Autor Tema: HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2  (Leído 1262 veces)

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HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« en: Marzo 22, 2015, 11:39:08 pm »
CAPÍTULO 2
Wardwick

Echaba de menos a mi padre. Seguía mirando sobre mi hombro buscándole, aunque estaba con toda seguridad enterrado.
El mozo que sacó a rastras al caballo de mi padre del establo no parecía muy feliz de hacerlo, pero tampoco lo parecía el caballo.
-Volvió corriendo algún tiempo antes de que la partida de caza volviera, mi señor -dijo el jefe de cuadras de mi padre, Penrod. Era una de las importaciones de mi madre, un habitante de las tierras bajas tallvesnisno. Había montado con la Guardia Azul cuando mi padre había luchado en las batallas del rey, la mayor parte ocurridas hacía dos décadas, antes de acabar como jefe de cuadras cuando el antiguo murió. Al contrario que mucho de los nobles de alto rango, Penrod siempre me había tratado con la misma deferencia que utilizaba con mi padre.
-Todavía estamos intentando limpiar la sangre de la silla del Hurogmeten -dijo-. Espero que sea su olor lo que mantiene a Stygian tan irritado.
Con la atención centrada en el ruidoso y luchador garañón, esperé, con Ciarra como una pequeña sombra observadora a mi lado. Podía ver por su cara que Penrod quería decir algo.
-Es demasiado bueno para matarlo, mi señor -dijo al fin-. Su progenitor era bueno, y murió prematuramente, mientras vuestro padre lo utilizaba para cazar bandidos. Sólo tenemos a dos de su simiente, y uno de ellos fue castrado antes de comprender la calidad de estos animales. El Hurorgmeten... -dudó, tal vez recordando que ahora yo era el Hurogmeten, al menos en título-. Vuestro padre no quería cruzarle aún, porque eso le haría más difícil de manejar de lo que ya es. Así que si lo mata... -Su voz tomó el tono de súplica apasionada de un artista contemplando la destrucción de su trabajo más fino.
-¿Matarle? -pregunté, como si sólo ahora le oyera-. ¿Por qué iba a hacer semejante estupidez? -me reía por dentro mientras Penrod luchaba con su lengua y ganaba.
-Desde luego no lo sé, mi señor. Pero su tío... pasó por aquí hace sólo unos minutos. Pensaba que sería lo mejor.
Y se lo sugirió a Penrod, con la esperanza de que el hombre pudiera persuadirme. Desde luego cualquier otro jefe de establo habría odiado tener a semejante monstruo impredecible a su cuidado. Pero mi tío había juzgado mal a este hombre. Penrod era un experto en caballos y un cuidador lo bastante bueno para ver que gran parte de la locura de Stygian era responsabilidad del hombre. Le habría roto el corazón matar al garañón.
Negué con la cabeza, despachando a mi tío.
-No.
Mi padre había sido un jinete sin visión. Podía coger el peor caballo y conseguir que hiciera todo lo que él quería. Prefería montarlos hasta que les machacaba el espíritu hasta que disminuyeran a algo que un hombre pudiera manejar. Una vez hecho, buscaba otra montura, o al menos así había sido hasta que montó a Stygian. El garañón había luchado con él durante cuatro años, emergiendo, hoy, como el ganador final.
Tres mozos que maldecían suavemente luchaban por mantener al animal inmóvil para mi inspección. Era una batalla, a pesar del cabestro que tenían sobre él. El objetivo del cabestro era controlar a un garañón entusiasta, tenía botones romos de metal en lugares que infringirían dolor cuando el caballo tirara contra él. Una cadena alrededor del morro podía dejarle sin respiración y le dejaba inconsciente, si era necesario.
Stygian era enorme; eso le hacía parecer lento, cosa que en realidad no era. Era más rápido girando (y retrocediendo) que moviéndose hacia adelante, pero eso también lo hacía muy bien. La mayor parte de los animales de su constitución no tenían mucho aguante tampoco, pero mi padre solía montar a Stygian mientras sus hombres utilizaban dos rotaciones de caballos para seguir adelante. Había otros parches más ligeros de color cerca de sus flancos y en su barriga de años de látigo y espuela.
-Su brida y su silla están aquí mi señor. Si quiere montar. -Satisfecho de que no fuera a matar al caballo, Penrod había vuelto a su normal y respetuosa forma de ser-. Aunque puede que sea descartarlo. -Se aclaró la garganta-. Sugerí meterle en un programa de reproducción, pero su tío dijo que no mientras él mandara en Hurog, dijo que el temperamento de Stygian no debía heredarse.
-Entonces no puede criar -dije con pesar.
La cara respetuosa de Penrod a menudo conducían a hombres más listo que mi tío a creer que el jefe de establos estaba de acuerdo con ellos... mi padre, por ejemplo. Duraugh probablemente se marchó pensando que Penrod me urgiría a acabar con Stygian. La falta de juicio de mi tío bien podría convertirse en mi ganacia. Si mi tío lo hacía bien durante los próximos dos años, ciertamente se ganaría el apoyo de la gente del castillo si decidía ocupar mi lugar.
No haría daño ganarse la lealtad de unos cuantos hombres. Penrod ya me gustaba, más por cómo trataba a los que estaban a su cargo que por una cuestión personal. Era un hombre inteligente, o nunca habría sobrevivido en su posición, dado lo lejos que estaban sus ideas de las que había tenido mi padre.
-Podríamos cambiarle de establo -dije después de un rato-. El suyo es oscuro. Pequeño. No me gustan los espacios pequeños; tal vez a él tampoco. -La alcantarilla de hoy me había decidido.
Los mozos se estaban cansando, pero también el caballo. Ya había tenido bastante. Estaba en deuda con el garañón por sus esfuerzos de hoy. Me pregunté por qué no me sentía más feliz al respecto.
-Ese establo es el único en el que podemos retenerle -explicó Penrod, como si yo no lo supiera.
-El recinto grande junto a los viejos establos se construyó para contener garañones -dije. Luego, por si no entendía, continuó-. Hay que asegurarse de que picaporte de la puerta lateral es seguro.
Se quedó perfectamente inmóvil durante un momento, observando ostensiblemente al caballo. Luego me miró a mí. El prado de garañones se utilizaba para la monta y compartía una línea de cerca con el campo de las yeguas. Si alguien accidentalmente (o a propósito) dejaba la verja lateral abierta, Stygian procrearía con cualquier yegua que estuviera en celo.
Podría haberlo dejado ahí. Él entendía las implicaciones bastante bien, pero le necesitaba. Mi tío tendría dos años para ganarse a mi gente. Tenía que asegurarme de que cuando llegara el momento, la gente de Hurog me escuchara a mí y no a mi tío. Es decir, necesitaba que Penrod supiera que yo podía ser más de lo que ellos pensaban, así que le guiñé un ojo.
Penrod se puso incluso más tenso, mirando sorprendido de mí al caballo durante un rato. Debía ser difícil cambiar la opinión sobre alguien tan rápidamente, pero tenía el incentivo añadido de la zanahoria que yp le ofrecía. Miró al caballo oscuro de nuevo.
-Veré que le pongan en la dehesa porque creo, como usted, que no le gustan los lugares pequeños y cerrados -Bajo la voz blanda de Penrod vibraba una alegría tensa y aguda.
-Oscuridad -mascullé-. No le gusta la oscuridad.
-Cierto -dijo con una sonrisita.
Una vez siguió mis órdenes desobedeciendo a mi tío, fue mío. Con él vendría el resto del personal de los establos. Eso significaría que al final todos sabrían que yo no era tan estúpido, pero no estaba seguro de que la estupidez no me siguiera siendo útil. El campo de juego estaba cambiando.
Fruncí el ceño hacia el caballo de mi padre.
-Stygian es demasiado difícil de pronunciar. -Había una flor en uno de los jardines de Madre que tenía casi el mismo color de Stygian. Tuve que esperar un largo rato hasta que mis labios abandonaron la intención de sonreír ante la idea de lo que diría mi padre a lo que diría a continuación.
-Le llamaré Pensamiento -dije blandamente.
Ciarra se apartó y volvió la cara hacia mí, su expresión era tan incrédula que no necesitaba palabras.
-Madre tenía una flor en su jardín del mismo color. Le pregunté qué era -explicó.
-Pensamiento -dijo Penrod rígido, sin duda pensando en lo que parecería ese nombre en un pedrigí. Luego, bruscamente, sonrió. Asintió con la cabeza ante las tres caras tensas de los mozos que sujetaban al garañón-. Es difícil que te asuste algo llamado Pensamiento.
Asentí bruscamente y grité a los mozos:
-Ponedle en el corral redondo, luego quitadle el cabestro. -Me giré hacia Penrod-. Necesito un látigo largo, como el que usamos para entrenar a los más jóvenes. Y necesito cinco o seis cazuelas de cobre. Puedes enviar a alguien a las cocinas. Y un costal de grano vacío.
Tuve mucho tiempo para pensar qué hacer con Stygian... Pensamiento. Ni tenía sentido esperar hasta que mi padre estuviera frío para robarle el caballo. Alguna oscura emoción se retorció en mi boca antes de poder hacer que se desvaneciera. No velaría a mi padre. No lo haría. En vez de eso, pasaría la tarde haciendo mío su caballo.

