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FANTASTICA / Re:No me he olvidado de Los Aeronautas
« Último mensaje por margenis en Septiembre 11, 2020, 05:12:39 pm »
 18a ME ENCANTA
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FANTASTICA / Re:Los aeronautas, capítulo 9
« Último mensaje por ronubeco en Septiembre 11, 2020, 12:23:15 pm »
Como diría el Monaguillo, es "Ambrosia pura".
Una muestra más del talento de Jim.
Muchas gracias por tu trabajo.
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FANTASTICA / Re:Los aeronautas, capítulo 9
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 11, 2020, 09:56:09 am »
Bueno, ¿qué os parece el libro hasta ahora?
Yo no acabo de decidir cuál es el personaje principal, y todavía no he encontrado uno aburrido.
Espero que siguiendo su línea en Codex Alera, Butcher los trate bien.
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FANTASTICA / Re:Los aeronautas, capítulo 9
« Último mensaje por ronubeco en Septiembre 10, 2020, 10:28:50 pm »
 06a 06a 06a
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SUSPENSE Y ACCIÓN / Re:Todo esto te daré. Dolores Redondo
« Último mensaje por sango en Septiembre 10, 2020, 10:19:04 pm »
Gracias por la recomendacion... 23a
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SUSPENSE Y ACCIÓN / Todo esto te daré. Dolores Redondo
« Último mensaje por iki en Septiembre 10, 2020, 08:36:59 pm »

En el escenario majestuoso de la Ribeira Sacra, Álvaro sufre un accidente que acabará con su vida. Cuando Manuel, su marido, llega a Galicia para reconocer el cadáver, descubre que la investigación sobre el caso se ha cerrado con demasiada rapidez. El rechazo de su poderosa familia política, los Muñiz de Dávila, le impulsa a huir pero le retiene el alegato contra la impunidad que Nogueira, un guardia civil jubilado, esgrime contra la familia de Álvaro, nobles mecidos en sus privilegios, y la sospecha de que ésa no es la primera muerte de su entorno que se ha enmascarado como accidental.

Lucas, un sacerdote amigo de la infancia de Álvaro, se une a Manuel y a Nogueira en la reconstrucción de la vida secreta de quien creían conocer bien. La inesperada amistad de estos tres hombres sin ninguna afinidad aparente ayuda a Manuel a navegar entre el amor por quien fue su marido y el tormento de haber vivido de espaldas a la realidad, blindado tras la quimera de su mundo de escritor. Empezará así la búsqueda de la verdad, en un lugar de fuertes creencias y arraigadas costumbres en el que la lógica nunca termina de atar todos los cabos.
Sinceramente no sabía si ponerlo en romántica. Uno de los libros más bellos que he leído nunca.
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FANTASTICA / Re:Los aeronautas, capítulo 9
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 09, 2020, 10:01:57 pm »
-¿Tiene importancia? -preguntó Addy.
-Por supuesto -dijo Gwen-. Sabría qué Casa ha sido tan descuidada como para permitir que uno de sus descendientes vague por Habble Morning sin los modales que Dios concede a una cabra.
-En realidad las cabras son criaturas bastante amables y sensibles -replicó Addy con tono humilde-, y raramente se meten en duelos. Desde luego no después de toda una noche sin dormir. -Suspiró-. Señorita, ¿debería importar mi nombre?
-¿Qué? -preguntó Gwen.
-Mi nombre -dijo Addy-. ¿No son mis acciones las que importan? ¿Debería importar si pertenezco a una baja o alta Casa? ¿Soy más ofensivo como ciudadano común que como uno de la aristocracia?
Gwen parpadeó varias veces. Sus preguntas eran tan raras que podrían haber sido formuladas en un idioma extranjero. Entonces, ella dijo:
-Por supuesto que debería importar. Por su ropa, juzgo que no es un cuidadano común, señor, pero si lo es, dificilmente pueda castigarle por su falta de modales cuando no ha recibido ninguna educación sobre esa cuestión.
Addy inclinó la cabeza agudamente a un lado, y sus ojos oscuros relucieron.
