeto a Lararl, que tiene el respeto de Varg, no te he matado enseguida -dijo Tavi-. En vez de eso, te doy elección. Compórtate honorablemente con Varg, como sabes que querría Lararl que hicieras... o enfréntate a mí, aquí y ahora, delante de todos, a muerte. Y después de que te haya matado, daré a tu segundo la misma elección.
Los ojos de Tarsh relucieron.
-¿Qué te hace pensar que vales tanto como para atraer mi atención, escoria alerana?
Tavi movió sus espadas en una invitación burlona.
-Soy del tamaño de uno de vuestros cachorros, Tarsh. Tú tienes el doble de mi alcance, tres veces mi peso, varias veces mi fuerza, estás luchando en tu tierra y con todos tus hombres alrededor. Excepto por ese agujerito en la pierna, tienes absolutamente todas las ventajas. Seguramente sólo un cobarde de proporciones legendarias tendría miedo de luchar conmigo.
De las filas de guerreros canim llevó un buen número de toses... la aproximación canim a las risitas aleranas, o así lo juzgó Tavi. El sonido más alto llegó del cane herido del suelo... al que Tavi había puesto allí.
Los ojos de Tarsh recorrieron adelante y atrás las filas de sus hombres, y sus orejas se aplastaron ligeramente contra el cráneo.
Tavi podía seguir su línea de pensamiento con bastante facilidad. Hacía un momento, Tarsh podría haber ordenado a sus hombres que despacharan a Tavi como les diría que mataran a cualquier animal. Sin embargo, ahora, la situación había cambiado. Vargh había reconocido a Tavi como gadara, un enemigo respetado, una palabras más apreciada que "amigo" entre los guerreros lobo. Más aún, Tavi había emitido un desafío directo y personal, cambiando la situación de un asalto en grupo a una cuestión de dominación y fuerza personal. Y, más imporante, Tavi había demostrado las virtudes más incuestionablemente valoradas por los guerreros canim... coraje, confianza, y sobre todo, competencia en las artes violentas.
-Piensa con cuidado, Tarsh -gruñó Varg, con diversión indiscutible en la voz-. Yo lo haría, antes de batirme con este alerano. -Se giró hacia los guerreros armados-. ¿Quién es el segundo líder de manada?
El cane herido y musculoso del suelo inclinó la cabeza ligeramente a un lado.
-Yo sirvo en esa posición, Maestro de Guerra Varg.
Las fosas nasales de Varg ondearon.
-Eres del linaje de los Rocas Rojas.
-Anag -dijo el cane, meneando las orejas en gesto afirmativo-. Matasme a mi abuelo, Torang el Fen Aguasnegras.
-Torang Dos-Espadas, ese viejo bastardo traicionero -dijo Varg, abriendo las mandíbulas en una sonrisa. Gesticuló con una pata-mano hacia una línea de pelos blancos entre el pelaje negro a lo largo de su garganta-. Él me hizo esta cicatriz. -Gesticuló hacia su pecho y estómago-. Y dos más, aquí y aquí. Estuve con los sanadores durante una luna entera después de luchar con él, y su manada detuvo en seco nuestro avance.
Anag inclinó la cabeza ligeramente con orgullo.
-Cuando yo era joven, él hablaba bien de ti, Maestro de Guerra. Murió en buena compañía.
Varg se giró hacia Tarsh.
-Lucha con el alerano, Tarsh. Preferiría tratar con un auténtico cane que contigo.
El enorme pecho de Tars burbujeó con un gruñido, pero no cruzó la mirada con Varg ni mostró ningún diente.
-Maestro de Guerra -dijo después de un momento, manteniendo los gruñidos lejos de sus palabras-. Haré los arreglos para tu gente.
-Y para los aleranos -dijo Varg-. Yo hablaré con Lararl respecto a ellos. Hasta entonces, espero el mismo tratamiento para Tavar y su gente que el que me deis a mí.
