Autor Tema: LA SANGRE DEL DRAGÓN, capítulo 2 parte 3  (Leído 440 veces)

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LA SANGRE DEL DRAGÓN, capítulo 2 parte 3
« en: Octubre 12, 2015, 08:26:22 pm »
Tan pronto como nos alejamos de la granja, mi hermano acercó su caballo al mío y dijo:
-¿Qué está haciendo Tisala aquí?
Oreg soltó un resoplido de risa.
-¿Por qué terminan todos los desamparados en la puerta de Ward?
-No sé -dije. ¿Había estado ella huyendo hacia mí? Me habría parecido improbable esta mañana... Hacía mucho que no la veía y sólo la había conocido brevemente. Ni siquiera había creía causarle mucha impresión... y entonces tenía diecinueve años y estaba pagado de mí mismo, mientras ella había sido la mano derecha de su padre desde hacía varios años. Más aún, yo no tenía nada de extraordinario... bueno, excepto por mi tamaño... mientras ella era la única mujer guerrera que yo conocía aparte de mi tía Stala, que me servía como maestra de armas. Volví a bajar la mirada hacia ella. Innegablemente estaba aquí. Había huído de quien fuera que le había hecho daño, y había acudido a mí. Recordaba haber oído que había sido repudiada por su padre. Me molestaba que al único al que había podido recurrir fuera a alguien al que había conocido durante unos días hacía varios años.
-Me gustaría saber cómo llegó a estas condiciones -dije.
-¿Los mercenarios? -supuso Oreg, que se había acercado por mi izquierda. Pero negó con la cabeza casi al instante-. Se los habría hecho pedazos mucho antes de que pudieran traerla hasta aquí.
-Su padre, Haverness, la desheredó por mezclarse con una panda de disidentes en Estian el año pasado, ¿no? -pensó en voz alta Tosten-. ¿Gente que quería a su medio hermano Alizon en el tono en vez de Jakoven?
El nombre del Rey Jakoven me hizo hacer una pausa. Si había sido Jakoven, entonces Tisala desde luego tenía razones para venir aquí. No había muchos nobles que siguieran siendo lo bastante poderosos para oponerse al Alto Rey de los Cinco Reinos, pero mi familia lo era. Hurog era una propiedad antigua y tenía más poder del que su falta de riqueza debería proporcionar. Los shaving tenían buena memoria, y Hurog había gobernado shavig en los días anteriores a que los Tallven hubieran eliminado a la competencia.
-Yo no lo descartaría -dije-. Eso explicaría por qué huyó hasta aquí, en vez de con su padre o uno de sus coconspiradores.
-Nosotros la mantendremos a salvo -dijo Tosten, con la mandíbula tensa. Mi familia tardaría mucho tiempo en olvidar que el rey había matado a mi primo durante uno de sus juegos políticos. Tisala había escogido sabiamente, nadie la traicionaría aquí.
No podía estar seguro de si había sido Jakoven, no hasta que despertara; pero tenía un plan.
-Oreg, ¿te adelantarías y harías que mi tía supiera lo que ha ocurrido aquí? Sé discreto, pero asegúrate de que entiende que pronto podríamos tener aquí tropas reales.
-Claro -dijo.
Esperé hasta que puso a su caballo a la carrera y desapareció de vista antes de volverme hacia mi hermano.
-Tú eres mi herededo. Si el rey averigua que doy refugio a un enemigo, probablemente me declare traidor. Me gustaría que acudieras a nuestro tío y le explicaras lo que está pasando.
Me dedicó una media sonrisa.
-Ya no tienes derecho a protegerme, Ward. Soy mayor que tú cuando te ocupaste de Kariarn de Vorsag. Puedes dejar de echarme esa mirada... Stala lo hace mejor. Si es necesario para asegurar que Hurog permanece en manos Hurog, me iré. Pero es altamente improbable que Tisala los haya conducido hasta aquí, y no hay ninguna razón para que el rey piense que iba a venir. No la he visto más de una docena de veces en los últimos cuatro años. Ya que te mantienes lejos de la corte, dudo que tú la hayas visto en absoluto.
Sólo en mis sueños, pensé. Puede que no creyera haberle causado mucha impresión, pero lo contrario no era cierto.
-Me sentiría mejor si estuvieras en Iftahar con Duraugh.
-Que lástima me das -masculló. No creo que quisiera que yo lo oyera. Se aclaró la garganta-. Siempre me gustó Tisala... Madre me arruinó para las mujeres delicadas.