-¿Sería más responsable si pertenezco a la aristocracia?
-Por supuesto -dijo Gwen. Su tono sugería que el hombre era un idiota-. El protocolo entre miembros de las Casas es el estándart por que se mide el respeto apropiado que ofrecer a nuestros semejantes... respeto que diferencia las Casas de de los feudos y la guerra civil. Su deber es comportarse apropiadamente, señor. Aquellos a los que se les da mucho, se les requiere mucho. Por supuesto que espero más de usted.
Una lenta sonrisa se extendió por la cara de Addy.
-Que interesante. -Miró más allá de Gwen hacia los dos vendedores-. ¿Cuánto falta?
El señor Beech ya se estaba moviendo para sacar una cesta de alambre de latón del aceite caliente, y empezó a colocar las empanadillas sobre cuadrados de tela.
-Marchando.
Addy asintió hacia él y se giró hacia Benedict.
-Muy bien -dijo-. ¿Sería tan amable de presentarme a su prima, señor? Creo que me gusta.
Benedict tomó un profundo aliento y miró de reojo a Gwen con cariñosa exasperación.
-Prima -dijo-. De verdad que debes aprender a cerrar la boca de vez en cuando. Saborearás menos suela de zapato. -Se enderezó el abrigo, se inclinó y dijo-. Gwendolyn Margaret Elizabeth Lancaster, hija del Lord Ministro y Lady Lancaster, es mi... singular placer... presentarle a Su Majestad Addison Orson Magnys Jeremiah Albion, Primer Ciudadano y Spirearch de Albion.
Gwen observó a Benedict estupefacta por un segundo.
Su estómago se desconectó absolutamente del resto de sus órganos vitales y cayó a plomo hacia algún abismo imaginable.
Lentamente volvió su mirada hacia hacia el Spirearch, amable y sonriente. Luego su cara comenzó a volverse muy, muy roja.
-Señorita Lancaster -dijo el Spirearch con una pequeña y amable reverencia-. Es un placer único haberla conocido.
Gwen le miró, consternada.
-Usted no... no se parece... a su retrato.
-Era más joven y mucho más antipático cuando se pintó -replicó-. No la culpo lo más mínimo, señorita Lancaster. No he asistido a actos públicos desde que era usted una niña, creo. No hay ninguna razón en absoluto para que me hubiera reconocido.
-Yo... solo... s-señor... -tartamudeó Gwen. Sentía que le picaban las manos y sólo podía asumir que era a causa de que las interminables horas de instrucción en protocolo habían inculcado los modales apropiados en sus mismos nervios. Él le cogió elegantemente la mano y se inclinó sobre ella.
-Jovencita, es usted tan bella como su madre cuando tenía su edad. ¡Ah, el desayuno! O el almuerzo. Almuerzo rápido, tal vez -dijo el Spirearch, mientras Beeches dejaba la carne, las empanadillas calientes y vasos de zumo fresco sobre una bandeja de servicio-. ¿Os importaría a los dos uniros a mí?
-Yo... nosotros... -Gwen lanzó a Benedic una mirada bastante desesperada.
Benedict se tomó un momento para sonreírle y además, comprendió Gwen, con absoluto sadismo y bastante diversión.
-Nos encantanría, señor -replicó él.
-¡Excelente! -dijo el Spirearch-. Hay unas mesas muy buenas allí mismo, creo. -Recogió la bandeja, dejando unas monedas para sus propias empanadas en el mostrador mientras lo hacía. Favoreció a Gwen con una sonrisa cortés y un asentimiento en la dirección apropiada-. ¿Las damas primero?
Gwen tomó una respiración profunda. Luego dijo a Benedict:
-Soy una perfecta idiota -y empezó a caminar hacia las mesas.
El Spirearch alzó una ceja y levantó la vista hacia Benedict.
-Esa es la forma que tiene Gwen de disculparse -le oyó decir Gwen con seriedad tras ella-. Después de usted, señor.
Dejaron la comida en la mesa en medio de un torpe silencio que pronto pasó a ser un silencio apreciativo.
