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FANTASTICA / Re:¿Qué traducir a continuación?
« Último mensaje por crazyjoshep en Septiembre 24, 2018, 10:41:34 pm »
No se si conocéis la saga The Wild Hunt de Elspeth Cooper.

Se llegaron a publicar los 2 primeros en español:

-Bajo la hiedra
-Las 3 Lunas

LA saga de momento consta de 3 libros a la espera de la publicación del cuarto.

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SUSPENSE Y ACCIÓN / Re:Costa Maldita / Pendergast 15
« Último mensaje por mteresa en Septiembre 24, 2018, 03:15:18 pm »
a mi me paso como a Legoñas, lei de seguido los 4 ultimos , uff para encontrarme este final...
porque ademas en ingles creo que ya esta publicado el siguiente hace tiempo...
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FANTASTICA / Re:Los señores de las runas, David Farland
« Último mensaje por jgtbooks en Septiembre 24, 2018, 11:12:34 am »
Bueno. . . . . estos son los publicados hasta ahora.

En su web solo aparecen estos 9 y el último es del 2015. Mirando el ritmo que ha publicado los anteriores parece que esta serie ha perdido interés para él y se ha centrado en otros temas.

Pero solo están traducidos los dos primeros, así que . . . tu sabrás lo que haces.


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FANTASTICA / Re:LA SOMBRA DEL CUERVO, Capítulo 4
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 24, 2018, 05:33:00 am »