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #1 en: Marzo 22, 2015, 11:39:54 pm »
En el anillo de entrenamiento, Stygian se quedaba tan lejos de mí como podía, lo cual me parecía bien por ahora. Cuatro años no se deshacen en una tarde... ni en media docena de tardes. Pero con suerte podría hacer progresos.
Sujetaba el saco de cacerolas con una mano, cuidando de que no hicieran ruido. Con la otra mano sujetaba un látigo dos veces más largo que yo de alto. La mitad de su longitud era gruesa y a partir de ese punto colgaba el cordón del látigo.
-Vamos -dije sin un énfasis indebido una vez estuve en el centro del anillo. Al mismo tiempo, sacudí el látigo, y el garañón salió corriendo a lo loco intentando patear en mi dirección general.
Le dejé correr una docena de veces alrededor del corral más pequeño. Pensaba que él sabía de qué iba esto. Todos los caballos de mi padre empezaban en este anillo para aprender órdenes simples como caminar y parar. Pero yo le había traído aquí para que aprendiera una lección diferente, o eso esperaba.
Empecé de lento a medio galope, más porque era difícil para un caballo de su talla galopar en un espacio tan cerrado que porque estuviera cansado.
-Vamos -dije otra vez y ondeé el látigo frente a su cara. Un caballo verde se habría dado la vuelta y había corrido hacia el otro lado, pero él había aprendido mucho sobre látigos. Agachó las orejas y levantó las patas delanteras hacia mí; luego, por si no había captado el mensaje, cargó.
Podría haberle golpeado con el látigo y apartarle, pero él ya sabía que ese látigo hacía daño. Eso no le habría enseñado nada. En vez de eso, sacudí la bolsa de cacerolas con fuerza, chillando y adelantándome hacia él de forma agresiva, golpeando ruidosamente el saco con la punta del látigo. Parecía una cocina después de que alguien hubiera fastidiado al cocinero.
El ruido fue demasiado para Stygian. Giró sobre sus cuartos traseros y se lanzó en la otra dirección como si le persiguiera una manada de lobos, arremolinándose en un círculo que con su tamaño no le permitía negociar. Para la cuarta vez que le giré, su pecho y sus flancos estaban cubiertos de espuma. Al final dejó caer la cabeza y memiró, sin desafío, sólo pidiendo permiso para parar.
Levanté el látigo y dije:
-Soo.
Se detuvo como le habían entrenado para hacer, pero sus cuartos traseros estaban orientados hacia mí, así que sacudí el látigo y le hice volver a correr. Esperé hasta que bajó la cabeza una vez más. Esta vez cuando se detuvo, me miraba de frente. Ambos habíamos tenido suficiente.
-Buen chico -dije, bajando el látigo y el saco. Me acerqué a él y le palmeé el hombro con gentileza-. Te convertiremos en un Pensamiento, ¿eh?
Todo su cuerpo temblaba por el esfuerzo por respirar; estaba demasiado cansado y descorazonado como para importarle quién era yo. Con los ojos empañados, me observaba, sin esperar demasiado, pensé. Era miedo, no furia, eso era lo que le hacía peligroso. Dudaba si alguna vez volvería a soportar que lo montara alguien, pero confiaría en mí, tarde o temprano.
Le puse un cabestro normal, no el habitual para él. En este punto habría hecho falta mucho tiempo para ponérselo, pero dudaba que alguien fuera a tener que preocuparse por su agresividad en las próximas horas. Mañana sería un momento mejor para juzgar el progreso que habíamos hecho. No le había hecho daño ni una vez. Recordaría eso mucho después de que los efectos de su carrera hubieran desaparecido.
Sus orejas se tensaron. Me giré y encontré a Mocosa de pie junto a mí. Ella sabía que no debía aproximarse a un caballo como Stygian sin una buena razón, así que no me sorprendió ver a mi tío de pie junto a la valla. Él la asustaba, principalmente, por lo que yo sabía, porque era el gemelo y hermano de nuestro padre.
Hizo falta un tirón fuerte de la cuerda para que el garañón se moviera... algo en lo que trabajaría más tarde. Lo primero era lo primero. Penrod se lo llevó tan pronto como llegamos a la verja mientras otro mozo entraba corriendo al anillo para recoger las cacerolas y el látigo.
-Celebraremos el funeral mañana a última hora de la tarde -dijo mi tío, mientras me aproximaba-. Hace demasiado calor para esperar mucho, aunque eso significa que tu tía no llegará a tiempo.
Le miré, luego dejé que mi cara mostrara comprensión. Ah, pensaría (espero), el tonto recuerda que su padre murió hoy. Asentí con la cabeza.
Esperó, claramente deseando alguna respuesta más.
-Veo que no vas a aceptar el consejo de Penrod. Le hablé después de que muriera el Hurogmeten. Esa bestia debe ser abatida.
Ni lo sueñes, pensé.
-Es hermoso -dije-. Sangre caliente y espacios pequeños. Las cosas grandes como él y yo necesitan espacio. -Pensé en el túnel que conducía a la caverna de los huesos del dragón y los lugares en carne viva en mis hombros dolieron en respuesta-. Montones de espacio.
-Mató a tu padre, Ward. Es peligroso.
Le miré.
-Si no podía controlarle, no debería haberlo montado. -El axioma favorito de mi padre con variantes como: si no podía golpearle, no debería haber empezado la pelea.
Duraugh se giraba para irse pero viró bruscamente y se acercó hasta que estuvimos cara a cara.
-Ward -dijo con intensidad-, puede que tu madre sea una tallvenishna, pero tú eres un nacido y criado shavigman. Sabes que esta tierra nuestra está dominada por la magia. He luchado con en skelletors las cimas más altas...
Ciarra se ocultó detrás de mí ante la mención de la muerte inquieta.
-... y he visto un pueblo destruido por los Caminantes Nocturnos -Duraugh ondeó una mano vagamente hacia el sur-. Los tallvenishnos se ríen de nuestro temor a las maldiciones, pero tú no eres un habitante del llano, ¿verdad?
No sabía adónde quería llegar, pero le seguí el juego. Agachando la cabeza torpemente para poder sostener su mirada, susurré.
-Tenemos una maldición.
Y una maldición embarazosamente pobre, la verdad. Ni versos, ni referencias oscuras, sólo algo que parecía una ocurrencia que un grupo de adolescentes hubiera garabateado en una pared de piedra. No habría sido tan malo si la pared no hubiera estado en el gran salón. La única razón de que los visitantes no se rieran al verla era que estaba escrita en runas tan antiguas que pocos podrían descifrarlas.
-¿Sabes cuál es?
Parpadeé hacia mi tío un momento antes de decidir que era algo que un idiota podría saber.
-La casa de Hurog caerá ante la bestia del subsuelo.
-La bestia Stygian, Ward. Stygian es la bestia subterránea. Fen pensó que era un buen nombre para un caballo de guerra. Escogió el peor nombre que conocía. Ese garañón es una criatura del submundo -dijo con intensidad-. Deberían haberle matado hace mucho tiempo. ¿Lo ves?
Sabía que Stygian había recibido su nombre por la bestia que venía del submundo para engullir las almas de los muertos que no había vivido lo bastante bien para morar en las casas de los dioses. ¿Quién habría pensado que mi tío se lo tomaría tan en serio? Se me ocurrió que la maldición en realidad ya había pasado. A causa de los huesos de la bestia subterránea que yacían encadenados en la caverna oculta bajo la torre, la riqueza de Hurog había desaparecido, y ya no había ningún dragón en el mundo.
Hurog no necesitaba a la bestia Stygian para destruirse del todo. Mi padre era... había sido un loco. Mi madre comía raíz de sueño y se ocupaba de pocas cosas aparte de las que tenían que ver con ella. Mi hermana era muda, aunque ningún sanador ni mago podía decir por qué. Mi hermano había intentado quitarse la vida.
-¿Lo ves? -preguntó Duraugh, olvidando, inmerso en su obsesión, que estaba hablando con el idiota de la familia.
-Veo muy bien -le contesté para recordárselo-. ¿Pero qué tiene que ver eso con el caballo?
Mi tío era un hombre apuesto, más que mi padre aunque no tanto como sus propios hijos. Pero la rabia eliminaba esa apariencia; tal vez por eso disfruté tanto de su reacción. Mocosa enterró la cara contra mi espalda mientras él se controlaba con esfuerzo.
-Stygian fue la perdición de tu padre. Si no lo ves, será también la tuya.
-Es un caballo -dije tenazmente-. Y le he cambiado el nombre. Cuesta mucho decir Stygian. Pensamiento. Su nombre es Pensamiento. -El nombre me gustaba más cada vez que lo decía.