-Válgame Dios, esto está bueno -suspiró Benedict. Obviamente intentaba contenerse, pero resultaba obvio que estaba teniendo problemas para hacer otra cosa que no fuera meterse la masa entera de la empanadilla en la boca al mismo tiempo. Su comida desapareció a grandes bocados.
Gwen acababa de hablar con la insolencia más abrumadora al monarca de la Aguja Albion. Se sentía como si lo que fuera que había desayunado esa mañana pudiera ser vomitado, y apenas tocó su propia empanadilla.
-La comida aquí es mejor que nada de lo que pueda conseguir en el palacio, sin tener que esperar durante horas -reconoció el Spirearch-. Los Beeches se mudaron a Habble Morning desde Habbe Landing hace diez años. Les ofrecí una posición entre mi personal, pero prefirieron trabajar por su cuenta. Eso me gusta.
Benedict asintió, pero sin dejar de masticar.
-Bueno, Maestro Sorellin -dijo el Spirearch-. Me sorprende verle de vuelta este año, tras lo que ocurrió la primavera pasada.
Benedict encogió un hombro.
-Apenas dejó cicatriz.
-Que lástima -dijo el Spirearch, con ojos chispeaban-. Me han dicho que las jóvenes damas se desmayan al verlas.
Gwen alzó las cejas.
-¿Benny? ¿De qué está hablando?
Benedict se encogió de hombros incómodo y mantuvo los ojos concentrados en su comida.
-Benedict llevaba un año sirviendo en la Guardia -dijo el Spirearch-. Le envié como parte de un pequeño equipo a la Habble Risen para seguir el rastro de un cargamento perdido de armas de cristal. Los ladrones que las tenían se negaron a renunciar a su botín.
Los ojos de Gwen se abrieron de par en par.
-¿Entraste en batalla?
-No fue una batalla -replicó Benedict rápidamente-. Sólo una riña sobre si podíamos atravesar o no la puerta de su escondite. Apenas vale la pena mencionarlo.
-Una riña en la que un guardia salió malherido -dijo el Spirearch-. Y en la cual su primo mató a dos hombres armados que estaban golpeando a uno de sus compañeros guardias con garrotes. Después de eso, hizo retroceder a seis más hasta que atravesaron su propia puerta delantera, ya que era todo lo que podían hacer para contenerle. Uno de ellos le apuñaló en el brazo por sus esfuerzos.
-Apenas fue una herida -dijo Benedict. Su cara parecía ruborizada.
-Salvó un buen número de vidas -dijo el Spirearch-, incluyendo la de sus compañeros y la mayor parte de los ladrones... por no hablar del desastre que podría haberse producido si esos cristales hubieran llegado al mercado negro. -Parpadeó y miró a Gwen-. Recibió la Orden de la Aguja. Asumía que lo sabía.
-Que yo sepa, nunca ha dicho nada al respecto -dijo Gwen, mirando con dureza a Benedict-. Esta es la primera vez que oigo hablar del asunto. Me dijiste que te hiciste año en el brazo en un entrenamiento, Benny.
Benedict agachó la cabeza y cogió una segunda empanada. La primera se había desvanecido con una rapidez impropia, apesar de sus esfuerzos por contenerse.
El Spirearch sonrió.
-Señorita Lancaster... ¿puedo llamarla Gwen?
-Por supuesto, señor.
-Excelente. Pero no debes llamarme "señor". Addison estaría bien.
Gwen dudó.
-Señor...
El Spirearch ondeó la mano.
-Conozco el protocolo. Pero fue creado hace dos siglos, cuando Gregor el Fuerte unió las Habbles y formó el Consejo... cuando todavía tenía el poder ejecutivo activo y un ejército para respaldarlo.
-Señor... Addison, señor -tartamudeó Gwen-. Sigue usted siendo el Spirearch.
Él se rió.