Lehr pasó la cesta de pan frito a Rinnie y se frotó las manos en los muslos.
-Pero no hay nada diferente en ninguno de nosotros -dijo-. Excepto Jes. Y sus rarezas seguramente no son nada que sirviera al propósito de los Viajeros.
-¿Nada diferente? ¿No? -preguntó Seraph con suavidad-. ¿Alguna vez haz vuelto de una cacería sin una presa, Lehr? ¿Alguna vez te has perdido, mi Halcón?
Él la miro sin apenas respirar.
-Padre me enseñó a rastrear, y recuerdo las cosas para no perderme -dijo tenso.
-¿Ah, sí? -dijo ella-. No es eso lo que me dijo él.
-¿Qué soy yo, Madre? -preguntó Rinnie ansiosa, mirando a la luz que sostenía-. ¿Puedo hacer luces como esta?
Seraph sonrió.
-No. Tú eres Cormorán… Bruja del Tiempo. No todo el mundo sabe cuándo se acerca una tormenta, Rinnie.
-¿Y qué hay de Jes y papá… y la tía Alinath? -preguntó Rinnie-. Lehr es Halcón y eso le convierte en un cazador, ¿verdad? ¿Qué hacen los Halcones y los Cormoranes si no pueden hacer fuegos?
-Papá y tía Alinath no son Viajeros -dijo Lehr.
-Nosotros sólo lo somos a medias, y tenemos Órdenes -se defendió Rinnie acalorada.
Seraph alzó una mano.
-Un momento. Veamos. Hum. Sí. Lehr tiene razón, las Órdenes pertenecen sólo a los Viajeros. O eso es lo que siempre pensé, hasta que conocí a vuestro padre. Tier es Búho… lo que significa Bardo. He pensado mucho con el paso de los años, pero la única explicación que tengo es esta: el viejo Cuervo que me enseñó me dijo que las Órdenes no pasan de padres a hijos como los rasgos en los caballos. Se adhieren a los que convienen a sus propósitos en el momento del nacimiento. -Sonrió para sí. Su viejo maestro, Arvage, se habrían sentido ultrajado antes la mera sugerencia de que una Orden pudiera adherirse a alguien ajeno a los clanes Viajeros.
Se aclaró la garganta.
-En los clanes Viajeros, el Búho es responsable de registrar la historia de los clanes porque uno de sus talentos es la memoria. Pero también dispone de la música… y la música siempre ha sido parte de Tier.
-Tenéis más preguntas. -Seraph, chasqueó la lengua entre los dientes mientras repasaba sus recuerdos-. Los Halcones rastrean y tiene cierta afinidad con las armas. Los Cormoranes pueden predecir… y, si tienen cuidado, controlar el tiempo. Hay más cosas, pero no las sé todas. Algunas cosas cambian de una persona a otra; esas cosas tendréis que descubrirlas solos. Otras -Se encogió de hombros- puede que eventualmente encontréis a alguien que os las enseñe.
-¿Qué hay de la tía Alinath? -preguntó de nuevo Alinath.
-Tu tía es exactamente lo que parecer… una panadera solsenti.
-¿Qué significa solsenti? -preguntó Jes bruscamente.
-Gente estúpida -dijo Rinnie con una sabiduría presuntuosa-. Especialmente tía Alinath.
Seraph dijo:
-Deja de reírte, Lehr, En el dialecto Viajero solsenti significa alguien que está ciego o lisiado, pero la mayoría de nosotros lo utilizamos para referirnos a cualquiera que no sea de sangre Viajera. Ahora, ¿qué más quieres preguntar, Rinnie?
-Jes -dijo Rinnie
-Jes es Guardian.
-Y Guardián está lejos de ser humano -interrumpió Jes con amargura-. Llevan el espíritu del demonio y lo atan a su voluntad. Por la noche soy así. -Se levantó y dejó que su capa cayera mientras se alzaba ante ellos, revelándose ante la luz que sostenía Rinnie. En un momento era un humano como cualquiera de ellos, y entonces su silueta fluctuó y se oscureció. Una pantera del tamaño de Gura estaba de pie ante ellos, con sus ojos dorados titilando con una luz dudosa.
Era la velocidad del cambio lo que solía decir a Seraph si lo que veía era una ilusión o era real. Esta vez estaba bastante segura de que la pantera era sólida y no salida de sus miedos.
-El Guardián es el protector del clan -dijo Seraph con calma-. Cuando acecha el peligro, en los bosques, en la oscuridad, se adapta para protegernos. Ninguna magia funciona contra ellos excepto la suya propia. A la luz del día… y no estoy hablando sólo del sol, sino en momentos de seguridad… el Guardián duerme, llevándose parte de Jes con él.
Rinnie devolvió la luz a Lehr y dio toda la vuelta a Jes con los ojos desorbitados. Seraph pudo ver que su hijo se encogía bajo esa firme mirada, aunque no movió ni un pelo… pero ella tenía más confianza en Rinnie que Jes.
-Eres hermoso -dijo su hija con respeto, extendiendo la mano para tocar el pelaje negro grisáceo.
Lehr observó al felino estrechamente, luego se rio.
-¿Qué? ¿Esperabas que saliéramos corriendo y gritando, Jes? Nadie que se haya criado con tía Alinath podría tener miedo de un simple demonio.
-¿Tampoco puedo convertirme en una pantera? -preguntó Rinnie lastimera, mientras se sentaba junto a Jes.
-No, sólo Jes -contestó Seraph.
Lehr frunció el ceño.
-Si hubiera sabido esto no me habría enfadado tanto cuando te largabas al bosque todo el tiempo -le dijo a Jes-. Sospecho que nos llevará a todos unos días entender lo que madre nos ha contado esta noche. -Hizo una pausa, luego dijo lo importante-. Creo que tienes que saber que me alegro de que seas mi hermano, de día o de noche.
-¿Ni siquiera puedo tener colmillos? -preguntó Rinnie.
El felino soltó un bufido de risa y cambió a una forma más familiar
-No, Rinnie, Nada de colmillos para ti. -Extendió el brazo y le alborotó el pelo-. Pero no te preocupes. Si quieres que muerda a alguien por ti, lo haré.
Jes se echó hacia atrás sobre los talones, aunque no se relajó lo bastante para sentarse.
-Papá me dijo que debía contároslo a todos, pero yo no quería. No quería que me tuvierais miedo.
Seraph le frunció el ceño.
-Tú eres más listo que eso -dijo-. No importa lo que piensen realmente, van a tener un poco de miedo. -Se giró hacia el resto para explicarse-. El miedo es uno de los dones del Guardián. Si quiere, puede provocar el pánico en los caballos o los seres salvajes. No es que tengáis miedo de él, sino que él dispara vuestros miedos.
Seraph sonrió con un repentino recuerdo claro.
-Mi hermano mayor era Guardián -dijo-. Tenía un perverso sentido del humor. Solía acechar a la gente por el bosque. Llegaban a nuestro campamento jadeando de miedo e intentando no demostrarlo, porque no había nada que temer. Mi abuelo solía regañarle. -Sacudió la cabeza con diversión ante el recuerdo de su abuelo, aquel el hombre encorvado, sacudiendo el dedo hacia su hermano, tan feroz y alto. Podía haber roto al viejo como si fuera una ramita, pero en su lugar se quedaba allí, con la cabeza inclinada mientras su abuelo le aleccionaba… y unas cuantas semanas después otro vagabundo aterrado se aproximaba a su campamento.
-Por eso Olbeck salió corriendo -dijo Rinnie-. Jes le espantó de veras.
Seraph asintió con la cabeza.
-Si fue sólo el miedo, recordará haber huido, pero no por qué tuvo miedo. Eso le enfadará. Tendrá que probarse a sí mismo. Precaución.
-Madre -dijo Lehr-. ¿Por qué nos estás contando lo de las Órdenes ahora?
-Es ese sacerdote que el nuevo Sept trabajo de Taela -dijo Seraph.
-No me gusta -dijo Jes de repente.
-¿Le has conocido? -preguntó Seraph, sorprendida; Jes apenas iba al pueblo.
-Le vi montando con la partida de caza del nuevo Sept -respondió-. No me gusta.