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #2 en: Marzo 22, 2015, 11:40:19 pm »
Oreg, el chico de la caverna de los huesos de dragón, vino a mí cuando me preparaba para ir a la cama. No le vi entrar en la habitación, pero cuando me secaba la cara después de lavarme, estaba sentado en la esquina de mi cama. Reconocí su presencia con un asentimiento, me senté en un taburete cerca de mi cama, y empecé a recortarme las uñas con mi cuchillo sobre el orinal vacío.
Me observó durante un rato. Pero observar a alguien cortarse las uñas es una tarea aburrida, así que finalmente habló.
-¿Sabes para qué es el anillo?
Negué con la cabeza. Hubo un largo silencio durante el cual cambié de pie.
-¿Sabes quién soy?
Asentí con la cabeza esta vez. Se levantó y empezó a pasearse, mascullando para sí mismo. Al fin, se detuvo delante de mí y puso la mano sobre mi cuchillo deteniéndolo. Su mano era cálida y sólida, aunque en las historias de los bardos, los fantasmas siempre tienen toques helados y etéreos.
-¿Entonces quién soy? -dijo, con rabia frustrada en la voz. Me pregunté si me había estado observando cuando no fingía. ¿Conocía mi juego?
-¿No sabes quién eres? -pregunté, abriendo  mucho los ojos.
Se dejó caer al suelo en una especio de desmayo deprimido y enterró la cara entre las manos. Su nuca parecía vulnerable. Me recordó a mi hermano Tosten.
Le miré largo rato. No había nadie a quien hubiera confiado mi secreto. Ni siquiera a Ciarra en realidad, aunque ella podía sospecharlo.
-¿Quién eres? -pregunté sucintamente-. No sé mucho más que unas cuantas historias de fantasmas. Y no creo que seas un fantasma.
Su cabeza se alzó de golpe ante la diferencia en mi voz. Dejé a un lado el cuchillo, metí el orinal bajo la cama de una patada, y me preparé para escuchar.
-¿Es cierto, no? -susurró, con más esperanza que certeza en su voz-. Has estado fingiendo todos estos años. Creí que podía ser así. Antes no pude confirmarlo.
Me observó un rato, pero yo no sabía cómo explicarlo de forma que no sonara estúpido y melodramático.
-¿Sabes quién construyó la torre Hurog? -me preguntó al final.
Su tono era cauteloso. Ya había aprendido que hacer preguntas era un asunto arriesgado. Pero decidí que no estaba jugando a ningún juego. Él era mío como Hurog era mío. Toqué el anillo de platino ligeramente con el pulgar.
-No. Sé que el alto rey nos dejó a cargo de los dragones.
Oreg resopló amargamente.
-Entonces no sabes nada en absoluto. El título Hurog data de cientos de años antes. La torre Hurog es vieja, construida antes de la era del Imperio por un auténtico mago... no como ese idiota de tu padre. Cuando el mago se retiró de la corte, construyó aquí su fortaleza, donde nadie le molestaría, porque temían a los dragones.
Bajó la mirada y trazó un patrón en el suelo.
-Quería una casa de la que pudiera ocuparse solo, para no ser molestado por sirvientes incordiando y soldados practicando en el patio. Tenía dos hijos con su mujer, una mujer mundana que tuvo el sentido común de morir cuando era joven. Uno de los hijos se convirtió en comandante de campo y murió el alguna guerra u otra; el segundo se hizo mago por derecho propio. Yo nací de una mujer esclava que después fue vendida a la familia de un noble, pero cuando él les dio dinero, me enviaron de vuelta aquí.
Se detuvo. Yo no estaba seguro de querer que continuara. Había oído suficientes cuentos de bardos para saber cómo continuaba la historia, o tal vez tenía demasiada experiencia con mi padre para esperar mucho del suyo.
-Cuando llegué aquí, él estaba solo; no había ningún sirviente. Me dio un cuenco de sopa de un cacharro que estaba hirviendo en el fuego. Caí dormido. Cuando desperté, yo era la torre.
Le miré mientras estudiaba sus últimas palabras. Él era la torre, dijo. Recordé la rareza de dar un paso y atravesar la puerta oculta de mi habitación, aunque sabía que antes habíamos estado en algún lugar de las profundidades de la montaña donde se asentaba la torre. Sopesé las posibles respuestas que podía dar y al final escogí no dar ninguna en absoluto.
-Gracias por ocuparte hoy de Mocosa, Oreg. -Si dices algo inesperado, he aprendido que con frecuencia consigues más respuestas que si haces preguntas.
Levantó la cabeza de golpe, y me miró, frunciendo el ceño. Fuera lo que fuera lo que esperaba leer en mi cara, no creo que lo encontrara.
-Intento vigilarla -dijo-. No es mucho. Una puerta que le permite escapar a un lugar tranquilo donde su padre no pueda encontrarla pero sus hermanos sí.
Nos sentamos un rato en silencio amigable, mientras yo pensaba en lo que había querido decir cuando me digo que él era la torre. Jugueteaba ociosamente con el anillo desacostumbrado en mi dedo.
-No puedes quitarte el anillo -dijo Oreg con un sobresalto, como si acabara de recordar lo que había venido a hacer-. Te da el control de la torre. Sólo si te estás muriendo se te caerá. Entonces debes dárselo a tu heredero.
-¿Y si se lo doy a otro? -pregunté, después de intentar sacarme el anillo y fracasar. Ojalá lo hubiera sabido antes de ponérmelo. No es buena idea llevar anillos cuando peleas; cambian el agarre de la espada y se enganchan en cosas. Al menos, me lo habría puesto en la mano izquierda.
-A quien quiera que se lo des se convierte en tu heredero.
-Ah -dije-. Cuéntame más sobre el hechizo, el anillo, la torre, y tú mismo.
Su cara se quedó curiosamente en blanco. Reconocí la mirada. Después de todo, la había practicado en el escudo pulido de mi pared hasta que fue la expresión que mostraba normalmente. Me pregunté si me habría estado vigilando. Si hubiera tenido ojos de vaca como los míos, también él podría haber parecido estúpido. Tal como eran, sólo parecían guardar secretos.
-Soy un esclavo -dijo-. Tu esclavo, Amo, ligado a tu anillo. Un esclavo de alma para ti. Cualquier cosa que me pidas, la haré si soy capaz... y tengo mucho poder.
Pensé en lo que habría significado eso para algunos de mis ancestros de más mala fama. Era un chico guapo, como mi hermano. Pobre esclavo.
-¿Si te pido que te sientes dónde estás sin moverte, qué pasaría?
-Me sentaría sin moverme -dijo con simple veracidad-, hasta que mueras o me digas algo distinto. Debo hacer cualquier cosa que me digas. -Había tensión en su cuerpo, aunque si había estado ahí todo el tiempo, debía saber que yo no atormentaba a la gente que está en mi poder. Pero, supongo, que como Stygian... Pensamiento, le llevaría un tiempo aprender.
-Cuando dices que tú eres la torre, ¿quieres decirlo literalmente? ¿O que estás atado a ella por medio de la magia?
-No creo que haya mucha diferencia -dijo, examinándose las manos.
-¿Sabes qué está pasando en la torre?
El chico inclinó la cabeza, sus ojos veían algo más que lo que veían ante ellos.
-En el gran salón, el fuego está encendido para la noche. Hay una rata olisqueando en la esquina en busca de comida. Tu tío está de pie ante la chimenea, con las manos a la espalda, meciéndose un poco sobre los talones...
-Suficiente -dije-. ¿Puedes ver más de un lugar al mismo tiempo?
-No más de lo que tú puedes mirar a la pared de delante y la de atrás al mismo tiempo.
-¿También puedes oír?
-Sí.
Me froté las perneras de los pantalones. Podía trabajar con los miedos de Pensamiento porque le entendía. Me había ganado a Penrod mediante los mismos medios. Tendría que entender a Oreg igual de bien que entendía al jefe de caballerizas.
-¿Te duele cuando la torre resulta dañada?
-No -dijo, luego continuó casi a regañadientes-. Puedo sentirlo, pero no duele.
-¿Te ocupas de toda la torre, o solo de las partes antiguas?
-De toda la torre, y lo que pertenece a ella. Las cortinas de las paredes, los establos, la herrería... las alcantarillas incluso.
-Si eres la torre, ¿cómo es que todavía tienes un cuerpo? -pregunté, haciendo con la cabeza un ademán hacia su cuerpo humano.
-A mi padre le divertía.
Pensé en lo que había dicho durante un rato.
-Si la torre resulta dañada no te duele. ¿Te duele cuando tu cuerpo resulta dañado?