-La monarquía fue un mal necesario en cierto momento, señorita Lancaster. Ahora estoy bastante obsoleto, y muy contento de que sea así. Su padre y el Consejo se encargan de los asuntos de la Aguja por consenso, y todas las habbles están representadas de una forma que podría considerarse justa. Las únicas fuerzas armadas que necesitamos dentro de la Aguja es la Guardia... y generalmente coordinan esfuerzos humanitarios. Yo no gobierno, señorita Lancaster; ni lo hizo mi padre o mi abuelo. Sólo intento ayudar a mi gente cuando es necesario.
-Usted es el Spirearch, señor -insistió Gwen-. Toda la nobleza le honra. Todos se sienten honrados de servirle.
-Benditos constructores, si que es usted joven -dijo él con una sonrisa caprichosa-. Espere hasta que emitan alguna proclamación que recorte sus cuentas bancarias, y sospecho me honrarán con garrotes y multitudes. -Sacudió la cabeza-. Es una tradición, por cierto, que los jóvenes nobles se ofrezcan voluntarios para servir en la Guardia, una marca de estatus. Pero es una cuestión arbitraria de muchos modos. Si intento sobrepasar mis límites, sospecho que alguna otra actividad podría reemplazar repentinamente a la Guardia en el servicio de alto nivel a la comunidad.
-No todo el mundo siente eso, señor -dijo Benedict en voz baja-. No todos le vemos como una reliquia.
-Los Lancaster no -añadió Gwen.
-Tal vez no -dijo el Spirearch pensativo-. Pero sea como sea me interesa, Gwen, ¿por qué desea unirse a la Guardia?
-Soy la única hija del linaje de mi padre -contestó ella.
-Y esa podría ser la razón que la excuse del Servicio sin pérdida de honor para su familia. Nadie pensaria que está evitando su servicio.
Gwen alzó la barbilla ligeramente.
-Lo pensaría yo, señor.
El Spirearch se recostó en su asiento y la observó durante un momento. Luego dijo:
-No le mostraré ningún favoritismo en absoluto, señorita Lancaster, a pesar de su importancia para la casa de su padre. Se le asignaran misiones como a cualquier otro recluta. Algunas de esas misiones podrían ponerla en peligro. Más jóvenes de los que puedo recordar han resultado heridos o muertos en el cumplimiento del deber mientras seguían mis órdenes. ¿Lo entiende?
-Sí, lo entiendo, señor.
Él terminó los últimos mordiscos de su empanadilla con un ceño pensativo. Luego se giró hacia Benedict.
-Lo mismo va por usted, Maestro Sorellin. Escojo a los más adecuados para las tareas en base a sus habilidades. Ha resultado herido estando a mi servicio y puede que vuelva a ocurrir otra vez.
-Sí, señor -dijo Benedict, como si el Spirearch hubiera declarado que el agua era húmeda.
Addison asintió y dijo:
-Tenemos alrededor de cuarenta nuevos reclutas este año, y muchos veteranos. Os veré a ambos en el palacio al final del ciclo de entrenamiento para que toméis vuestros votos y firméis vuestros contratos.
-Por supuesto, señor -dijo Gwen-. Señor...
-Señorita Lancaster -dijo el Spirearch con reprobación.
-Addison -dijo ella, y luego añadió-. Señor.
Él sonrió, principalmente con la mirada.
-¿Sí?
-De haber sabido antes quién era usted...
-Habría estado en su derecho de reaccionar exactamente del mismo modo -dijo él con firmeza-. Por favor, perdóneme por mi rudeza.  Es muy raro que sea descortés por diversión, y me temo que tengo un sentido del humor bastante deprimente. Confío en que me perdonará.
Ella volvió a sentir que sus mejillas se calentaban.
-Por supuesto, señor.
Se oyó una repentina sirena profunda y hueca. Alguien estaban tañendo las campanas en el centro de la zona domún  la habble, cerca del mercado.
Benedict se puso tenso. Luego dejó caer la segunda mitad de su segunda empanadilla en su boca de un solo bocado. Gwen empujó su empanadilla hacia él automáticamente, y él la cogió en lo que fue claramente una acción instintiva.