-Bien -dijo-. Me gustaría que todos le evitarais si podéis. Hay algo… raro en él.
-¿Qué? -preguntó Lehr con una súbita sonrisa-. ¿Se convierte en pantera o produce una luz de la nada?
Ella devolvió la sonrisa, pero negó con la cabeza.
-Me preocupa -explicó lo que el sacerdote le había contado sobre sus creencias.
Lehr sacudió la cabeza como había hecho ella.
-¿Quieres decir que todo un atajo de solsenti… posiblemente magos solsenti, por la magia que han utilizado para levantar su templo… han empezado una religión basada en las Órdenes de los Viajeros?
Ella asintió.
-Creí que debíais saber la verdad de lo que sois antes de que él se las arregle de algún modo para arrinconaros y alimentaros con el embrollo que él y su religión han engendrado. -Dudó-. Debería habéroslo dijo antes… y hay algo más. Nunca antes me he preocupado por ello, porque los Viajeros no creen en el destino como los que viven aquí. -Y porque Tier siempre la había hecho sentir como si ningún mal pudiera afectarles-. Durante generaciones las Órdenes han ido desvaneciéndose entre los Viajeros. Aun así, ¿del matrimonio de una Viajera y un solsenti con Orden, el primer solsenti con Orden del que haya oído hablar nunca, han salido tres niños Ordenados? Mi abuelo decía. “Donde se conceden grandes dones acontece un gran mal”. Quiero que todos tengáis cuidado.
Jes se puso en pie de forma fluida, toda su atención estaba puesta en la casa.
-Madre, alguien se acerca a caballo a la casa.
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FANTASTICA / Re:LA SOMBRA DEL CUERVO, Capítulo 4
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 24, 2018, 05:29:50 am »
Seraph soltó un suspiro de alivio. El cuello del arnés que le encajaba a Skew estaba falto de cuidados, pero el cuero sólo estaba muy seco, no agrietado. Si se hubiera agrietado habrían tenido que esperar a que volviera Tier con Frost antes de empezar a arar.
Aceitó el cuello con cuidado hasta que el cuero quedó flexible bajo sus dedos. Luego volvió su atención al arnés. Desató las tiras de cuero que lo mantenían unido y aceitó cada pieza al hacerlo, organizando cuidadosamente las tiras sobre el suelo recién barrido del cobertizo para poder volver a montarlo cuando terminara. Desarmado, el arnés parecía trozos aleatorios de cuero.
La primera vez que ella y Tier lo habían deshecho y aceitado, creyó que nunca volverían a montarlo correctamente. Hasta Tier se había asombrado de que lo lograran. Una sonrisa tiró de la comisura de sus labios cuando recordó el aspecto de su cara cuando le había llamado pidiendo ayuda. Tal vez si hubiera sido él quien lo había desarmado hubieran tenido más posibilidades. Al final habían sacado a Skew y habían montado el arnés encima de él pieza a pieza.
Desde su caja en el establo, Skew resopló hacia ella. Estaba frustrado porque alguien estaba suficientemente cerca para verle, pero no tanto como para prestarle la atención debida.
-¿Recuerdas la cara del mayordomo el primer año cuando vino y vi los surcos que habíamos arado? -No el actual mayordomo, sino su tío, que había sido un hombre amable-. No había dos líneas rectas en ninguna parte. Ninguno de nosotros había arado nunca un campo.
El mayordomo había acudido a la mañana siguiente y trabajado lado a lado con Tier durante todo el día. Había convertido en una costumbre pasarse de vez en cuando a lo largo de la estación, para echar una mano y dispensar algún consejo.
Skew resopló una súplica suave hacia ella, así que Seraph dejó en el suelo el arado y se limpió las manos en la falda ante de frotar la cara de Skew. El aceite oscuro se limpiaría de su falda mejor que de los parches blancos de Skew.
-Cómo odiaba el viejo mayordomo verte con este arnés -dijo al viejo castrado-. Se ofreció a comprarte, ¿sabes? Ofreció dos caballos entrenados para la granja porque pensaba que era un desperdicio que un caballero con tu pedigrí tuviera que tirar de un arnés. Tier dijo que un buen soldado odiaba la guerra, y que tú eras un buen soldado, así que la granja estaría bien para ti.
Le frotó el puente de la nariz justo frente a la oreja, y sonrió cuando él inclinó la cabeza de lado y cerró el ojo con placer.
-No te importó tirar del arado más de lo que te importó tirar de mi carreta, ¿verdad? -Sonrió otra vez-. Tier dice que el mejor caballo de guerra es el que hace lo que le piden.
Skew frotó la cabeza contra ella, haciéndola retroceder un paso.
-¿Qué te parece a ti? -preguntó Seraph con suavidad-. ¿Estoy viendo problemas donde no los hay? ¿Cuánta amenaza puede suponer un sacerdote desencaminado? Si les cuento a mis hijos lo que son, eso los cambiará para siempre.
-Debería habérselo contado hace mucho -susurró-. Tier me lo dijo. Pero ellos merecían una oportunidad… de inocencia. -Cerró los ojos y descansó la cara contra el cuello del viejo caballo, respirando el olor a sudor y paja de su piel-. Sin embargo, creo que ya es hora, viejo amigo.
Se apartó.
-Tienen que saber qué son. No tengo ningún derecho a ocultárselo y el sacerdote es una buena excusa. -Asintió con la cabeza bruscamente-. Gracias. Tu consejo siempre es correcto.
Terminó con el arnés, inspeccionó el arado y no encontró ningún daño significativo a causa del invierno pasado en el granero, luego volvió a la cabaña y comenzó a amasar el pan para hornearlo, dejando a un lado un poco de masa para hacer pan frito para picar tras la cena.
Acababa de sacar el pan para que se enfriara cuando Jes, Lehr, y Rinnie entraron por la puerta con tres truchas gordas, limpias y listas para cocinar.
Seraph echó un largo vistazo a la cara magullada de Lehr, la ropa desgarrada de Rinnie y el lugar donde su pelo había sido cortado en un tajo. Sólo entonces cogió el pescado que Lehr le ofrecía.
-Jess y yo encenderemos el fuego y ahumaremos estos dos -dijo Lehr apresuradamente y se retiró fuera con su hermano.
Conteniéndose a duras penas, Seraph colocó la trucha en la teja del horno, la saló, y la rellenó con cebollas y hierbas. Después de envolverla apretadamente en hojas, utilizó una piel para colocar la teja sobre el carbón del fuego bajo el horno. Puso la herramienta en su lugar, se sacudió las manos, y se giró hacia su hija.
-Ahora -dijo-. ¿Qué acaba de pasar hoy?
Rinnie cogió un trapo y empezó a limpiar la mesa.
-Tuvimos un pequeño problema con Storne y sus amigos… Olbeck, el hijo del mayordomo, y Lukeeth. Me quedé enganchada en una zarza y tuve que cortarme el pelo para liberarme. Pero apareció Jes y los otros chicos salieron corriendo.
-Madre -dijo Rinnie, mirando con dureza innecesaria la superficie que estaba limpiando-. Hay algo raro en Jes. Quiero decir, no le hizo nada y Olbeck salió corriendo como un conejo asustado. ¿Alguna vez Jes ha hecho daño a alguien?
Seraph se quitó el delantal y se frotó las mejillas, caldeadas por el trabajo en el horno. Desde luego es el momento para unas cuantas verdades, pensó, pero no ahora mismo.
Proporcionó a Rinnie parte de la verdad.
-Nuestro Jess es diferente, es fuerte y rápido con los puños… tu padre se ocupó de eso. Olbeck salió mal parado de un encuentro con Jes no hace mucho.
Después de la cena, pensó Seraph. Hablaremos después de la cena.