Tash dirigió a Tavi una mirada de puro odio, pero dijo:
-Así se hará. -Se giró y se alejó, haciendo una pausa sólo para erguirse sobre el herido Anag y decir-: Ocúpate de ello. -Luego se marchó del muelle y se internó en la oscuridad de la ciudad.
Tavi se acercó a Varg, y preguntó, en voz baja:
-¿Tavar?
-Si debes estar aquí, necesitas un nombre apropiado -dijo el cane con un encogimiento de hombros... un gesto que compartían ambas razas-. Se parece al tuyo, y tiene un significado apropiado.
Tavi inclinó la cabeza, deseando que continuara, pero Varg sólo separó las mandíbulas en una pequeña sonrisa, luego asintió hacia Anag.
-Tal vez esto sea una oportunidad.
Tavi miró al cane herido, luego asintió hacia Varg y volvió a caminar de vuelta al bote. Maximus, con la cara algo ruborizada, dijo:
-Malditos cuervos, Calderon. Eso estuvo cerca. -Lanzó a Tavi un trapo.
Tavi lo cogió e inmediatamente empezó a limpiar la sangre de sus espadas.
-Tenemos suerte de que Varg esté de nuestro lado.
-¿De nuestro lado? -exigió Max, apenas manteniendo la voz baja-. Acaba de empujarte a una posición en la que tuviste que luchar con veinte canim y tomar a su líder prisionero para evitar que te cortaran en tiras.
-Funcionó -dijo Tavi con calma, enfundando cada arma tras terminar de limpiarla-. Vamos. Quiero que sanes a Anag.
-Quieres que sane al canim que intentó matarte -dijo Max.
-El que llegó más cerca, en realidad -replicó Tavi-. No debería costar demasiado. Tuve cuidado de no golpear nada delicado. Sólo detén la hemorragia y vuelve a ponerlo en pie para que pueda ocuparse de los arreglos para la flota.
Max suspiró y empezó a salir del bote.
-Me alegro de que Magnus no esté aquí. -Ganó el muelle y dijo-: Sabes, Tavi, se me ocurre que esto podría no funcionar.
-¿El que?
-Los artificios -dijo Max.
-Acabas de traer el bote hasta aquí -contestó Tavi.
-A través del mar -dijo Max-. El mismo mar que toca las costas de Alera. Pero si ponemos a este cane en una tuba de agua local, no tengo ni idea de si funcionará. Puede que aquí ni siquiera haya furias en absoluto.
-Yo no tuve ningún problema con el artificio de metal y un poco de viento, ahora mismo.
-Metal de una espada alerana -dijo Max-. Viento del mismo aire que toca Alera.
-Acabo de utilizar un poco de artificio de tierra también -dijo Tavi-. No me digas que estas piedras son rocas aleranas.
Max frunció el ceño.
-Eso no... todo el mundo con el que he hablado, cada papel que he leído alguna vez sobre el tema dice que... Tavi, no debería funcionar así.
-¿Por qué no?
-Porque -dijo Max-. Nadie cree que deba ser así. Y leí sobre ello antes de partir, créeme.
-¿Qué pasa con lo de conseguir lo imposible a través de la ignorancia?
Max hizo una mueca.
-Suspendí mi política habitual con este tema. Quería... ya sabes. Asegurarme de que si lo necesitabas... que sería capaz de...
-¿Protegerme?
-Yo no he dicho eso -dijo Max rápidamente.
-Max, mi padre estaba en pleno control de sus artificios. Según todos los informes, era casi tan fuerte como el propio Primer Señor... incluso sin heredar las furias de Gaius. Y alguien le asesinó. -Tavi negó con la cabezas-. No voy a enfadarme con mis amigos por querer asegurarse de que no me pase nada.
Max asintió, aunque su expresión era indudablemente de alivio.
-Me alegro de que no te pongas tonto con eso.