-Sí -susurró, tenso.
Bueno, si hubiera pasado los últimos quince años como esclavo de mi padre, yo también habría susurrado la respuesta. Según decían todos, mi abuelo había sido peor. Deliberadamente, bostecé. Era tarde, necesitaba dormir.
-Mi padre nunca te mencionó.
-Estratégicamente hablando, es mejor que yo sea un secreto para tus enemigos... un fantasma inofensivo que vaga por los salones. -Dudó, luego aventuró-. Prefiero mantener mi presencia en silencio. No me gusta mucho la gente.
A mí tampoco me gustaría, pensé, después de tantos años de servir a los Hurogs.
-Vale -dije-. Aquí van mis órdenes para ti. Continúa protegiendo a mi hermana. Me gustaría encontrarme contigo aquí cada noche cuando estoy solo. Aparte de eso, haz lo que quieras.
-¿Quieres que te proteja a ti también?
Sonreí. Por poderoso que él pudiera ser, y estaba dispuesto a aceptar su palabra al respecto, tenía la mitad de mi altura.
-He tenido años para aprender a hacer eso. Si no puedo protegerme a mí mismo, bueno, entonces no sirvo como Hurogmeten, ¿no?
-Hay quien dice que no vales de todos modos -dijo, con un desafío en la voz.
No podía decidir si estaba poniendo a prueba mi temperamento o si todavía medio se creía mi actuación. Tal vez sabía la verdad mejor que yo. De repente, me sentí cansado.
-Sí. Bueno. Sería triste que pensaran que soy competente después de todo el esfuerzo que he hecho por hacerle tragar a mi padre mi estupidez. Difícilmente puedo echárselo en cara, ¿no?
Se rió, aunque creo que porque creía que era necesario en vez de porque mis palabras de verdad le hubieran divertido. Se quedó en silencio un rato, luego preguntó:
-¿Por qué finges ser estúpido? -dudó y dijo tentativamente-. Siempre me lo pregunté. Parecía tan raro que pasaras todas esas horas en la biblioteca. Leías y leías pero nunca parecías entender qué era lo que leías. -Mientras hablaba, saltó de la cama y se colocó muy casualmente fuera de mi alcance.
-¿Puede que estuviera mirando las imágenes o la preciosa tinta? -pregunté divertido.
-¿Qué pasó cuando tu padre te golpeó aquella vez? ¿No fue un daño cerebral? Incluso un idiota escuchándote ahora podría ver que tu cerebro está bien. -Sonrió tímido, un chico aventurando una opinión o un esclavo halagando a su amo, pero puso el mobiliario entre su cuerpo y el mío.
Como Pensamiento, pensé, tiene que aprender que no le haré daño. Además, yo he fisgado en su dolor privado; es justo que le de la misma oportunidad.
-Dañó algo -dije-. No podía hablar en absoluto. -Recordé lo horrible que había sido tener pensamientos que no podía convertir en palabras.
-¿No estabas sólo asustado? -preguntó Oreg.
Mirándole, pude ver que sabía lo que era estar tan asustado que no podías hablar. La pena ahogó mi respuesta.
-No.
-Tampoco podías caminar -dijo especulativamente.
Asentí con la cabeza.
-Ni levantarme ni nada más. -A Stala y a mí nos había llevado años reforzar mi lado izquierdo hasta que fui tan rápido con la mano izquierda como con la derecha. Algunas veces soñaba que ese extraño y abrumador entumecimiento volvía otra vez a tomar mi brazo izquierdo.
-Solía hacer magia... hacer que las flores florecieran para mi madre. -Oreg se relajó un poco. Se sentó en el banco cerca de la puerta-. Todavía puedo sentir cosas. Ciarra casi me hizo envejecer un invierno hoy cuando descubrí que de repente estaba muy por debajo de mí. ¿Puedo asumir que no cayó a través del túnel como yo? ¿La condujiste por otro sendero? -Asintió con la cabeza-. Pero aparte de eso, no puedo hacer ninguna otra magia. Puedo sentirla pero no funciona.
-Pero no eres estúpido. ¿Por qué finges?
-Para que mi padre no me matara. -Intenté plasmar el conocimiento instintivo en términos que otro pudiera entender-. Mi padre es... era el Hurogmeten. Tal vez tú sepas lo que significa eso mejor que ningún otro. Para él era la cosa más importante que un humano podía ser, mejor que alto rey, pero el título era sólo temporal, algo que entregaría como este anillo cuando muriera.
-Pero todos los hombres deben hacer eso -comentó Oreg razonablemente-. Su padre le confió Hurog a Fenwick. Él viviría a través de sus hijos.
-Él mató a mi abuelo -dije. Era la primera vez que lo decía en voz alta.
Todo en Oreg se quedó inmóvil. Luego susurró:
-Tu abuelo murió a manos de bandidos. Tu padre le trajo aquí para morir.
-Mi abuelo fue alcanzado por detrás por una flecha de mi padre. Mi padre lo admitió una vez cuando estaba borracho.
Estábamos cazando, sólo nosotros dos, cuando yo tenía nueve o diez años. Acampamos en las montañas, y mi padre empezó a beber tan pronto como levantamos la tienda. No recuerdo qué le condujo a confesar, pero todavía recuerdo la forma en que me miró luego. No había pretendido que se le escapara, e incluso entonces supe que era un conocimiento peligroso. Fingí que no le había oído, que sus palabras habían sido demasiado confusas. Podría haber sido ese desliz el que le llevara a cruzar el límite, pero yo había llegado a creer que su antagonismo era más profundo que eso.
-Me veía como un rival por Hurog. El tiempo era su enemigo, y yo lo soportaba mejor. -Eso sonaba a algo que mi heroico Seleg podría haber escrito en sus viajes. También habría sonado mejor en papel de lo que sonaba en voz alta, así que intenté un tono menos dramático-. A mi padre no le gustaba perder batallas.
Abandoné la cama y fui hasta el pulido cuadrado de metal que colgaba de la pared. Me parecía a mi padre, no tanto sin los ojos azules de los Hurog, pero una versión más joven de mi padre al mismo tiempo. El tamaño venía de la familia de su madre, pero los rasgos eran Hurog.
-Yo era su sucesor, un recordatorio constante de que algún día perdería Hurog. No estoy seguro siquiera de que él lo comprendiera, pero desde el primer día que sostuve una espada, pensó en mí como una amenaza. Podrás recordar, si estabas prestando atención, que la paliza responsable de mi "cambio" no fue la primera que me dejó inconsciente. Si hubiera la cosa continuado, me habría matado antes de ser lo bastante mayor para defenderme. Y yp tenía el ejemplo de mi madre para seguir.
-Cuando se perdía en sus sueños, él no la molestaba tanto. Ni visitaba su cama -coincidió el chico con solemnidad.
-Mi problema del habla hizo que mi padre pensara que me había vuelto idiota, y decidí aprovechar esa ventaja.
-¿Por qué continuar ahora, después de su muerte?
Tanteé mi camino hacia una respuesta.
-Mi tío mandará aquí durante los próximos dos años. Como mi padre, fue criado para creer que convertirse en el Hurogmeten es lo máximo a lo que un hombre puede aspirar. No estoy seguro de que vaya a querer devolverlo.
-¿Tan seguro estás de que es un villano? Era un chico agradable... -La voz de Oreg cayó a un susurro-. Al menos creo que era Duraugh, pero a veces no lo recuerdo muy bien.
Cerré los ojos.
-No le conozco, sólo sé que tiene poca paciencia con los idiotas. Los dioses saben que yo tampoco quiero un idiota al mando de Hurog. Vivimos demasiado cerca del límite de la supervivencia. -Me encogí de hombros y miré a Oreg, quien de algún modo había acabado agachado a mis pies-. No confío en él.
Había hablado más con Oreg de lo que recordaba haber hablado con nadie excepto con Ciarra. Los discursos eran algo que seguían requiriéndome esfuerzo, y me cansaban. Irónico que la honestidad pareciera mucho más difícil que mentir.
-Confía en tus instintos -dijo Oreg después de un momento-. No hará daño a nadie que mantengas la cautela un poco más.
Se marchó entonces, pero no a través del pasadizo ni la puerta, sólo desapareció, dejándome sólo con mis recuerdos.
Mis instintos, ¿eh? Mi padre estaba muerto, y yo no sabía si sentirme contento... o apenado. Hurog era mío al fin, pero no lo era. ¿Debía descubrirme a mí mismo? ¿Decir "Creo que os gustará saber que en realidad no soy un idiota"? Ni siquiera estaba seguro de que quedara nada de mí excepto la superficie estúpida encubriendo una vigilancia constante. Esperaría.