*****

-Esto estaba tan bueno como cualquiera cosa que puedas encontrar en la mesa del emperador -declaró Rinnie, pescando el último trozo de su pescado.
-Gracias a los valerosos pescadores -coincidió Seraph, ya levantándose y limpiando.
Llevaba mucho tiempo intentando que sus hijos encajaran en la vida del pueblo, y esperado que fueran felices allí, libres de la interminable tarea de proteger a gente que temía y odiaba a los Viajeros más que a las cosas contra los que luchaban los Viajeros. Esta noche esa inocencia acabaría… pero no era justo ocultarles su propia verdad al tiempo que sus secretos.
-Rinnie -dijo Seraph, de repente impaciente por hablar-. Trae la cesta de pan frito con una jarra de miel. Creo que tenemos que daremos un paseo y buscaremos un buen lugar para hablar.
-Pronto se hará de noche -dijo Jes, que parecía suavizado.
Seraph le lanzó una mirada directa.
-Creo que eso podría ser justo lo que necesitamos. Tengo algunas cosas que discutir con todos vosotros que serán más fácil en el prado que hay sobre la granja… y unas cuantas de esas cosas serán más creíbles en la oscuridad del bosque que aquí.
-Madre… -empezó Lehr, pero Seraph negó con la cabeza hacia él.
-Ahora no. Demos un paseo.
Jes tenía razón; para cuando llegaron al prado el sol se había ocultado tras las montañas. Todavía había bastante luz, pero Seraph se alegraba de la calidez que proporcionaba su capa en la noche fresca.
Siguiendo sus instrucciones, sus hijos se sentaron en un semicírculo suelto y dividieron el pan frito, consumiéndolo como lobos voraces, incluso Lehr. Los dulces no era algo común para ninguno de ellos.
-No os he contado mucho sobre mi familia -comenzó Seraph de repente.
-Eran Viajeros -dijo Rinnie-. Todos excepto tu hermano mayor, Ushireh, murieron en una plaga traída por un Viajero al que acogieron una noche. Y cuando mataron a Ushireh, Papá te rescató cuando eras algo más joven que Lehr y Jes. Y tú volaste por los aires la panadería y Papá dijo que estabais casados antes de que fuera cierto para salvarte otra vez. Y también sé lo de los Magos Ancestrales. Llamaron al Acechador y luego mataron a todos los que vivían en la ciudad para contenerlo. Pero no funcionó tan bien como esperaban. Así que desde ese momento los Viajeros han tenido que luchar contra el mal que emana de la ciudad.
Seraph se rio.
-Cierto. Pero hay más que no os he contado. -Miró uno a uno a sus hijos por turnos-. Entended que esta fue mi decisión, no la de Tier. Yo no quería que conocierais a mi gente. Quería que encajarais con la gente de vuestro padre, pero… hay cosas que tenéis que saber.
Tomó un profundo aliento.
-Ya sabéis que soy una maga.
-Pero no haces ninguna magia, Mamá -dijo Rinnie de repente con tono plañidero-. La tía Alinath dice que no existen los magos, que sólo hay gente que es buena haciendo creer a otros que ven magia en simples juegos de manos.
Jes empezó a reírse. No fue su acostumbrada risa profunda y alegre, sino algo bajo y para nada divertido.
Rinnie le miró y se alejó un poco de él.
-Jes, no es culpa suya -regañó Seraph amablemente antes de mirar a Rinnie-. Me temo que tu tía se equivoca… y ella bien lo sabe. Estaba allí cuando volé la panadería… tu padre también estaba allí. Y a pesar de lo que puedes haber oído, no todos los Viajeros son magos, y no todos los magos son Viajeros.
-Recuerda las historias que nos cuenta Papá, Rinnie -dijo Lehr-, sobre los magos del ejército.
-Cierto -coincidió Seraph-. Pero yo soy una clase especial de mago… un Cuervo.
El poder frío se deslizó sobre la piel de Seraph como la caricia de un amante mientras encendía un fuego de mago en la palma de su mano. Cuando la magia se estabilizó tomó la mano de Lehr y puso la luz en su palma, donde titiló alegremente.
-Dejad que os cuente la historia desde el principio -dijo Seraph-. Había una vez una gran ciudad de magos que eran arrogantes en su poder. Cegados por el orgullo, dieron vida al Acechador, un gran mal. Para contener ese mal sacrificaron la ciudad entera, y a todos los no magos residentes en la ciudad, hombres, mujeres y niños… incluyendo a sus propias esposas, maridos, e hijos.
Tomó un profundo aliento y cerró los ojos, intentando oír la cadencia de la voz de su padre para no dejarse nada.
-Cuando los magos sacrificaron su ciudad para cegar al Acechador, el coste de la magia que tejieron mató a todos excepto a unos cuantos de los magos más poderosos y la mayoría de los muy débiles. Los supervivientes no tenían virtualmente nada excepto la ropa que llevaban encima. Al principio, pensaron que con eso sería suficiente, pero el mundo no es amable con la gente que no tiene ningún lugar propio. Con el paso de los años y viendo que su gente menguaba, los magos de Colossae que quedaban discutieron lo que podía hacerse.
Sonrió con algo de amargura.
-Arrogantes en su conocimiento y poder, incluso con su ciudad sellada y muerta a sus espaldas, los magos todavía se entrometían donde no debían. El Acechador estaba enjaulado, pero a medida que pasaba el tiempo las barras de esa jaula se soltaban. Los magos decidieron que sus descendientes, sin tener a Colossae para alimentarlos y educarlos, no serían capaces de aguantar contra lo que habían creado, así que decidieron alterar a sus hijos y darles poderes menos dependientes del aprendizaje. Crearon las Órdenes.
-Yo soy maga -dijo-. Hay otros Viajeros magos que se parecen mucho a los magos del emperador que ayudaron a Tier a luchar contra el Fahlar. Pero yo pertenezco a la Orden del Cuervo. No necesito hechizos complejos, no necesito robar poder a otros magos para realizar magia. Puedo hacer cosas que no han sido escritas en un libro ni tienen que memorizarse. Pero el Cuervo solo es una de las seis Órdenes otorgadas a los Viajeros.
Jes se había retirado de su familia hasta que su cara quedó oculta de la luz del fuego mágico. Seraph se alzó de rodillas y se estiró hasta tocarle el brazo ligeramente.
-Tranquilo, Jes -dijo-. No eres sólo tú… y lamento haberte dejado pensar que era así. Tu don es simplemente más difícil de ocultar.
El don de Jes era tan terrible que no había nada que ella pudiera hacer para protegerle, como había hecho con sus otros hijos.
Cuando él volvió a regañadientes donde estaba antes, se sentó y dijo:
-Yo soy un Cuervo. Pero también están Bardo, Sanador, Cazador, Bruja del Tiempo, y Guardián. Pero, como Magos, llamamos a las Órdenes por los pájaros que representan a cada una porque resulta menos confuso. Normalmente a los hechiceros también se les llaman magos, pero los Cuervos son la Orden del Mago. Las otras cinco órdenes son: Bardo es el Búho; Sanador es la Alondra; Cazador es el Halcón; Bruja del Tiempo es el Cormorán; y Guardián es el Águila.
Los observó atentamente, pero parecían estar siguiendo sus palabras, así que continuó.
-Mi padre me dijo que hubo un tiempo en el que las Órdenes eran más comunes. Entre mi clan, en mi generación, sólo tres de nosotros estábamos ligados a una Orden, Cuervo, Águila, y Halcón. Otros clanes tenían menos… y sólo conocía a una Alondra viva cuando abandoné los clanes, y era muy vieja.   
Seraph cogió aliento y se preguntó cómo decir lo siguiente.
-Imaginad mi sorpresa, cuando todos vosotros nacisteis ligados a una Orden.
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FANTASTICA / LA SOMBRA DEL CUERVO, Capítulo 4
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 24, 2018, 05:29:21 am »
CAPÍTULO 4
-Vosotros id a atrapar algún pez para la cena -Seraph animó con movimientos a Lehr y Rinnie-. Yo me ocuparé de los platos del desayuno y prepararé el equipo para la siembra. Habrá suficiente trabajo duro para todos en las próximas semanas, y nos queda poca carne salada. Al menos yo me alegraré de tener alguna trucha. Preparaos un almuerzo y coged lo que podáis.
-¿Qué hay del estofado que hicimos con el conejo de Jes ayer, Madre? -dijo Lehr-. Queda bastane. Comprobar el arnés no llevará todo el día; deberíamos empezar con los campos lo antes posible.
-Mañana es suficientemente pronto para arar -replicó Seraph con firmeza-. Gura se comió lo que quedaba del estofado esta mañana. -O lo haría tan pronto como ella lo alimentara. Necesitaba tiempo y silencio para pensar.
-Papá no te dejaría desprotegida -dijo Lehr, claramente desgarrado entre el deber y el placer.
Rinnie le tiró de la manga.
-Creo que Gura es suficiente para asustar a cualquiera… ya sabes cómo se pone con los desconocidos. ¿Y con qué frecuencia viene gente hasta aquí arriba?
Lehr apretó la mandíbula.
-No he visto a Jes esta mañana -dijo.
-Pasó la noche en los bosques -replicó Seraph-. Espero que vuelva esta noche. Si le veis, podríais decirle que hoy estoy horneando pan.
-Entonces vuelve seguro -dijo Rinnie. Ella ya estaba recogiendo queso y galletas en una tela y estaba ocupada en atarla-. Vamos, Lehr. Si no salimos pronto, los peces no picarán.
La resolución de Lehr se rompió. Besó a Seraph en la frente, agarró el brazo de su hermana, y se dirigió al granero, donde guardaban los aparejos de pesca.
Seraph sonrió a sus espaldas y se giró para lavar los platos del desayuno y empezar a hacer la masa para el pan.