-Ah -dijo el Spirearch-. Creo que vi algo en las noticias sobre un duelo que se celebra hoy. Puede que haya oído que la situación tiene posibilidades de ser potencialmente confusa y desagradable para los interesados. ¿Sabe algo al respecto, señorita Lancaster?
Su voz era tranquila, incluso frívola, pero había algo en sus palabras que cargaba un filo de acero.
-Sospecho que sabe muy bien que sí, señor.
El mostró sus dientes brevemente.
-Entonces, sospecho que tienen planeado ver el final.
-Así es -dijo Benedict en voz baja.
El Spirearch asintió.
-Habrá muchos ojos atentos a lo  que haga usted hoy, señorita Lancaster... entre ellos, los míos.
Gwen tragó. La gran campaña tañó varias veces más y luego quedó en silencio.
El Spirearch miró hacia la fuente del sonido y asintió en lo que fue una innegable despedida.
-Los Tagwynss son buena gente. La Casa Lancaster siempre ha contado con mi respeto, señorita. Espero que los acontecimientos de hoy reivindiquen ese respeto.
Gwen podía reconocer una orden cuando la oía, y de repente su corazón latió un poco más rápido. La situación ya no era un simple lío causado por su falta de juicio. La atención del Spirearch significaba que tendría ramificaciones para su Casa también.
-Sí, señor -dijo, con la garganta seca-. Así será.
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FANTASTICA / Los aeronautas, capítulo 9
« Último mensaje por crislibros en Septiembre 09, 2020, 10:01:27 pm »
Capítulo 9
Aguja Albion, Habble Morning

-No puedo creer que vayas a seguir adelante con esto -dijo Gwendolyn a Benedict. Intentaba mantener la voz tranquila y neutra.
Su primo la miró de reojo y se alejó medio paso más de ella mientras caminaban juntos hacia el duelo.
-Oh, por favor -dijo Gwendolyn, permitiendo que su tono se volviera abiertamente enojado-. Ahora te estás burlando de mí.
Benedict sonrió muy ligeramente.
-Rowl pareció insistir.
-Rowl -dijo Gwendolyn -, es un gato.
-¿Alguna vez has intentado evitar que un gato haga lo que quiere? -le preguntó Benedict.
-No, por supuesto que no. No hay ningún gato en Casa Lancaster.
Benedict soltó un ladrido de risa.
-Otra vez con eso.
Gwendolyn dejó que su cara se acalorara ligeramente.
-Yo nunca he visto ninguno allí -continuó ella, como si no la hubiera interrumpido en absoluto-. La cuestión es, Benny, que si yo he pasado toda la vida pensando que son poco más que bestias astutas, puedes estar seguro de que muchos otros lo han hecho también.
-¿Y?
-Y se ha corrido la voz. Todo el mundo en la habble estará observando este duelo hoy. Esta será la primera vez que la casa Tagwynn ha llamado la atención de las Grandes Casas en una generacion. ¿Puedes imaginar lo que van a decir de Bridget y su padre si aparece con un maldito gato como su segundo?
-Puedo -dijo Benedict, con la voz endemoniadamente tranquila-. Sí, desde luego.
-Venga ya, ¿qué se supone que significa eos? -exigió Gwen.
-Honestamente, primita, sé que todavía eres una recluta, pero no puedo explicártelo doto. Tienes un cerebro excelente... cuando te molestas en utilizarlo en vez de dar rienda suelta a tu temperamento, es decir. Úsalo.
Gwen le frunció el ceño.
-Lo hago. Me dice que el buen nombre de Tagwynn está en peligro hoy -dijo-. Y que es debido a mi estupidez, y que no podemos permitier que se hagan daño a causa de mi error.
-Sí -dijo Benedict-. Todo cierto. Pero da un paso más allá. ¿Cuáles serán las consecuencias de hoy?
Gwen apretó los labios durante un momento antes de hablar.
-Si pierde el duelo, los Tagwynns serán a la vez un hazmerreír y un objetivo altamente visible de oportunidad económica. Como mínimo, sus ingresos podrían sufrir. Es probable que una de las Casas más hambrientas, con intereses en el mercado, encuentre una forma de comprar su fábrica o legislar para sacarlos del negocio.