-Por suerte, fui lo bastante tonto para no saber que los artificios no deberían ser posible aquí, cuando claramente lo hace -dijo Tavi-. Ahora, como tu Princeps y capitán, te ordeno olvidar esas tonterías que leiste y sanar a Anag para que él pueda conducir a nuestra gente a salvo hasta la costa.
-Ya lo he olvidado, Su Alteza Real -pronunció lentamente, golpeándose el puño contra el pecho armado en un saludo.
Tavi asintió, y los dos avanzaron, reuniéndose con Varg, que estaba agachado sobre las ancas, hablando en voz baja con el herido Anag.
-Menudo desastre -dijo Max, en canim. El gran antillano se agachó a inspeccionar las heridas de Anag. Max había aprendido palabrotas de Gradash, y era bueno con ellas-. ¿Tenías que cortarle el maldito muslo hasta el hueso? Mira, cortaste justo a través de su armadura, y el maldito borde estaba lo bastante caliente para cerrar parcialmente la herida, o habría sido pasto de los gusanos a estas alturas.
Uno de los otros guerreros canim se había acercado protectoramente por detrás de Anag y tenía una pata-mano sobre el mango de su hacha. Soltó un gruñido gutural hacia Max.
-No saques esa maldita hacha, maldita bola de pelo -gruñó Max en respuesta, sin siquiera levantar la mirada-. A menos que hayas decidido que quieres comértela. -Miró a Anag-. Soy sanador. Tengo que detener la hemorragia antes de que te movamos a una tuba y reparemos el muslo. Así que necesito tocarte la pierna. ¿Te parece bien?
Anag miró con firmeza a Max, con ojos cautelosos.
-Su hechicería no es como la nuestra -gruñó Varg-. Ya me ha salvado la vida una vez. No reclamaron mi sangre después.
Anag miró a Varg, luego a Tavi, y asintió hacia Max.
Max posó la mano sobre la pierna del cane empapada de sangre y cerró los ojos. Hubo un sonido ondeante, algo como nudillos chasqueados en rápida sucesión. Anag dejó escapar un gruñido corto y sorprendido. Luego Max exhaló y apartó la mano. La herida abierta estaba cerrada, el músculo ya no era visible bajo ella, y no caía sangre fresca sobre las piedras del muelle.
Eso arrancó una ronda de murmullos sorprendidos a los canim, junto con una gran cantidad de interés. Veinte de los enormes guerreros lobo se apiñaron alrededor, estremeciendo las narices y olisqueando mientras examinaban la herida, y luego a Max. No había hostilidad abierta en ellos, pero simplemente estar en medio de una multitud de guerreros canim de dos metros y medio de alto armados, chasqueando la lengua, era más que inquietante, hasta sin un arma desnuda a la vista.
-Está cerrada -dijo Max, respirando un poco pesadamente por el esfuerzo del artificio-, pero se abrirá de nuevo si intentas usarla. Si conseguimos sumergir la herida en una bañera de agua limpia, para que toda la extremidad herida esté bajo la superficie, puedo reparar el músculo, y debería estar como nuevo para cuando despiertes por la mañana.
La declaración provocó otra ronda de murmullos interesados, y en un momento, dos de los guerreros habían encontrado un barreño, lo habían llenado con agua fresca, y depositado sin ceremonias a su comandante en ella.
Tavi había tenido razón en su valoración sobre la herida. Había incapacitado al cane por el dolor y el daño debilitador sobre el músculo especializado, sin destruir tendones o cortar vasos sanguíneos principales. El artificio utilizado para reparar semejantes daños no era precisamente fácil, pero era bastante simple y directo, y Antillar Maximus sobresalía en tales tareas. En momentos, retiró la mano del agua y canturreó lo que cantaban todos los sanadores de la Legión enfrascados con un legionario en una herida comparativamente menor.