*****

-¿No vamos al río? -preguntó Rinnie, levantándose las faldas para subir a una elevación detrás de Lehr. No era frecuente que la dejaran unirse a las expediciones de pesca. Normalmente iba sólo Lehr, o algunas veces Lehr y Jes. Cuando ella salía, tenía que ir con Papá o Madre.
-No al principio. He pensado que podríamos probar en el arroyo. Jes me mostró un buen lugar donde dice que a las truchas les gusta el sol. Aún no lo he intentado allí, pero…
-Pero si Jes dice que es bueno, seguro que cogemos algo -contestó Rinnie alegremente.
La piel suave de la suela de sus zapatos resbaló sobre la roca, y Lehr se giró y la cogió del hombro para estabilizarla antes de que cayera.
-Un poco más de cuidado -dijo Lehr severo-. Las piedras todavía están mojadas por la nieve. No quiero llevarte de vuelta muy herida.
Rinnie le hizo burla a sus espaldas y luego prestó más atención a sus pies para que no tuviera que ayudarla de nuevo. No era un mal hermano mayor… si al menos dejara de intentar ser Papá.
Rinnie observó la espalda de su hermano mientras este navegaba zigzagueando entre viejos árboles caídos. Durante el año pasado la camisa se había llenado de músculos duros y los hombros se habían estirados hasta tensarla. Pronto necesitaría una nueva camisa. Suspiró; sabía quién tendría que coser esa camisa. Madre podía coser, pero no le gustaba hacerlo.
Se preguntó cuándo se encontrarían con Jes. Siempre que había salido a los bosques sin él, terminaba encontrándole antes o después. A Lehr le gustaba decir que era lo único predecible en Jes.
Jes trabajaba duro, pero era muy probable que dejara el arado en medio del campo, con caballo y todo, si le daba por ahí. Siempre era peor en primavera. Papá decía que era porque la nieve de invierno le mantenía demasiado confinado.
En medio del verano Jes limitaba sus expediciones a una noche de vez en cuando, en vez de ser diarias. El año pasado en la cosecha, había trabajado casi todo el tiempo.
Por delante de ella, Lehr salió de la senda de ciervos que habían estado siguiendo, comenzó a bajar la cuesta empinada hasta un barranco y empezó a patinar colina abajo. Más o menos hacia la mitad tuvo que frenar y esquivar los arbustos que casi llenaban la parte baja. Las ramas engancharon las faldas de Rinnie y se quedó algo atrás con respecto a Lehr, que ya habían abandonado la cuesta y estaba empezando a remontar el valle. Intentó darse prisa y terminó con el pelo enredado en las espinas de un rosal silvestre.
-Espera -gritó, y empezó a trabajar en liberar el mechón errante con tirones impacientes que empeoraron el enredo más que liberarlo.
-¿Espera? -dijo una voz masculina interesada desde el risco opuesto al que ella y Lehr habían recorrido para llegar hasta allí.
Alzó la mirada para ver a Storne, el hijo del molinero, con un par de chicos que corrían con premura hacia ella. Su padre siempre decía que el molinero daba a Storne demasiado poco que hacer. Deja a un joven sin tareas, y hará en su lugar alguna travesura, decía.
Entonces Papá la miraba y le decía que se mantuviera lejos de Storne y los demás chicos que iban con él, sin importar lo amable que fuera cuando se lo encontraban en el molino, porque por impresionar a sus amigos un chico haría cosas que no haría estando solo. Los chicos que Storne llevaba con él ese día no eran ningún premio: Olbeck, el hijo del mayordomo, y Lukeeth, cuyo padre era uno de los comerciantes más ricos de la ciudad.
Rinnie sacó el cuchillo de la funda de su cinto y se cortó el pelo, apartándose de los arbustos. No hizo ningún movimiento para marcharse, porque nunca se huía de los depredadores. El cuchillo permaneció en su mano como si lo hubiera olvidado.
-¿Rinnie? -llamó Lehr impaciente. No debía haber oído a Storne, que no había hablado muy alto.
-Aquí -gritó.
No quería empezar un problema al insinuar que estaba preocupada por Storne y los chicos que la miraban, así que no dijo nada más, pero algo en su voz debía haber alertado a Lehr porque llegó a la carrera aplastando los arbustos. Sus ojos recorrieron los mechones de pelo que colgaban del arbusto y viajaron colina arriba hacia Storne y sus amigos.
-Deberías haberte recogido el pelo -exclamó.
El alivio dio paso al dolor porque la criticara delante de semejante audiencia.
-Bueno, pero si es el pequeño chico Viajero -dijo Lukeeth, de párpados caídos y ligeramente más alto que Storne.
-¿Tu padre sabe que has vuelto a escaparte de tu tutor? -contestó Lehr tan tranquilo que la mandíbula de Rinnie quiso caerse, especialmente después de la forma tan fea en que la había culpado a ella de esta situación. Lehr tenía el genio rápido de Madre y en los últimos años, “chico” se había convertido para él en un insulto.
-Mi tutor no se atrevería a contárselo -se rio Lukeeth-. Yo le diría lo que ese estúpido lleva en su frasca de agua y le despedirían, como al último. ¿Esta es tu hermana? Otra mocosa Viajera, como tú.
-Es bonita -dijo Olbeck casualmente.
Rinnie comenzó a preocuparse de verdad. Lehr era duro; su padre le había enseñado unos cuantos trucos, y a ella también, ya puestos. Pero Olbeck era casi treinta centímetros más alto que Storne… que era tan grande como Lehr… y no tenía el aspecto suave que tenían la mayoría de los chicos del pueblo. Ella no pudo interpretar su tono de voz, pero hizo reír a los otros chicos de forma más depredadora que feliz.
-He oído que te has estado dedicando a dirigir a carroñeros, Storne -se burló Lehr antes de volverse hacia el cabecilla-. Olbeck, creía que habías decidido permanecer lejos de los bosques después de que te tropezaras con Jes el otoño pasado.
Un sonrojo invadió la cara de Olbeck. Lukeeth soltó una risita, pero lo dejó cuando Olbeck le miró fijamente.
-Depredadores, no carroñeros -dijo Olbeck-. Sólo estás enfadado porque Storne ha decidido que prefiere cazar con lobos en vez de pastar con ovejas como tú, mocoso Viajero -se burló-. Con respecto a tu hermano… si hubiera comprendido que estaba loco le habría rebanado la garganta aquel día, por piedad, como haría con cualquier otra pobre bestia.
Hasta que las palabras de Olbeck se lo recordaron, Rinnie casi había olvidado que Storne y Lehr una vez habían sido los mejores amigos. Pero había pasado algo hacía varios años, Lehr no había dicho qué, y ya ni siquiera iba con papá al molino.
-Le diré a Jes que quieres volver a encontrarte con él -dijo Lehr complaciente-. Le repetiré tus palabras exactas. Estoy seguro de que quedará impresionado… dado que nunca has tenido más agallas que una vaca. Rinnie, por qué no vas a casa y nos dejas hablar un rato.
-No, Rinnie -dijo Olbeck. Le sonrió-. Creo que preferimos que te quedes aquí. Nosotros dos podemos tener una conversación después de que acabemos de… conversar con tu hermano.
Lehr se giró hacia ella y susurró.
-Corre, Rinnie, ahora. No te pares hasta llegar a casa.
Sabiendo que sin ella allí los demás chicos no estarían tan interesados en luchar, corrió colina arriba tan rápido como pudo sin mirar atrás, con el pequeño cuchillo frío en el puño. La casa no estaba lejos. Si podía llegar al alcance del oído, podía llamar a Gura. Hasta un hombre adulto se lo pensaría dos veces antes de meterse con el enorme perro.
Oyó el golpe apagado de un puño contra carne antes de coronar el barranco. Pero no podía preocuparse por la pelea ahora, porque al menos uno de ellos había conseguido pasar a Lehr y la perseguía por el costado del acantilado. Podía oírle aplastando los arbustos como si fuera un buey.
Cuando alcanzó la senda y su asidero fue más seguro se volvió para mirar y vio que era Olbeck el que había asumido la persecución, y echó a correr tan rápido como nunca.
Con Olbeck siguiéndola, Lehr tenía una oportunidad. Storne era el único de los chicos que tenía suficiente músculo para proporcionar a Lehr una auténtica pelea. Su hermano era duro como un viejo lobo; utilizaría el terreno accidentado como ventaja.
La pendiente de la senda robaba velocidad a sus piernas y el aliento a su pecho, pero no se atrevía a bajar el ritmo. Sus ojos estaban enfocados firmemente en el suelo que había por delante de ella. Cuando alguien extendió la mano y la levantó en vilo pensó que era Olbeck.
Le pateó una vez, antes de comprender que era Jes y quedarse quieta, jadeando en busca de aliento. Él la bajó amablemente, y la expresión de su cara era distinta a cualquiera que le hubiera visto nunca. No tuvo tiempo de comprender qué era diferente antes de que se colocara delante de ella y volviera su atención hacia Olbeck.
-Creí haberte dicho que te mantuvieras fuera de mis bosques -dijo Jes, solo que no sonaba en absoluto como Jes. Una amenaza y una promesa colgaban de su voz. El familiar canturreo suave había desaparecido como si nunca hubiera existido.
-No son tus bosques -dijo Olbeck, que se había detenido a unos cuantos metros senda abajo, aunque no parecía intimidado-. Mi padre es el mayordomo del Sept. Si los bosques son de alguien, son míos.
A salvo detrás de Jes, Rinnie no podía ver la expresión de la cara de su hermano, pero Olbeck palideció.
-Corre, chico -ronroneó Jes-. Mira a ver si puedes huir de tus pesadillas.
Rinnie intentó rodear el hombro de Jes, pero él se movió de lado, manteniéndola a su espalda. Mostrando el blanco de los ojos como un caballo desbocado, Olbeck se giró y corrió.
-Todavía hay dos luchando con Lehr -jadeó Rinnie y luego vomitó.
Fue un lío, y asqueroso, porque tenía que tomar aire entre convulsiones. Jes le apartó el pelo de la cara y esperó a que terminara.
-Has corrido demasiado rápido -dijo él-. ¿Lehr está por ahí abajo?
Ella escupió para quitarse el mal sabor de boca.
-Sí. Hacia el punto de pesca que le mostraste en el arroyo -dijo-. Son Storne y Lukeeth.
Jes la miró, y esa cosa extraña seguía allí… una agudeza que no estaba acostumbrada a ver.
-¿Ya estás bien?
-Sí -dijo ella.
Él asintió con la cabeza y se machó al trote.
Le llevó un momento recobrar el aliento. Tan pronto como supo que no iba a vomitar de nuevo, se puso en pie y siguió a Jes. De algún modo, con Jes aquí, ya no sentía miedo de los chicos del pueblo. No hubiera pensado que Jes, entre todos, la haría sentir a salvo.
Bajar por la senda fue menos exigente de lo que había sido subirla a la carrera. Se abrió paso hasta el lugar donde Lehr había abandonado la senda originalmente justo cuando Jes estaba terminando un deslizamiento controlado hasta el fondo de la cuesta.
Rinnie miró hacia abajo, casi temiendo lo que iba a ver. Pero Lehr estaba a salvo. Sostenía a Storne en una especie de llave misteriosa y Lukeeth yacía casi inconsciente con sangre corriéndole por la nariz.
-¿Rinnie está bien, Jes? -dijo Lehr.
-Estoy bien -respondió Rinnie por sí misma-. Jes asustó a Olbeck. Por la expresión que vi en su cara, apuesto a que no saldrá de su casa en una semana.
-Bien -gruñó Lehr mientras sujetaba a Storne, que luchaba con renovada energía. Esperó hasta que el otro chico se quedó inmóvil-. Has bebido demasiado -dijo Lehr con calma- y pensado demasiado poco. Sólo porque el padre de Olbeck sea el mayordomo eso no le convierte en alguien invulnerable o alguien a quien debas escuchar… tú eres más listo que eso. Puedes intentarlo y... -Hizo una pausa y miró a Rinnie un instante antes de cambiar lo que iba a decir-. Ya oíste a Olbeck. ¿Ahora te gusta “tener conversaciones” con niñas? Mi hermana tiene diez años, Storne. Tú eres mejor que eso.
Era extraño oír a Lehr sermoneando a alguien que no fuera ella o Jes. Podía ver que Storne también sentía que esa voz queda le atravesaba la piel.
Lehr retrocedió y dejó que Storne se levantara. El hijo del molinero se sacudió la ropa y, con una mirada cautelosa hacia Jes, se giró para marcharse.
-¿No te olvidas de Lukeeth? Si le dejas aquí puede que nunca encuentre el camino de salida del bosque -dijo Lehr.
Storne se cargó al otro chico a hombros sin una palabra, y empezó a subir la colina.
-Tú cuidas de tus amigos, me acuerdo de eso -dijo Lehr con suavidad-. Pero la cuestión es, ¿cuidan ellos de ti? Olbeck te dejó aquí con nosotros.
Storne se dio la vuelta, casi perdiendo el equilibrio.
-Al menos ellos saben cómo no irse de la lengua. Al contrario que algunos que yo conozco.
-Vosotros, idiotas, conseguiréis mataros -dijo Lehr explosivamente, como si fuera algo que había mantenido embotellado demasiado tiempo-. Nadar por la noche no es un juego de niños… y hay cosas en el río…
-Cosas. -Storne escupió en el suelo-. Así que fuiste lloriqueando a tu padre que corrió a contárselo al mío. Deja que te diga algo, mocoso Viajero. No sabes ni la mitad de lo que crees saber. Será mejor que te mantengas fuera de mi camino.
Jes posó una mano sobre el hombro de Lehr, pero nadie dijo nada hasta que Storne estuvo en lo alto del acantilado.
-¿Por eso ya no sois amigos? -preguntó Rinnie-. ¿Le contaste a papá que iban a nadar en el río de noche?
Lehr se encogió de hombros.
-Esa fue la excusa. Pero a los amigos de Storne no le gustaba que fuera por ahí con un mocoso Viajero. Me habría dejado tirado antes o después.
-¿Storne te cambió por Olbeck? -dijo ella, sabiendo lo mucho que le dolía eso a su hermano. Sabía exactamente cuánto dolía; había chicas en el pueblo que no le hablaban porque Madre era una Viajera-. Es más estúpido de lo que pensaba.
-Son peligrosos en manada -dijo Jes-. Si Rinnie hubiera estado sola…
Lehr asintió tensamente.
-Cuando vuelva Papá, hablaré con él de esto. Él sabrá qué hacer para que no hagan daño a nadie. -Estiró la mano para apartar la de Jes, que todavía descanba en su hombro-. Volvamos a casa -dijo.
Jes le soltó y recogió los aparejos de pesca que yacían esparcidos por los alrededores, donde Lehr los había dejado caer.
-Pescar sigue siendo buena idea -dijo.
Rinnie le miró, pero el aire de peligro que le rodeaba antes había desaparecido, y parecía y sonaba como siempre, excepto por una cierta frialdad en su voz.
Lehr se tocó el pómulo enrojecido con ternura.
-Supongo que no nos molestarán más. Madre estará bastante a salvo con Gura. -Echó un vistazo más atento a Rinnie-. Estás pálida.
Rinnie le sonrió e intentó parecer menos pálida.
-Estoy bien. Mamá cuenta con que pesquemos la cena. Tú siempre traes uno; no tiene nada más preparado.
Así que siguieron hasta el arroyo y pescaron.