-Cierto -dijo Benedict-. ¿Y si gana?
-Eso sería mucho peor -dijo Gwen-. Si vence a Reggie, despertará la ira de una de las mayores Casas. "Podría" y "probablemente" se verán convertidos en "será" y "con toda seguridad".
Benedict asintió con la cabeza.
-Casa Tagwynn, Casa Astor, sí, haz hecho los deberes. -Lo consideró-. Bueno. Dos de tres al menos.
-¿Qué quieres decir con "dos de tres"?
Él alzó el dedo índice.
-Has contado con los Tagwynns -levantó un segundo dedo-. Has considerado a los Astor. -Extendió el pulgar-. ¿Y qué hay de los gatos?
Gwen soltó un resoplido impaciente... pero entonces se detuvo.
-¿Realmente hay gatos dentro de Casa Lancaster? -preguntó Gwen-. ¿Y nunca los he visto?
Benedict lo consideró durante varios pasos.
-¿De verdad son tan inteligentes? Sé que esas pequeñas bestias son astutas, pero...
-A menudo es muy útil que los demás te crean menos inteligente de lo que eres -dijo Benedict, con tono divertido-. Funciona particulamente bien con lo que no son tán inteligentes como tú para empezar.
Gwen parpadeó.
-Por amor de Dios.
-Debo admitir que no había considerado del todo la situación antes de reunirme con Rowl -dijo Beneditct-. Es sólo una teoría, prima... pero parece que suena.
-No... ¿no puede ser? -dijo Gwen. Observo a Benedict con astucia-. Nunca se te ha conocido por tu agudo intelecto político, Benny. La mayoría de las Casas te consideran un observador distante y desinteresado... no un activo político.
Su primo pareció dolido.
-Y me gustaría permanecer así ante sus ojos, si no te importa -dijo-. Los políticos son una panda de sinvergüenzas, tiranos y tontos. Yo sólo observo porque prefiero no convertirme en su víctima.
Gwen resopló.
-Estás a salvo de todos excepto de mí -prometió.
-Oh, cariño.
Su estómago hizo un ruido y Gwen le sonrió.
-¿Hambriento?
-He comido -replicó él.
-Eres un nacido guerrero, Benny -dijo Gwen con firmeza-. Tu cuerpo necesita más combustible. No pasa nada.
Él apretó los labios, y sus ojos felinos se volvieron remotos.
Gwen soltó un suspiro mental. Sabía lo mucho que le disgustaba a Benny haber nacido diferente, y el dolor que soportaba para ocultar esas diferencias. Sabía que nunca se movía tan rápida y poderosamente como podía durante las carreras o en el entrenamiento de combate. Llevaba encima cristales lumínicos y los empleaba en las secciones más oscuras de la habble, a pesar de que sus ojos felinos no tenían ninguna necesidad de ellos. Comía con un horario rígido en el comedor de la Guardia, engullendo exactamente las porciones repartidas a cada recluta... a pesar de que él podría morirse literalmente de hambre con una dieta que sería más que adecuada para cualquier otro.
Benny era un maravilloso, dulce y adorable idiota, pensó Gwen.
-Vamos a comer antes del duelo -dijo ella con firmeza-. Ven conmigo.
-Gwen -protestó.
-Estoy hambrienta -mientó sin inmutarse-. Y no serás tan grosero como para dejar que una dama coma sola, ¿verdad? Vamos.
Benedict frunció el ceño.
-No llevo dinero encima.
-Yo tengo mucho -dijo Gwen alegremente-. Venga.
-De verdad, Gwendolyn -masculló-. No captas las indirectas.
-Oh, soy más que capaz de hacerlo, primo -dijo ella airada-. Pero en este momento elijo no hacerlo. ¿Deberíamos probar esas bolas de masa, no crees?
El estómago de Benedict gruñó. Mas fuerte.
La miró de reojo.
-Eso es trampa.