-Hecho. Tendrás hambre y cansancio esta noche. Es normal. Come bastante carne, bebe bastante líquido, duerme tanto como puedas.
Los canim empezaron a ayudar a Anag a salir del barreño, pero él los despachó con un gesto y se levantó por sí mismo. Saltó al muelle y aterrizó sobre la pierna que había estado herida, apoyando en ella la mayor parte de su peso. Dejó escapar un pequeño gruñido de incomodidad... Tavi sabía por experiencia que la pierna dolería como el demonio durante una hora o así... pero era capaz de utilizarla.
Los guerreros canim observaron con las orejas hacia delante y los ojos brillantes mientras Anag practicaba un par de secuencias de juegos de piernas de prácticas de espada, incluyendo una estocada larga, ejecutada suavemente. Ellos agitaron las orejas hacia atrás en reconocimiento. Era algo que estaba en la línea de las hurras y aplausos para la tropa alerana.
Anag se aproximó a Tavi y desnudó la garganta. Tavi imitó el gesto, pero un poco menos profundo.
-El uso de las habilidades de tu sanador es apreciado -gruñó Anag.
-Es un guerrero, y no un auténtico sanador -contestó Tavi-. Mis sanadores se sentirían bastante insultados por la comparación.
-No pretendía ofender -dijo Anag, tal vez un poco más rápido de lo que podría haber sido.
-No se ha percibido -replicó Tavi-. Como fui el responsable de tus heridas, me pareció adecuado restaurarte.
Anag inclinó la cabeza, con ojos escrutadores.
-Eres responsable de perdonarme la vida cuando podrías haberme matado. No me debías nada.
-Estabas cumpliendo con tu deber, protegiendo a tu líder de manada... incluso a uno como él -replicó Tavi-. No insultaré a Lararl privándole del servicio de un guerrero valioso, aunque sea temporalmente, cuando cuento con los medios para hacer las cosas de otro modo.
Anag asintió, luego desnudó la garganta otra vez, un poco más profundamente.
-Me ocuparé de acomodar a tu gente también, Tavar de Alera. Tienes mi palabra.
-Se aprecia -dijo Tavi con gravedad-. Y te doy la mía de que mi gente se comportarán pacíficamente y no levantarán un arma salvo para defenderse de un ataque.
-Se aprecia -replicó Anag-. Tus armas, por favor.
Tavi arqueó una ceja.
Varg le miró fijamente, luego sacó con suavidad su espada y se la pasó a Anag, con la empuñadura por delante.
Tavi entendía que la rendición de armas tenía múltiples niveles de significado para los canim, pero no estaba seguo del alcance de este gesto en particular. Aún así, no iba a poner en peligro la buena voluntad de sus anfitriones de concederles refugio, no con los barcos todavía en el mar y con mal tiempo de camino, así que dejó caer ambos tahalís de sus hombros y pasó las espadas con las empuñaduras por dejante.
-¿Por qué?
-Hemos pedido protección y refugio a Laralr, un Maestro de Guerra de Shuar -dijo Varg-. El líder de manada local la ha concedido, provisionalmente. Ahora debemos ir y hablar con Laral, y él decidirá nuestro destino.
Eso sonaba bastante amenazador.
-¿Lo que significa? -preguntó Tavi.
Varg parpadeó hacia Tavi como si este hubiera hecho una pregunta bastante estúpida.
-Significa que nos hemos rendido al enemigo, alerano. Eres un prisionero de guerra.

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Re:CODEX ALERA 5: LA FURIA DEL PRINCEPS, capítulo 11. ¡¡Volvemos a empezar!!
« Respuesta #1 en: Septiembre 05, 2017, 09:04:09 pm »
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Re:CODEX ALERA 5: LA FURIA DEL PRINCEPS, capítulo 11. ¡¡Volvemos a empezar!!
« Respuesta #2 en: Septiembre 07, 2017, 07:32:28 pm »
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