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #3 en: Marzo 22, 2015, 11:40:40 pm »
Descansé los brazos cruzados en lo alto de la valla y respiré el aire fresco de la mañana mientras Harron, uno de los mozos, me hablaba de los excitantes acontecimientos de la noche.
Alguien había dejado abierta la verja del prado de las yeguas, y habían encontrado a Pensamiento resoplando y cargando en el prado con la mejor yegua de mi padre (Que estaba en celo, maldita sea la suerte, dijo Harron alegremente). Las demás yeguas estaban a salvo en sus cubículos, pero Moth había estado intranquila. Penrod había pensado que una noche en el campo podría calmarla. Había hablado con mi tío al respecto.
Mientras Harron hablaba, observábamos a la mayoría del personal del establo y a mi tío perseguir a Pensamiento con cabestros, cuerdas, y cubos de grano. Pensamiento eludió a sus perseguidores con un ondeo de la cola y sacudió su magnífica cabeza. Mi tío me vio y dejó a los mozos con su trabajo. Mientras trepaba la valla, envié a Harron a buscar grano y un cabestro.
-Algún idiota dejó la verja del prado de las yeguas abierta -gruñó mi tío.
Era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar.
-Yo las comprobé anoche -mentí-. Pensamiento estaba entonces en el prado de los garañones.
Mi tío me miró fijamente.
-Comprobé la de las yeguas también -dije ansioso. Tendría que aprender a ser más cauteloso. Mi padre veía lo que quería ver, pero mi tío podría no estar sujeto a la misma debilidad. Si aprovechaba cada oportunidad que me daba, notaría lo que estaba haciendo.
Agarré el cubo y pasé sobre la valla.
-Ya intentaron lo del grano -dijo mi tío-. Al final le cogerán. Déjales hacer su trabajo.
Continué caminando pero dije sobre el hombro.
-Creo que yo cogeré a la yegua.
Moth, al contrato que el garañón controlado por el sexo, estaba mucho más interesada en la comida. Más aún, me conocía y yo le gustaba... y mi padre no montaba yeguas. Cuando comprendió lo que llevaba, trotó hacia mí, danzando un poco con el placer de la mañana y sacudiendo su cabellera gris plateada.
-¿Te gusta, eh? -le pregunté, de un conspirador a otro. Ambos ignoramos a los mozos que perseguían fútilmente al garañón en el lado más alejado del pasto-. Creí que él tal vez sería un poco rudo con las damas, nuevo como es en esto. Pero tú tienes más experiencia. Parece que le has empujado apropiadamente. -Ella captó un dejo de admiración en mi voz mientras se comía el regalo que le había traído con delicada avaricia.
Me permitió deslizarle el cabestro. Era demasiado grande, pero con ella, no importaba. Le eché un vistazo rápido, pero aparte de un parche áspero y seco de pelo en el cuello donde él debía haberla mordido, no tenía ninguna otra herida.
La conduje fuera del campo y al prado del garañón, y ella, inconstante como era, no prestó ninguna atención a Pensamiento, quien finalmente notó que le habíanrobado a su yegua y llenó el aire con frenético relincho. Harron, viendo lo que yo pretendía, esperó en la verja entre el campo y el prado y la cerró después de que el garañón a la carga entrara en el cercado más pequeño. Para entonces, yo había conducido a la yegua fuera por la verja del otro lado y acababa de cerrarla tras nosotros cuando el garañón furioso la golpeó con los cascos.
Sonriendo, Harron llegó corriendo y tomó a Moth. Ella le lanzó a Pensamiento una mirada tímida, luego siguió a Harron tranquilamente de vuelta al granero de las yeguas.
-¿Cómo hiciste eso? -preguntó Duraugh.
-¿Qué? -pregunté parpadeando hacia él.
-¿Cómo atrapaste al garañón?
Resoplé.
-¿Alguna vez has intentado correr más que un caballo? Yo sí. Me llevó la mayor parte del día decidir que era más rápido que yo. -Me incliné hacia él y continué conspirador-. Los caballos son más fuertes y más rápidos, pero yo soy más listo. -Su cara se quedó blanca ante esta aseveración, y me reí interiormente.
Penrod había escalado la valla y llegaba cuando yo decía esto último.
Asentí con la cabeza hacia el jefe de cuadra y dije más prosaicamente.
-Además, así es como Penrod atrapaba al viejo Warmonger cada vez que se escapaba de su establo... Cosa que hacía más o menos una vez al día, ¿eh? La comida nunca funciona, pero pon una yegua en celo junto a él, y será su esclavo. -Warmonger, la última montura de mi abuelo, había sicd casi humano en su inteligencia y malicia.
Penrod asintió y sonrió.
-Ese maldito caballo podía abrir cualquier cerrojo que alguna vez inventamos. Y era rápido, además. La única forma de capturarle era con una yegua. Al final, clavábamos su puerta detrás de él.
Su sonrisa volvió.
-Luego simplemente aprendió a saltar.
Así que mi padre lo había matado. Todavía podía ver la satisfacción en su cara cuando la última evidencia del reinado de su padre yacio muriendo en el suelo. El humor de Penrod rápidamente se desvaneció de vuelta a su máscara profesional. Sin duda él también recordaba lo mismo que yo.
Mi tío no había seguido nuestros pensamientos; su sonrisa no desapareció.
-Había olvidado a Warmonger. Era un gran veterano. Mi propio garañón procede de su linaje.
¿Tan estúpido sería contarle a Duraugh la charada que había estado sosteniendo? Tal vez si me conociera, si me conociera realmente, yo le gustaría. Tal vez mi tío podría guiarme en la tarea de gobernar Hurog. A pesar de los asaltos a medianoche a la biblioteca y la atención discreta y obsesiva que había prestado a los métodos de mi padre, me sentí ignorante. Mi tío llevaba las últimas dos décadas gobernando sus propias tierras con éxito.
Abrí la boca, pero él habló primero.
-El entierro es esta tarde. Le dije a Axiel que te buscara algo apropiado que vestir del armario de tu padre. Ayer noté que tu ropa te queda pequeña, y Axiel me dijo que no tienes nada más que sea apropiado. Apreciaría que entraras y te cambiaras. Supongo que no hay manera de conseguir que Tosten venga a casa a tiempo para el funeral, pero dime donde puedo encontrarle, y enviaré a buscarle hoy.
Había dejado caer, oh, tan casualmente, esa mención a mi hermano.
-Axiel es el sirviente de mi padre -dije.
Tosten y yo nos interponíamos entre mi tío y Hurog.
-Está de acuerdo en ocuparse de ti -explicó Duraugh con obvia impaciencia-. Ward, ¿dónde está tu hermano?
Iftahar, la hacienda tallvenishana de mi tío, era más grande y más rica que Hurog, pero no era Hurog. Ninguna garra de dragón había arañado la piedra de las atalayas. Yo creía que incluso un hombre que poseía una hacienda rica podía perseguir Hurog.
-¿Ward?
-No sé -dije.
-Pero le dijiste a Fen...
-Oh, está a salvo -dije-. Solo que no sé dónde.