*****

Tendí a Tislaa bocabajo sobre la mesa de la biblioteca porque era una de las pocas habitaciones terminadas de la propiedad que tenía una ventana que dejaba entrar la luz. Tosten había mascullado algo sobre ser útil en algún otro lado, había girado sobre sus talones, y se había marchado. Rara vez se quedaba en la habitación mientras Oreg hacía magia.
Le corté la ropa y tiré para sacarla de debajo hasta que yació desnuda. Su espalda tenía marcas de latigazos tan regulares que no había más de un pulgar de piel intacta en toda su espalda. Algunos hasta habían sanado, pero en muchos lugares las cicatrices se habían abierto y brotaba fluído claro. Oí una inhalación aguda detrás de mí. Giré la cabeza y vi a Oreg con la vista fija en la espalda. Luego empezó a pasearse con rapidez y a frotarse las manos, normalmente esto no era una buena señal.
Me senté en un banco esperando a que mi propia tranquilidad le hiciera calmarse.
-Oreg -dije para captar su atención. Algunas veces Oreg tenía visiones vívidas que podian angustiarle hasta hacerle perder la realidad. Los soldados las tenían, destellos de batallas pasadas, por un momento más reales que el presente... pero Oreg podía hacer que las visiones fueran reales. Nunca había visto a nadie más que a Oreg resultar herido por ellas, pero asustaban de todos modos-. Tisala te necesita.
Me miró fijamente, respirando con dificultad, apartó la vista un momento, y luego me dedicó una sonrisa cansada.
-Cierto.
Empezamos catalogando el daño. No fue placentera, esa media hora, y me alegré más de una vez de que Tisala estuviera inconsciente, a la vez por su dignidad y por su dolor. Lo peor era su mano izquierda... el daño inicial, que era considerable, estaba combinado con una infección. Un exámen más detallado de las cicatrices rotas de su espalda reveló que estaban cubiertas de pus. Tenía magulladoras alrededor de las caderas y los muslos internos; había sido violada. Oreg gruñó y masculló mientras continuaba examinándola cuidadosamente. Sus pies estaban hechos un desastre. Oreg dijo finalmente que era de caminar hasta tan lejos con zapatos que no se le ajustaban bien en vez de por el cuchillo de un torturador.
Le bajó el pie y se volvió hacia la mesita que contenía varias hierbas y sales, agua caliente, y vendajes.
-¿Crees que Jakoven hizo esto? -Con una pasada de la mano señaló el estado de Tisala.
Asentí con la cabeza.
-No se me ocurre ninguna otra razón por la que huyera hasta aquí.
-Ella te gusta. -Oreg utilizó un cuchillo limpio para abrir un de los puntos pútridos en la espalda de Tisala, limpiando el fluído que escapaba con una tela húmeda limpia.
-Muy cierto -coincidí-. Pero no la había visto desde que estuve en Oranstone la última vez.
Ya antes había ayudado a Oreg a curar, y trabajábamos en equipo. La mayor parte de las veces eran cosas ordinarias, limpiar las heridas, cubrirlas con mezclas de sales y polvos que Oreg hoarden, luego vendar.
Pero su mano izquierda estaba hinchada hasta el doble de su tamaño normal y era la fuente del olor pútrido. Primero la empapó con agua de mar caliente. Tisala debía ser realmente dura, porque ni siquiera protestó. Cuando Oreg hubo acabado, la empapó de alcohol, y de nuevo no hubo ninguna reacción. Le volvió a reexaminar la mano ahora limpia.
La curación era la más difícil de todas las magia porque el mago debía saber mucho sobre el cuerpo al igual que sobre su magia. E incluso una pequeña curación requería tanto poder que la mayoría de los magos sólo podían soñar con ella. En poder yo era igual a muchos y mejor que la mayoría, con semejante capacidad y lo que los cuatro años de enseñanzas de Oreg podían suponer, ni siquiera habría sabido por donde empezar para salvar el amasijo que quedaba de la mano izquierda de Tisala.
-Podría perder el cuarto dedo de cualquier forma -comentó Oreg, sacudiendo la cabeza-. Hay demasiada carne muerta.
-Lucha con la mano derecha -dije-. ¿Sería mejor cortar ahora?
Oreg frunció el ceño y le giró la mano de un lado a otro.
-Siempre he odiado cortar algo que no puedo volver a poner. Déjame intentar curar esto. Si no funciona, tendremos bastante tiempo de cortar después.
Le bajó la mano y acercó un taburete de tres patas a la mesa. Cuando estuvo cómodo, le volvió a coger la mano y vertió magia en ella.