-No tengo idea de qué hablas -dijo Gwen, y le dedicó lo que le gustaba pensar que era una sonrisa muy firme, y una en la que tensaba la mandíbula. Habló entre dientes-. Ahora. Vamos. Allá.
Benedict la miró enfadado un momento más y luego suspiró.
-¿Vas a seguir insistiendo, no?
-Soy una dama de la Casa Lancaster, Benny. Tú eres un caballero de la Casa Sorellin-Lancaster. No debería tener que hacerlo. -Sonrió. Con firmeza.
Benedict puso los ojos en blanco, extrajo un pañuelo blanco de su bolsillo, y le dedicó un saludo solemne.
-Me doblego.
Gwendolyn sonrió.
-Lo más recomendable.

*****

El pequeño puesto en el que una anciana pareja corpulenta de pelo plateado apellidados Beech servían comida caliente para llevar estaba a un lado de la zona del mercado central, fuera del trajín inmediato del comercio y el tráfico de a pie. Las partes de atrás de otros puestos formaban un pequeño nicho en forma de C donde unas cuantas mesas y sillas simples habían sido colocadas, creando la impresión de reclusión.
Gwen marchó hacia el puesto pero no encontró a nadie a la vista.
-¿Hola? -gritó-. ¡Hemos venido en busca de algo de almorzar!
-No estamos listos aún -respondió una voz desde dentro del puesto.
-Pues estadlo -contrarrestó Gwen, con un alegre tono en su orden-. Me alegrará pagar muy bien por vuestros desvelos.
Surgió un suspiro de dentro del puesto y luego un hombre mayor con las cejas aproximadamente tan gruesas como sus muñecas apareció desde la despensa de la parte trasera. El señor Beech parpadeó una vez hacia Gwen y luego dijo:
-¿Señorita Lancaster? No es su hora habitual. ¿Qué está haciendo aquí?
-Asegurando tu margen de beneficios del día -dijo Gwen, sonriendo y dejando caer una bolsa de monedas sobre el mostrador. Tintinearon invitadoramente. Ni el sonido de las monedas ni su sonrisa pareció desagradar al vendedor-. Estoy en necesidad de una de tus empanadillas antes del mediodía.
-Es bastante sencillo, señorita, marchado. ¿Y el joven señor?
-Dos más de lo mismo -dijo Gwen con firmeza.
-Prima -protestó Benedict. Gwen pensó que era una protesta decididamente débil, desestimada por otro gruñido de su estómago.
-Ahora mismo, señorita -dijo el señor Beech, y volvió a su fogón, donde un pan de aceite esperaba, y sacó cierto número de salchicas de una alacena fría aislada. La señora Beech apareció por la parte de atrás, con el cabello gris recogido con un pañuelo, cargando vigorosamente con una talega de masa. Esparció algo de harina sobre un tablero y dejó caer la masa encima para empezar a amasala con manos veloces y confiadas.
-No quiero oírte ninguna respuesta impertinente, Benedict -dijo Gwen, ofreciéndole una sonrisa ácita-. Mejor dicho, no quiero oír nada de tu barriga, durante al menos una hora o dos. Honestamente, es algo impropio de un Lancaster, gruñir y refunfuñar así.
Benedict volvió a poner los ojos en blanco, pero su boca se retorció en las esquinas.
-Afortunadamente para mí, no estoy tan limitado como vosotros, los pobres y puros Lancaster, al menos dispongo de la sangre Sorellin para ampliar mis horizontes mentales, emocionales y artísticos.
-¿Qué es eso? -preguntó Gwen, y se acercó una mano a la oreja, alzando ligeramente la voz-. No estoy segura de haber oído bien sobre el sonido de tu barriga aullando. Casi parece como si estuvieras cuestionando la absoluta e incuestionable superioridad de la Casa de Lancaster.
La sonrisa de Benedict se amplió.
-Ve a jugar con tus cristales y deja que el resto de nosotros siga adelante con el auténtico trabajo ¿eh?