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #4 en: Marzo 22, 2015, 11:41:04 pm »
El ayuda de cámara de mi padre, Axiel, me esperaba en mi habitación vistiendo los colores de Hurog, azul y oro. Era un hombre pequeño, duro como la piel hervida. Mi madre, cuando le pregunté, dijo que el Hurogmeten le había traído consigo al volver de alguna batalla u otra.
Cuando bebía suficiente, Axiel afirmaba ser el hijo del rey de los enanos, y nadie era lo bastante temerario para contradecirle, porque Axiel era tan duro como mi padre.
La piel color oliva de Axiel y el cabello oscuro tenía, desde que yo podía recordar, el mismo aspecto que cuando yo era niño. La mayoría de la gente de Hurog, incluyéndome a mí, llevaba el cabello al estilo de los tallvenianos que nos gobernaban, hasta el hombro y suelto. Axiel, que no era en absoluto un hombre de Shavigman, llevaba el cabello al viejo estilo shavig, trenzado apenas y sin cortar. La trenza larga era una desventaja en la lucha. Los antiguos shavig afirmaban que era una marca de honor que indicaba que eran tan hábiles que una ventaja tan magra no importaba en absoluto.
Era un ayuda de cámara al estilo tallvenishano... un rango más cercano a guardaespaldas que a valet o escudero. La cara de Axiel no mostraba signos de pena por la muerte de mi padre, pero era el sirviente de mi padre. Sin duda había aprendido a ocultar lo que sentía tan bien como yo.
-¿Axiel?
-Milord -dijo-. Lord Duraught pensó que sería apropiado que tuviera un ayuda de cámara dado su rango.
Asentí con la cabeza.
-Me ocupé yo mismo de preparar la ropa del Hurog... el segundo traje de corte de su padre para usted, sir. -Abrió la puerta de mi habitación por mí.