Oreg había sido parte de Hurog desde que había un Hurog del que formar parte, y yo era un Hurog de nacimiento sensible a las magias imbuidas en la tierra y en él. Cuando Oreg hacía magia a mi alrededor, lo sentía como algo erótico... como una mano tocándome íntimamente. Era perturbador, pero me libré de la sensación incómoda con la facilidad de la larga práctica.
Hacer magia es un arte, y Oreg era muy, muy bueno en su arte. Su toque era concentrado y poderoso, extrañamente hermoso de observar. Cuando su poder empezó a flaquear, descansé mis manos sobre sus hombros y le dí lo que podía del mío, mientras todo el rato observaba lo que le estaba haciendo a la mano de Tisala.
La carne volvió a recuperar la piel y ardió con una brillante llama púrpura, dejando detrás un rosa saludable. Oreg dejó otros trozos de carne que no parecían más sanos que la carne que había destruído.. debía ver cosas que yo no veía.
Cuando terminó al fin, la mano parecía más hinchada y magullada que cuando habíamos empezado. Coloqué a Oreg a descansar sobre el banco acolchado que había contra la pared, luego volví a a Tisala con trapos limpios.
-No vendes la mano -dijo Oreg-. El aire ayudará a la curación, y no hay que hacer mucho más durante unos pocos días aparte de mantenerla seca.
Miré las heridas que no habíamos curado aún.
-Creo que tiene una costilla astilalda o rota -repliqué-. ¿Le vendo las costillas, o eso hará daño a su espalda?
Oreg se levantó del banco, y se movió como un hombre viejo, viejo, al acercarse para examinar el lugar que le mostraba.
-Magullada -gruñó, volviendo a derrumbarse en el banco-. No la vendes.
Dejé a Oreg, pálido y durmiéndose, en la biblioteca y llevé en brazos a Tisala a mi propia habitación para que descansara. Parecía extrañamente frágil en la cama construída para mí, pensé, sonriendo porque ella se habría reido y si hubiera oído que alguien la tildaba de frágil.

*****

Un hombre de mediana edad con sudor del fuego recubriendo su cabeza calva levantó la vista cuando entré en la forja y asintió hacia mí antes de volver la mirada a la barra a la que había estado dando forma.
-Buenos días, Hurogmeten -dijo-. ¿Qué puedo hacer por ti?
-Bisagras -dije-. Y un rastrillo a juego con la puerta que no tenemos. Barrotes para todas las ventanas. Mil hojas y los guerreros para usarlas.
El armero me dedicó una breve sonrisa.
-Lo acostumbrado, entonces. -Daba forma al hierro con la misma veloz habilidad que mostraba con el acero. Era una auténtica concesion por su parte acceder a dar forma al hierro con el herrero. La herrería estaba un paso por debajo del trabajo que solía hacer.
-Stala dijo que podríamos tener una visita real pronto -dijo una voz queda a mi espalda.
Me di la vuelta para ver al herrero poniendo herraduras a un caballo. Era un poco más joven que el armero, con largo pelo rubio que se recogía hacia atrás para mantenerlo apartado de los ojos.
-Puede -coincidí-. Pero no habrá pelea si yo puedo evitarlo. Por una razón, la entrada del muro exterior se vendría abajo al primer indicio de un ariete. Estarán buscando a la mujer que trajimos hoy, el es truco es no dejarles saber que está aquí.
El herrero bajó la pata del caballo y tiró la herradura vieja al barreño.
-He oído que se ha conseguido otro desamparado. -Sonrió abiertamente. Al contrario que el armero, a él le gustaba charlar mientras trabajaba.
-Dificilmente se la puede considerar desamparada -dije, luego lo consideré-. Bueno, necesita un poco de ayuda... pero no se quedará.
-Ya tenemos la mayoría de los barrotes de las ventanas -dijo-, y pernos y corchetes para las puertas del interior de la fortaleza. Las bisagras también, ya que estamos... pero no hemos comenzado con las bisagras del portón aún. Por ahora vamos adelantados con tachas y sujeciones de varios tipos, pero el carpintero envió a su chico hoy a comprobar como íbamos... así que imagino que volveremos a hacer tachas otra vez en un futuro próximo.
El calor de la forja era agradable en el aire fresco, así que me quedé a charlar un rato, ayudando con la fragua y valdeando agua del pozo.
El estado de Tisala me había dejado melancólico, y el trabajo era bueno para disiparlo. Cuando abandoné la calidez de la forga, bajé al muro exterior y toqué el bloque de granito recién tallado y aún áspero para recordarme a mí mismo lo mucho que habíamos logrado desde que Hurog había caído.