*****

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FANTASTICA / Re:LA SOMBRA DEL CUERVO, Capítulo 3 (Parte 2)
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 24, 2018, 05:26:14 am »
-Supongo que al nuevo Sept le gusta la caza -le dijo-. Algunos de los hombres que el Sept trajo con él desde Taela se quedaron cuando él se fue. ¿Esta caza es algo con lo que debes acabar?
-No -replicó él tras un momento-. El rey del bosque me dijo que él se ocuparía de esos hombres si fuera necesario.
Seraph se estremeció un poco ante el tono de voz de su hijo al decir “hombres”… le decía que su hijo, en este aspecto al menos, no se consideraba a sí mismo uno de ellos.
-Este bosque aún tiene poder para ocuparse de asesinos que cazan por deporte -dijo.
Seraph colocó otro mermora.
-Estabas hablando de Colossae -le recordó él después de que hubiera colocado el mermora que sostenía y volviera a por otro puñado.
-Ah, sí. -decidió que era demasiado problema seguir volviendo así que transfirió todos los que quedaban a la bolsa más grande y la llevó con ella.
-Después de que los magos se marcharan y la ciudad muriera, se decidió que debían encontrarse en secreto cada año. Pero habían hecho un buen trabajo conteniendo el mal, y no había mucha necesidad de magos en aquellos tiempos así que las reuniones comenzaron a tener lugar cada dos años, luego cada cinco.
-Los mermori -buscó y alzó un mermora de aspecto frágil no más largo que su dedo índice- fueron creados por el mago Hinnum y entregados a cada uno de los magos que abandonaban la ciudad. Pasaban al mayor de cada familia y al principio se dijo que numeraron quinientos cuatro. Hasta que la Sombra se hizo con el poder, hace unos quinientos años, cada memora era custodiado por un gran clan, pero cuando el Ejército del Hombre se reunió para luchar contra las criaturas que la Sombra había reunido, los Viajeros estaban al frente de los ejércitos… porque el Acechador, todavía aprisionado en Colossae, controlaba a la Sombra. Más de la mitad del ejército pereció ese día, llevándose con él a la mayoría de los Viajeros que lucharon allí.
-Nunca antes me habías contado esto … que la Sombra había sido causada por lo que los magos ataron en Colossae.
Ella sonrió un poco sombríamente.
-No es algo de lo que hablemos abiertamente. Si la gente supiera que los Viajeros fueron los responsables de la Sombra, desde luego sufriríamos por ello. Incluso algunos de los clanes reclaman que no había conexión entre los dos… o que la Sombra era el propio Acechador y que deberíamos quedar liberados de nuestra tarea.
Colocó otro mermora en el suelo.
-Recuerdo una discusión en la última Reunión a la que asistí. Alguien del clan Fathers propuso dejar de buscar el mal. Dijo cosas como “Destruimos a la Sombra, completamos la tarea que los Antiguos nos encomendaron. Deberíamos establecernos mientras todavía haya buena tierra que reclamar”. Entonces mi padre se levantó y dijo: “La arrogancia siempre ha sido el punto débil del Viajero. La Sombra no era el Acechador, sólo era un hombre corrompido por él. Mi abuelo pasó esta historia a través de su linaje. Cuando el Cuervo que se enfrentó a la Sombra y le redujo a cenizas volvió a su círculo más cercano, y les contó que la criatura a la que había matado nunca había tocado las piedras de Colossae. Luchamos contra el auténtico mal ese día, pero nuestra tarea continúa.
Seraph se rio un poco ante el recuerdo.
-Mi padre era todo un showman. No esperó a que el debate siguiera, salió de la tienda y no habló más al respecto. Mi abuelo siempre decía que, si no discutes, no se puede probar que te equivoques.
-¿Así que tu padre fue la única razón por la que los Viajeros continuaron Viajando?
Seraph negó con la cabeza.
-No… no habría funcionado si hubieran querido realmente asentarse. Fue bastante duro para mí quedarme aquí… y habría seguido a tu padre a través del Reino de la Sombra si hubiera tenido que hacerlo. Quedarme fue más difícil. Los Viajeros se llaman así por algo.
Jes la siguió mientras ella retomaba su tarea otra vez. Jes era bueno con el silencio.
-Recuerdo haber ido a dos Reuniones de niña -dijo ella, sacando otra mermora y colocándolo recto-. Había doscientos treinta mermori custodiados por algo más de doscientos clanes en la primera. Puedo recordar a mi madre apurada por los pocos que eran. Murió antes de que yo fuera a la segunda Reunión, cuando tenía trece años. Había menos de cien entonces… y muchos clanes llevaban más de uno.
El mermora más grande lo había dejado para el final, habiendo reservado una gran esquina del prado para él.
-Los mermori son demasiado peligrosos para permitir que existan sin salvaguardas, así que Hinnum los hechizó para que, eventualmente, encontraran su camino hasta las manos de los parientes mayores de aquellos que habían muerto y dejado los mermori perdidos.
-Madre -dijo Jes, después de un rato-. Hay doscientos veinticuatro mermori aquí.
-Lo sé -susurró ella-. Los he ido adquiriendo de tanto en tanto, unos pocos cada vez desde que me casé con tu padre. Hoy compré ochenta y tres a un buhonero.
-Ochenta y tres -dijo él, perdiendo momentáneamente el aura de peligro que llevaba a causa de la sorpresa-. ¿Cómo los pagaste? Son de plata sólida y valen más de…
-La gente no siempre ve que son de plata -dijo ella, intentando medir la distancia para el más grande… seguía perdiendo la cuenta-. Algunas veces parecen de hierro o incluso de madera. A la mayoría de la gente les disgusta su visión. Pagué seis cobres por ellos, y el comerciante que me los vendió pronto olvidará qué compré exactamente, excepto que salió ganando con el trato.
-Ah -dijo él y caminó a su lado un rato, fundiéndose gradualmente con la oscuridad hasta que ella ya no pudo verle si le miraba directamente.
Captaba vistazos de él a veces, cuando miraba de reojo. Algunas veces veía a un hombre que se parecía a su marido, pero más peligroso. Otras, veía un animal oscuro rondando a cuatro patas. A veces si giraba la cabeza y le miraba directamente mucho rato, él desaparecía en la noche. Sólo era una ilusión, lo sabía, aunque él podía tomar la forma del animal que escogiera. Pero ilusión o no, resultaba desconcertante.
-¿Qué hacen? -preguntó él al fin.
Ella colocó el último.
-Te lo mostraré. Ven conmigo.
El prado estaba en una loma y llevó a su hijo a un punto más alto. Nunca antes había hecho esto con tantos. En las Reuniones, los mayores de todas las familias se colocaban en círculos y cantaban juntos.
Ella alzó ambas manos y gritó imperiosamente.
-Ishavan shee davenadre hovena Hinnumadraun.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se había permitido a sí misma realizar tanta magia. Sólo llevaba a cabo magia menor de vez en cuando… cuando plantaban sus cosechas, y cuando protegía la granja para mantener alejadas a las criaturas más peligrosas de las montañas.
Incluso después de tanto tiempo, la magia acudió ansiosa a su llamada, resonando en sus huesos hacia el suelo, reverberando a través de la tierra, pudriendo la vegetación, y los brotes recién nacidos de hierba.
Jes soltó un gruñido alarmado cuando el prado se iluminó con las ventanas de doscientas veinticuatro casas. Algunas más pequeñas que su cabaña, pero la mayoría más grandes que las mayores casas de Redern. Por casualidad había puesto dos de tal modo que se superponían la una sobre la otra, compartiendo una pared… parecía tan correcto que Seraph se preguntó si las casas podrían haber tenido una localización igual de cercana en Colossae. En la misma esquina del prado se alzaba un pequeño castillo. La arquitectura de las casas era decididamente extranjera, las ventanas abiertas y redondeadas, los tejados cubiertos con una especie de tejas de cerámica verde.
-Todo está bien -tranquilizó a Jes, aunque sus ojos estaban fijos en el castillo-. Todos son ilusiones. Los magos sólo podían llevarse los artículos más necesarios porque no podían arriesgarse a advertir al enemigo y que huyera. No podían llevarse sus bibliotecas… Así que Hinnum creó los mermori, que recordaban los hogares de los magos tal como eran en Colossae hace tanto tiempo. Ven conmigo.
Condujo a su hijo hasta una de las casas más pequeñas, una de ladrillo no mayor que la panadería de Alinath, aunque mucho más grácil. Las puertas de ébano estaban más gastadas cerca del picaporte, dando testimonio de la edad del edificio.
-Este era el mermora que mi padre llevaba después de su padre. Pertenecía a Isolda la Silenciosa, que murió cuando sellaron la ciudad. -Seraph accionó el picaporte de la puerta, sintió el metal frío contra sus dedos. La puerta se abrió con un suave gemido, y entró dentro.
-¿Ilusión? -preguntó Jes, entrando junto a ella. La luz de las lámparas de aceite de Isolda mostraba a un hombre joven en vez de a una bestia-. Puedo oler a aceite y hierbas… algunas las conozco, como el anís, beleño, pero hay muchas que no puedo identificar.