-Que vergüenza, señor -dijo el señor Beech, atisbando hacia Benedict desde debajo de sus pobladas cejas, sus ojos relucían divertidos-, hablar así de la familia de la señorita.
Gwen dedicó a Benedict una sonrisa triunfante.
-Ahí tienes. Los Lancaster tienen el apoyo de la gente.
Benedict se rió.
-Sólo te pones de su parte porque paga ella.
-El joven señor es astuto -comentó la señora Beech.
-Sí, lo es, lo es -coincidió el viejo... mientras Gwen dejaba un generoso número de monedas en su palma. Le sacó la lengua a Benedict alegremente y dijo-: Muchas gracias a los dos.
Un hombre de mediana edad de aspecto bastante aniñado entró en el recinto, mascullando "... no acabo de ver cómo va a funcionar". Su ropa, aunque fina, estaba arrugada y desaliñada, y el fajín era una afrenta para la sensibilidad de toda una generación, contra el tweed marrón claro de su abrigo y sus pantalones. Su pelo era castaño y demasiado largo, salpicado de hebras de gris, y sus manos eran de dedos largos y finos. Estaba escribiendo en un diario con un bolígrafo de cristal brillante, mascullando para sí mismo mientras lo hacía.
-Buenos días, señor y señora Beech -dijo sin levantar la vista. Amortiguó un bostezo con una mano, y luego continuó escribiendo-. Una ración doble de su mejor comida y algo de café, si no le importa. Solo. -El bolígrafo volaba sobre la página, garabateando una línea de una especie de figura que Gwen no reconoció.
-Buenos días, Addy -dijo la señora Beech, con voz amable-. ¿Toda la noche en vela otra vez?
-La maldición de una mente con inclinaciones académicas, me temo -replicó el hombre-. Miles y miles de formas diferentes de pensar las mismas cosas inútiles. -No paró de escribir mientras hablaba, y golpeó a Gwen con el borde de su diario-. Ah, perdóneme, señor.
-¿Señor? -preguntó Gwen con tono travieso.
-¿Sí? -preguntó Addy, terminando una línea con una floritura y empezando la siguiente.
Gwen se aclaró la garganta, indicando bastante obviamente que esperaba que alzara la mirada.
-Suéltalo, hombre -dijo Addy-. ¡Si tienes algo en mente, dilo sin más! ¡Voy un poco apurado de tiempo para andarme con juegos!
Los ojos de Gwen se entrecerraron y volvieron acerados. ¿Cómo se atrevía esta persona a ser tan descortés con una dama? Y particularmente con una dama de la Casa Lancaster.
-Prima -dijo Benedict rápidamente, poniéndole una mano sobre el brazo.
Ella se la sacudió.
-Un momento, primo -dijo Gwen-. Me enfrento a un dilema desagradable.
-Pero...
-Benedict -dijo Gwen con su voz más dulce  y gentil.
Benedict hizo una mueca y dio un pequeño paso atrás.
Addy, si tal era su nombre, todavía estaba escribiendo, ignorándola del todo. ¡Intolerable!
-¿Mmmm? -preguntó ausentemente-. ¿Dilema?
La voz de Gwen salió fría y precisa.
-¡Ya sea que tenga usted la lengua cruel de alguien muy descortés, o que este desaire haya sido intencionado, exijo satisfacción, como es mi derecho!
Addy parpadeó varias veces y sólo entonces levantó la vista hacia Gwen.
-Es decir. ¿De verdad? ¿Exige satisfacción? -El regocijo burbujeaba bajo esas palabras, como si apenas pudiera contener la risa-. ¿Estás considerando desafiarme a un duelo?
-Primero exijo su nombre, señor -exclamó Gwen.
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FANTASTICA / Re:Los aeronautas, prólogo (permitidme repetirlo para volver a empezar)
« Último mensaje por margenis en Septiembre 09, 2020, 05:55:25 pm »
 18a 18a
20
FANTASTICA / Re:Codex Alera completo en ereader y Novedades
« Último mensaje por margenis en Septiembre 09, 2020, 05:54:02 pm »
 18a
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