Las paredes del muro exterior habían sido lo primero que habíamos reconstruído después de la caída de Hurog. Y menos mal, además... entre la muerte de mi padre y la invasión de los vorsag, los bandidos de cientos de millas a la redonda habían venido a comprobar si Hurog estaba maduro para ser cosechado. La Guardia Azul, bajo la dirección de mi tía, los había rechazado... pero de no haber habido muro exterior tras el que ocultar a la gente, los banditos se habrían cebado con los granjeros que trabajaban la tierra.
El muro era tan alto y tan sólido como el que había soportando tantos siglos de clima shaving. En la parte de abajo era de casi cinco metros de ancho, con buenos bloques de piedra por fuera, y lleno de escombros (de los que había más que suficiente). En lo alto se estrechaba a unos dos metros, pero aún así seguía siendo lo bastante amplio para permitir caminar a los guardias. Era una buena pared, aunque tuviera un aspecto raro con las piedras de granito superando en número a las de piedra negra.
En el interior del muro, el patio estaba extrañamente yermo ahora que la amalgama de pequeños edificios que mis ancestros habían añadido habían desaparedido. Había hecho falta un montón de trabajo para nivelar el patio, dado que la colina terrosa sobre la que se había asentado la fortaleza se había reacomodado después de que algunas de las cavernas que tenía debajo se hubieran derrumbado.
El nuevo cuartel de la guardia se habían construído contra el muro cerca de una de las seis torres, y era el único edificio de piedra del patio excepto por la forja. El cuartel un edificio pulcro, rectangular que ocupaba algo más de la mitad del espacio que su predecesor,  con dos veces más de espacio útil. Había establos en el patio para unos cuantos animales, pero la mayoría de los caballos estaban fuera, entre el muro interior y donde había estado una vez la muralla.
Suspiré, pensando en la muralla, y decidí continuar trabajando en el suelo del salón principal... algo que podría estar terminado antes de que muriera de viejo. Tosten estaba trabajando sólo en el suelo y me uní a él. Alicatar era un trabajo pesado y sucio, el limo de la lechada encontraba su doloroso camino hasta cada pequeño corte en las manos.
-¿Por qué reconstruyes Hurog tan grande? -preguntó Tosten, colocando un azulejo en el patrón que habíamos decidido seguir-. Ya no es necesario que sea tan grande. Hurog no es rico y esto parece pretencioso. Podríamos haber tenido un salón de la mitad de este tamaño, dos pisos en vez de tres, y la mitad de los dormitorios.
Podría haber discutido. Sólo parecía grande porque él, yo y Oreg éramos los únicos Hurog que quedaban para vivir en él. Mi hermana, Ciarra, se había casado con nuestro primo Beckram y vivía en Iftahar, la propiedad de mi tío. El castillo de Iftahar resonaba con el sonido de niños y parecía mucho más pequeño de lo que era en realidad. Dije:
-Hay pocos gastos... el granito es nuestro y sólo hay que extraerlo. Ya que pago a la guardia de todos modos, bien pueden hacer algo a cambio.
Tosten resopló de risa.
-Me gustaría oir como le dices eso a Stala.
Abrí los ojos de par en par y mosté una expresión atontada en la cara.
-¿Te parezco estúpido?
-Nadie -dijo, colocando un azulejo contra la lechada que había extendido-, es tan estúpido.
Me reí y recorrí la fortaleza con la mirada.
-No es tan grande, podrían meter nuestra propiedad en el palacio del rey en Estian una docena de veces. El comercio con los enanos no es mucho aún, pero Axiel me dice que la misteriosa enfermedad que ha afligido a su gente se ha acabado. Ahora hay niños enanos, después de tantos años, así que pronto tendrán más tiempo que malgastar en hacer bienes lujosos con los que comercial.
Tosten asintió.
-Me alegro por él. No hemos hablado desde que vino el invierno pasado y ayudó a terminar tu habitación.
-Tampoco yo -dije-, pero Oreg le visita de vez en cuando.
-¿Cómo está Tisala?
-Lo único que aún nos preocupa es su mano izquierda, pero vivirá aunque Oreg no se la pueda salvar.
Volvió a asentir y devolvió su atención al suelo. Después de un rato empezó a canturrear una balada. Cuando empezó a cantar, yo también me uní. Después de un rato empezamos a atraer a un grupo de niños, así que la exageramos un poco.
Tosten encontró una canción con papeles masculino y femenino. Él dio al hombre una voz alta y chillona, y yo canté a la mujer en un tono bajo. Entretuvimos a los niños y trabajamos en el suelo hasta la hora de cenar. Incluso Tosten estaba ronco, pero la cocinera nos trajo sidra caliente y le besó en la mejilla agradecida por que hubiera mantenido a los niños a raya mientras sus madres cocinaban y limpiaban.