-Hinnum era un gran ilusionista. Las leyendas dicen que tenía cuatrocientos años cuando cayó la ciudad -dijo, pasando los dedos sobre el chal familiar que colgaba pulcramente del respaldo de una silla, como si esperara a que Isolda volviera de algún recado.
-Pero todo esto es una ilusión. -Se giró hacia su hijo-. Si llueve fuera y entras, no sentirás la lluvia… pero cuando sales está mojado. Si te estás congelando hasta morir y entras, sentirás calor y seguirás muriendo de frío.
-¿Cuánto hace que murió la ciudad? -preguntó Jes, tocando una mesa tallada.
Por un momento Seraph se permitió a si misma ver la casa nuevamente, reconociendo lo ajena que le parecería a él. Tal vez la casa de un lord estaría amueblada con mesas de madera y estantes pulidos como la superficie de un lago sin viento, pero nadie que viviera en Redern poseía semejantes tesoros.
-No estoy segura -contestó-. Mucho antes de que apareciera la Sombra… y eso fue hace seiscientos años si las historias que acreditan que reinó cien años son correctas. Colossae era una ciudad con más de un millón de personas, tres veces el tamaño de Taela, y sólo los Viajeros recuerdan su nombre.
-¿Dónde está?
-No lo sé -respondió Seraph-. No importa. La ciudad está protegida contra intrusos.
-¿De verdad?
-Por lo que yo sé la ciudad sigue allí… si no fuera así, el Acechador estaría libre. La gente murió junto con las cosas menos tangibles que conforman una comunidad y los huesos de la ciudad sellaron la prisión del Acechador.
Jes se dio la vuelta donde estaba, examinando una de las paredes que contenía un mural que mostraba una escena de un bosque.
-Si todo esto es una ilusión, ¿entonces por qué los antiguos magos estaban tan preocupados por los mermori?
Seraph sonrió y se dirigió a un umbral estrecho. La habitación del otro lado era dos veces más grande que la primera y las paredes estaban cubiertas de estanterías de libros.
-Esto es lo que intentaban salvar… dentro de estos edificios está todo lo que sabían sobre magia. Pero muchos de los idiomas en los que están escritos los libros se han perdido. Yo sólo conozco cuatro o cinco. Mi padre sabía más… y me temo que se perdieron con él, y con los demás que se ha ido, porque yo custodio casi la mitad de los mermori que se hicieron.
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FANTASTICA / LA SOMBRA DEL CUERVO, Capítulo 3 (Parte 2)
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 24, 2018, 05:22:02 am »
La tierra que Seraph y Tier labraban estaba en un diminuto valle en las alturas, la mayor parte del cual era demasiado rocoso para ser plantado. No tenían ningún vecino cercano. Había sido virgen cuando ellos habían llegado como desconocidos recién casados.
Desde su situación ventajosa en la cima de una colina sobre el valle, Seraph luchó por contener la sensación de que todo volvería a ser salvaje en una década… no era ninguna vidente, sólo estaba cansada. Ajustó su carga y comenzó empezó a bajar por la débil senda.
Los árboles dieron paso a la hierba y los campos. Tan pronto como empezó a recorrer el camino hacia la cabaña, un ladrido alegre precedió a Gura, que se lanzó senda arriba para darle la bienvenida a casa.
-Hola, perro tonto -dijo, y él comenzó a rodar ante sus pies extasiados porque ella le hubiera reconocido, ensuciando su pelaje espeso de barro primaveral.
Era enorme y negro, cubierto de pelo que necesitaba asearse. Tier lo había traído a casa del pueblo una noche en que había vuelto con un ojo morado y un cachorro asustado medio muerto de hambre y con unas patas enormes. Siempre recogiendo descarriados, ese era su marido.
Seraph contuvo las lágrimas, y sacudió la cabeza hacia el perro.
-Vamos, Gura, veamos cómo le ha ido a mis muchachos por su cuenta todo el día.
El enorme perro se puso en pie y se sacudió, salpicando barro. La acompañó a la caballa con solemne dignidad.
Con la bienvenida de Gura para advertir a su familia, a Seraph no la sorprendió encontrar a Lehr y Rinnie trabajando tranquilamente en la cabaña.
-¡Ma! -dijo la menor con un tono de alivio supremo-. Lehr es muy mezquino. Me chilló cuando ya estaba haciendo lo que me pidió que hiciera.
A sus diez años, Rinnie había adoptado recientemente el papel de árbitro e informadora familiar… que estaba teniendo los resultados esperados con sus hermanos. Se parecía más a Seraph que ningún otro miembro de la familia… al menos en apariencia. Rinnie era bajita y con el cabello pálido de Seraph que destacaba entre el oscuro de la población de Redern. En temperamento se parecía más a su padre, compartiendo su tranquilo sentido común y su tendencia al drama.
Seraph la abrazó y miró a Lehr.
-Terminamos de atender el huerto -dijo Lerh contenido-. Y plantamos una tercera parte antes de que Rinnie gimoteara tanto que la dejé entrar.
-Me obligó a hacer el trabajo duro -dijo Rinnie, sin perder la esperanza de meter a su hermano en problemas.
Cuando Rinnie le sacó la lengua a Lehr, él la ignoró. El año pasado habría tomado represalias… o le habría sonreído, sabiendo que su reacción haría que valiera la pena los problemas que le acarrearía.
-Gracias, Lehr -dijo Seraph, poniéndose de puntillas para besarle la mejilla-. Sé que no es trabajo fácil hacer que esta muchachita perezosa trabaje. Puedo decir por el potaje del caldero y la pila de lana cardada que ambos entrasteis y descansasteis como príncipes.
Él se rio y la abrazó.
-No se portó tan mal. Habríamos conseguido hacer todo el jardín, Madre, si Jes hubiera estado por aquí. Desapareció algo después del almuerzo… ni siquiera le vi marchar.
-Puedo hablar con él -se ofreció ella.
Lehr negó con la cabeza.
-No, está bien. Sé que hace lo que puede. Es sólo que ahora que no está Papá, le necesitamos. Cuando puede mantener su mente en ello, trabaja tan bien como Papá. Madre. El mayordomo del Sept estuvo aquí hoy.
-¿Forder? -preguntó Seraph, quitándose la capa y la capucha y colgándolas en el perchero junto a la puerta-. ¿Qué quería?
-Observó los campos y preguntó si Papá no había vuelto aún. Cuando le dije que no, dijo que el nuevo Sept exige un incremento de un cuarto más sobre el diezmo del año pasado… del huerto y los campos. Dijo que casi ha pasado el momento de que los campos sean arados.
Seraph colocó su carga contra la pared.
-Lo sé, Lehr. Hemos esperado tanto como hemos podido. Tendremos que arar sin Tier. Podemos empezar mañana… no, pasado mañana, para tener tiempo de comprobar el arnés y el arado para hacer reparaciones. No te preocupes por el incremento del diezmo; Tier dijo que esperaba algún tipo de incremento con la llegada del nuevo Sept.
-Forder dijo que el Sept tiene un caballo que podríamos pedir prestado, si lo necesitamos.
-No. -Negó con la cabeza. Cuando se había marchado, Tier se había llevado la joven yegua que habían comprado el año anterior, dejando a su viejo castrado para su retiro-. Skew conoce esos campos, y aunque está viejo, hará el trabajo hasta que regrese Tier. No podemos permitirnos empezar a alquilar un caballo, no si el Sept va a llevarse una parte mayor de la cosecha.
Fuera de la puerta, Gura soltó un aullido que encajaba más con un lobo que con un perro, que fue respondido por un aullido más alto y más salvaje.
-Jes está en casa -dijo Rinnie innecesariamente, porque la puerta voló sobre sus goznes y el hijo mayor de Seraph atravesó la puerta.
-Madre, Madre -canturreó-. Encontré un conejo para la cena. -Sostuvo en alto un enorme conejo, ya limpio, despellejado y decapitado.
-Jesaphi, mi amor -dijo Seraph-. Me alegro mucho de que encontraras un conejo. Pero tienes que quitarte algo de barro antes de entrar.
De todos sus hijos, Jes era el que se parecía más a su padre. Más alto por una cabeza que Lehr, Jes era atlético y moreno. Lehr también era atlético, pero tenía el pelo pálido de Seraph. Como Tier, Jes no era guapo, su nariz era delgada y demasiado larga. Un profundo hoyuelo sobresalía en su mejilla izquierda, y sus ojos eran de un marrón oscuro y aterciopelado.
-Lo siento, Madre -dijo, despojándose de su exuberancia como si fuera un abrigo-. No pretendía… embarrarme.
Era la voz de Jes la que le delataba incluso ante la persona menos observadora. Había algo inadecuado en su tono y en la forma en que entonaba las palabras al hablar.
No era simple, como el hijo del tonelero, pero su aflicción parecía muy similar y la gente asumía que eran iguales. Seraph no había visto razón para confundir a nadie más que a Tier con la verdad.
-No te preocupes -consoló Seraph a Jes con el más ligero de los toques, que normalmente era todo lo que él podía soportar-. Mientras los demás ponen la mesa, tú ve y límpiate.
-¿He hecho algo malo? -preguntó él ansiosamente.
-No, amor, ven conmigo. -Le cogió de la mano y le condujo fuera para ayudarle a limpiarse.