*****

Había un pequeño espacio sobre el estante más alto de la biblioteca detrás de las cortinas decorativas que cubrían la parte superior de los muros. Había descubierto el pequeño espacio por casualidad, y pensaba que mi padre podría ser la única otra persona que sabía que estaba allí... y él no frecuentaba la biblioteca. Desde ese espacio había pasado muchas tardes observando en secreto a Axiel entrenar con cuchillo y espada. Su estilo era completamente diferente al de mi tía, y descubrí que incorporar retazos de él en mi forma de pelear me hacía mejor luchador.
Si Axiel me era leal, estaría mucho más a salvo que si era leal a mi tío. Me detuve delante del fuego y miré hacia los restos grises del fuego de la noche anterior. ¿Pero seguro de qué? Antes de que muriera mi padre, luchaba por mi vida. ¿Por qué estaba luchando ahora?
-¿Si me lo permite? -Aunque parecía estar pidiendo permiso, Axiel me quitó la ropa con gran eficiencia. Mientras yo me frotaba, trotó hasta la cama.
-¿Mi señor?
Dejé de lavarme la cara para mirar al sirviente que sujetaba unas ropas.
-Traje esto de las habitaciones de su padre. -Sujetaba uno de los familiares trajes grises que prefería mi padre-. Pero alguien más ha estado aquí, porque encontré esto encima.
Cogí la túnica del segundo juego de ropas. Terciopelo azul profundo, tan oscuro que era casi negro, tenía el dragón de Hurog bordado en rojo, oro, y verde a lo largo del hombro delantero. Sólo el terciopelo debía costar diez piezas de oro, si no más, y no había nadie aquí, aparte quizás de mi madre, que pudiera bordar lo bastante bien como para hacer el trabajo del dragón. La camisa interior era de color oro descolorido, y no reconocí la tela.
-¿De qué está hecha? -pregunté.
-Seda, sir. ¿Usted tampoco lo había visto antes? No es del armario de su padre, ni es nada que yo haya visto en el de su tío.
-Me pondré este -dije, pasando los dedos ásperos por la camisa interior-, es apropiado.
-Apropiado para la muerte del Hurogmeten -coincidió Axiel-. ¿Pero de dónde salió?
-Tal vez del fantasma de la familia -dije seriamente tras pensarlo un momento.
-¿El fantasma?
-Seguro que sabes lo del fantasma -dije, deslizándome la camisa sobre la cabeza. Encajaba como si hubiera sido recién hecha a la medida para mí. Tal vez así había sido. Su padre no había querido ningún otro sirviente, había dicho.
-Sí, por supuesto. Pero ¿por qué escogería hacer algo así?
Me encogí de hombros, colocando la túnica de terciopelo sobre la seda.
-Pregúntale a él. -Me cambié los pantalones por los de seda suelta que hacían juego con la camisa interior.
Miré hacia el metal pulido que utilizaba como espejo y reparé en que la gloria desacostumbrada de la ropa me hacía parecer osado y heroico. Puse mucho cuidado en parecer también estúpido, antes de abandonar la habitación.