*****

En mitad de la noche, incapaz de dormir, Seraph se levantó en silencio abandonando su cama demasiado vacía en el desván y se vistió. Abrió un baúl y sacó de él un saco grande que colgaba pesadamente de sus cordones. Los travesaños de la escalera de mano estaban apretados y no dejaron escapar ningún sonido que pudiera despertara Lehr, que tenía un sueño ligero.
El paquete que estaba junto a la puerta todavía contenía las botas que había conseguido para Jes; había olvidado dárselas. Seraph las sacó y las dejó a un lado. Puso la bolsa que había cogido de su habitación en el lugar donde habían estado los zapatos, luego salió en silencio.
En el porche, Gura la estudió con ojos brillantes que mostraban un indicio de lobo en algún lugar de sus antecedentes.
-Shh -dijo-. Quédate y vigila.
Gura se tendió con suavidad y dejó caer la cabeza otra vez sobre sus patas delanteras, relajando la mandíbula.
-Volveré pronto -explicó como si él la entendiera-. No puedo dormir. Hay cosas que tengo que resolver.
Gura cerró los ojos… estaba contrariado, lo sabía, porque no le había pedido que fuera con ella.
Siguió un sendero que había tras la cabaña y que conducía al bosque. La luna estaba alta y su visión nocturna era mejor que la de la mayoría así que no tuvo problemas para encontrar el camino.
Caminó una milla o así hasta que llegó al prado que buscaba. Bajó la mochila y la abrió.
-Ochenta y tres -dijo para sí misma, sacando la bolsa de cuero que había conseguido en la ciudad al igual que la de su baúl-. Y ciento cuarenta y uno.
Tomó uno de los mermori y lo introdujo en el suelo, apuntando hacia abajo, de forma que sobresaliera como un pequeño poste. Sacó otro y lo sopesó entre sus dedos para luego clavarlo a cierta distancia del primero. Hizo lo mismo con el tercero y el cuarto mientras la luna se arrastraba por el cielo.
-¿Qué haces, Madre?
Había estado tan concentrada en los mermori que no le había oído llegar. La voz baja y aterciopelada se parecía tanto a la de Tier que tuvo que tragar saliva. A pesar de su excelente visión y de la luz de la luna no pudo encontrar a Jes en medio de la noche.
-Te he contado algunas historias sobre los Viajeros -dijo, colocando el último memora que sujetaba en la tierra y retrocediendo en busca de más.
Él no respondió de inmediato. No oyó pasos, pero no la sorprendió que la hubiera seguido de vuelta hasta la mochila.
-Sí -dijo lo bastante cerca para que la calidez de su aliento le rozara la nuca. Aun con su educación como Viajera, la vasta diferencia entre su hijo de día y este Jes más peligroso la desconcertaba; una madre no debería temer a su hijo.
-Somos descendientes de los magos que vivieron en Colossae mucho antes de que la Sombra llegara para destruir a la humanidad -dijo, ignorando el estremecimiento que la voz de Jes había provocado en su espina dorsal.
-Sí -reconoció él, caminando a su lado mientras ella llevaba un puñado de mermori a un punto vacío del prado y continuaba controlando las distancias. Estaba descalzo.
Sólo ella y Tier sabían en qué se convertía su hijo de naturaleza amable lejos de la seguridad de la cabaña.
-Colossae era una gran ciudad de aprendizaje, y los magos venían de todas partes del mundo para estudiar y aprender allí. Durante generaciones se reunieron y aprendieron magia y sabiduría olvidadas, hasta que al final crearon el mayor mal que sus corazones habían imaginado nunca.
Había contado a sus hijos muy pocos sobre los Viajeros, esperando que se convirtieran del todo en rederni, como Tier. Pero Lehr y Rinnie tenían aspecto de Viajeros, y Jes cargaba con su maldición.
Se le había ocurrido, yaciendo despierta en su cama antes de salir, que con un sacerdote que supiera demasiado y distorsionara la verdad con mentiras, podía ser buena idea enseñar más a sus hijos. Empezaría esta noche con Jes.
-Para cuando los magos comprendieron lo que habían hecho, era demasiado tarde para deshacerlo, casi demasiado tarde para controlarlo. Tal como estaban las cosas, sólo un gran sacrificio detendría a su creación, y Colossae murió para aprisionar al Acechador, antes de que este pudiera destruir el mundo -dijo-. Los magos que sobrevivieron fueron enviados a Viajar por la tierra y mantenerla libre de la corrupción del Acechador, porque semejante mal, incluso atado, no carece de poder. Ni siquiera un sacrificio tan grande como una ciudad de luz y conocimiento podía contenerle del todo, ni retenerle para siempre.
-Sí -dijo Jes otra vez. Esta vez captó un destello de ojos brillando un poco rojos en la noche.
-¿Qué es? -preguntó ella-. ¿Hay algo ahí?
-Ahora no -dijo él al fin, con un gruñido en la voz que no era del todo humano-. Pero ha habido cazadores en el bosque que no tendrían que haber estado allí. Cazan por deporte y eso ofende al bosque… y se estaban acercando demasiado a la cabaña para mi gusto.
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FANTASTICA / Re:Los señores de las runas, David Farland
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 24, 2018, 05:17:50 am »
9?   Dime que eso que está entre paréntisis es la fecha de publicación y que ya están todos entonces.

 36a
30
FANTASTICA / Re:Los señores de las runas, David Farland
« Último mensaje por jgtbooks en Septiembre 23, 2018, 03:16:27 pm »
Tres NOOOO. . . .  9:

1.The Sum of All Men (1998)
2.Brotherhood of the Wolf (1999)
3.Wizardborn (2001)
4.The Lair of Bones (2003)
5.Sons of the Oak (2006)
6.Worldbinder (2007)
7.The Wyrmling Horde (2008)
8.Chaosbound (2009)
9.A Tale of Tales (2015)
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