*****

El funeral fue algo grandioso, mi padre lo habría odiado. Pero no estaba allí para objetar. Mi madre, vestida con terciopelo gris... su vestido de novia... estaba etérea y hermosa. Mi tío, a su lado, parecía fuerte y fornido, el hombre perfecto para proteger Hurog.
Mi hermana parecía una dama con vestido, casi tan alta como Madre. Hice algunos cálculos rápidos y comprendí que Madre se había casado cuando tenía la edad de Ciarra. Como yo, Cirarra estaba enfundada en terciopelo azul, aunque su dragón era un pequeño padrón bordado alrededor del cuello. Oreg había estado ocupado.
Esperando en mi lugar ante la tumba sobre la colina opuesta a la torre, tenía una visión completa de la procesión del funeral, y ellos una igualmente buena de mí, su nuevo (y por ahora impotente) señor.
Yo había subido aquí arriba en un capado gris de buen carácter que hacía juego particularmente bien con el azul Hurog. Todos los demás subieron a pie, Stala, vestida de azules, conducía a los portadores detrás de Erdrick y Bechram, quienes cubrían la retaguardia del grupo familiar.
De todos nosotros, Stala podría ser la única que realmente llevaba luto por mi padre. Su cara, noté, estaba inmóvil y sin lágrimas.
Observé, separado del resto de la ceremonia, como los porteadores le bajaban con cuidado a la tierra oscura, como mi padre había observado que ponían a descansar a su propio padre. Sin duda él sintió satisfacción cuando la caja de madera golpeó el fondo.
Miré a Madre al otro lado de la tumba, y pude ver por la cara tensa de mi tío que ella estaba canturreando otra vez. Tenía vagos recuerdos de un tiempo en el que mi madre había sido alegre y risueña y había jugado conmigo durante horas a construir torres con bloques de madera mientras mi padre luchaba en las guerras del rey.
Mocosa observaba como la caja con el Hurogmeten dentro era colocada en la suave tierra. Hizo una mueca cuando mi tío le colocó la mano sobre el hombro. Pensé en mi hermano, que lo había abandonado todo por alejarse de mi padre.
Que la bestia del submundo te lleve por lo que le has hecho a tu familia, pensé hacia el muerto. Pero tal vez ser Hurog era suficiente justificación para los dioses, también, porque ninguna bestia oscura se alzó desde las sombras de la tumba para devorar el cuerpo de mi padre, a pesar de los temores de mi tío.
Desmontando, tomé un puñado de tierra y lo lancé a la tumba. Quédate ahí, pensé hacia el Hurogmeten. Oleadas amargas de furia infructuosa amenazaron mi compostura. Si él hubiera sido diferente, yo podría tener a mi hermano de pie a mi lado, para ayudar con la abrumadora tarea de mantener Hurog vivo. Podría tener una madre que pudiera soportar la carga de las tareas diarias y liberarme así para que persiguiera bandidos y cosechara los campos. No tendría que estar de pie, medio hombre, con lágrimas corriendo por mi cara mientras los hombres de la Guardia Azul, echaban tierra sobre la tumba de mi padre.
Al final, creo que yo fui el único que lloró. Tal vez fui el único apenado. Pero no me lamentaba por el hombre que yacía en esa tumba.

*****

-¿Mi tío sabe de ti? -pregunté a Oreg, que estaba estirado a los pies de mi cama. Desde mi taburete, colocado delante del fuego, le observaba mientras afilaba el cuchillo de mi bota. La ropa que había vestido en el funeral de mi padre colgaba en el armario. En vez de eso vestía la ropa manchada de sudor que había llevado en el entrenamiento con la Guardia Azul esa noche. Ni siquiera el funeral del Hurogmeten interfería con el entrenamiento.
-No. -Oreg cerró los ojos, con la cara relajada-. Tu padre nunca le contó a nadie más lo que tenía.
Sostuve el cuchillo en alto para que la luz le diera mejor. No podía verlo, pero sabía que el cuchillo había desarrollado un corte de alambre; no podía ser de otro modo después de todo el tiempo que había pasado trabajando en él. Me incliné y agarré una tira de tela de mi juego de afilador y me puse a trabajar.
Oreg rodó para poder verme mejor.
-Un hombre vino esta noche a hablar con tu tío.
-El capataz del campo cubierto de sal -coincidí suavemente, afilando el cuchillo.
-El mago de tu tío no es mucho mejor que el viejo Barba Gris. -Había averiguado que a Oreg no le gustaba Licleng, se refería a él como "un oficinista autoengrandecido"-. Va a haber gente pasando hambre este invierno.
Pasé mi piedra por el filo unas cuantas veces más. Me lamí el brazo y conduje el cuchillo a lo largo de la zona húmeda. Esta vez cortó el vello limpiamente.
-Sí, pero Hurog sobrevivirá. -Decidí cambiar de tema. No había nada que yo pudiera hacer respecto a la cosecha-. Gracias por la ropa. Asumo que eres el responsable del guardarropa de Mocosa también.
Asintió con la cabeza.
-Soy muy bueno con la ropa.
-¿Cosiste el bordado a mano? -pregunté.
Negó con la cabeza.
-Magia. Pero a veces, cuando tengo tiempo, yo... -Cerró los ojos-. Con frecuencia tengo mucho tiempo.
Me estiré y lancé otro leño al fuego, que estaba bajando. Incluso en verano, el viejo edificio de piedra era frío por las noches.

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #5 en: Marzo 25, 2015, 08:20:47 pm »
gracias ;)
Mi destino es no dejarme someter

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #6 en: Marzo 26, 2015, 12:01:04 am »
Debo decir que tres un final estupendo luego parece decaer un poco pero es solo un capítulo y empieza otra vez a despuntar y el final me ha encantado.
Creo que al que le haya gustado el primer capítulo no se verá defraudado.

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #7 en: Marzo 26, 2015, 02:57:48 pm »
Sorry but you are not allowed to view spoiler contents.

He corregido algo, poco esta vez... pero no lo marqué... si tengo un hueco, comparo los dos textos y comentó los cambios

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Re:HUESOS DE DRAGÓN, capítulo 2
« Respuesta #8 en: Marzo 27, 2015, 09:51:59 pm »
Puff, conmigo no te molestes. No te voy a rebatir los cambios.
Yo traduzco, tú corriges, cada uno se fía de la capacidad del otro y el que haga la revisión global será el que nos lea la cartilla a los dos, jajaja.