Mensajes recientes

Páginas: [1] 2 3 ... 10
1
FANTASTICA / Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 13
« Último mensaje por Araghan en Hoy a las 10:10:30 am »
 06a
2
FANTASTICA / Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 14
« Último mensaje por nicosalo en Hoy a las 02:14:27 am »
Uffff estas a full, muchas gracias. Una pregunta cuantos caps tiene este ultimo libro?
3
FANTASTICA / Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 14
« Último mensaje por crislibros en Enero 21, 2018, 10:28:21 pm »

Al mediodía del día siguiente, la Primera Alerana entera, junto con la Libre Alerana y los guerreros canim, habían alcanzado el Escudo, que yacía a diez millas al norte de la ciudad de Antillus. La nieve cubría el suelo, ya con tres centímetros de profundidad, y la firme caída de copos blancos había comenzado a espesarse. Si hubieran estado en medio del invierno, habría prometido una larga, firme y estacional nevada.
Pero esa simple imposibilidad evidentemente no había sido suficiente para el capitán. Marcus, que había servido en las legiones antillanas durante años, miraba con un horror estupefacto la visión que tenía delante.
Habían roto el Escudo.
Habían abierto una abertura de media milla de ancho en la antigua fortificación. La enorme muralla de asedio, de quince metros de alto y dos veces ese ancho, había aguantado tan inamovible como las montañas durante siglos. Pero ahora, la abertura de la muralla parecía una herida. En años anteriores, la visión habría alzado una alarma salvaje, y los peludos hombres de hielo ya habían aparecido a miles.
Pero en vez de eso, todo parecía en calma. Marcus tomó nota de varios grupos de carretas y animales que viajaban por una senda bien gastada en la nieve, dirigiéndose a la abertura. A menos que se equivocara, llevaban provisiones. Los oficiales de la Tribuno Cymmea de logística parecían estar cargando suministros para una marcha.
Sin indicar una parada, el capitán continuó montando hacia el agujero en la muralla, y las legiones de canim y soldados aleranos le siguieron. Los hombres se quejaban cuando creían que nadie les oían. Las órdenes venían del capitán: Nadie debía utilizar el artificio simple que los habría aislado más contra el frío que cualquier capa.
Al otro lado del Escudo había... un muelle.
Marcus parpadeó. El espacio abierto ante el Escudo era perfectamente plano durante media milla a partir de la base de la muralla y a lo largo de la longitud entera de la misma. Era más fácil disparar a objetivos si no estaban saltando constantemente arriba y abajo sobre terreno accidentado y además el terrerno plano ayudaba a cegar al enemigo con sus propias filas cuando los hombres de hielo atacaban. Era simplemente un parche de terreno abierto. Ahora estaba repleto con los barcos altos de la armada que había vuelto de Canea, un bosque de mástiles desnudos elevándose hacia el cielo nevado. La visión era rara. Marcus se sintió desorientado cuando las legiones giraron a la derecha a lo largo del Escudo. Finalmente la fuerza estuvo en paralelo con la muralla. El capitán ordenó mirar a la izquierda, y Marcus se encontró, junto con miles de legionarios y guerreros más, mirando a los barcos que parecían fuera de lugar.
Octavian giró su caballo y se colocó aproximadamente a mitad de la fila. Luego se volvió hacia las tropas y alzó una mano pidiendo silencio. Este fue rápido en llegar. Cuando habló, su voz sonó tranquila y perfectamente clara, amplificada por en esfuerzo de furias, Marcus estaba seguro.
-Bueno, caballeros -comenzó el capitán-. Vuestras perezosas vacaciones en la soleada Canea finalmente han acabado. No más descanso para vosotros.
Esto arrancó una risa retumbante a las legiones. Los canim no reaccionaron.
-Mientras hablo -continuó el capitán-, el enemigo está atacando lo que queda de nuestro Reino. Nuestras legiones luchan a una escala inigualable en nuestra historia. Pero sin nuestra participación, sólo pueden postponer lo inevitable. Tenemos que llegar a Riva, caballeros, y ahora mismo.
Marcus escuchó el discurso del capitán, mientras perfilaba la situación en el punto más alejado del Reino... pero sus ojos se veían atraídos hacia los barcos. No veía tan claro como solía, pero notó que los barcos habían sido... modificados, de algún modo. Descansaban sobre las panzas, pero en vez de ser planas, de madera blanqueada, las quillas habían sido reemplazadas o cubiertas con acero brillante. Otras estructuras de madera, como brazos o tal vez alas, sobresalían a ambos lados de los barcos, terminandas en otras estructuras de madera tan largas como el calado del barco. Esa estructura también lucía una quilla de acero. Entre las quillas de los barcos y esas alas, las naves se mantenían perfectamente rectas, manteniendo el equilibrio. Algo en el diseño parecía vagamente familiar.
-Con calzadas decentes -estaba diciendo el capitán-, podríamos estar allí en un par de semanas. Pero no tenemos semanas. Así que vamos a intentar algo nuevo.
Mientras pronunciaba las palabras, un barco apareció a la vista. Era una pequeña nave de aspecto ágil, y Marcus reconoció inmediatamente el barco del capitán Demos, el Slive. Como los demás barcos, había sido equipado con una quilla de metal. Como los demás, portaba dos estructuras de alas. pero al contrario que los otros, había alzado velas, y se hinchaban tensas, captando el poder de los vientos norteños.
Fue encontes cuando Marcus comprendió a qué le recordaban las modificaciones: las quillas de un trineo. Tomó nota de otro detalle. El terreno ante el escudo no estaba cubierto por centímetros de nieve. Estaba revestido de una capa igual de gruesa de hielo. El Slive resbalaba sobre el suelo helado, moviéndose con rapidez, múcho más rápido de lo que nunca había sido en el mar. Un espray de nieve surgía de sus cuchillas de acero en una fina y constante neblina, velando a medias las cuchillas, creando la ilusión de que el barco estaba navegando a varios centímetros del hielo, sin apoyarse en nada en absoluto. En el tiempo que llevó a Marcus comprender que tenía la mandíbula abierta de par en par y cerrarla de nuevo, el Slive apareció, precipitándose hacia él, sus cuchillas haciendo crujir y gemir el hielo, luego remontando, con las velas chasqueando. Menos de un minuto más tarde, estaba a más de una milla de distancia, y sólo entonces comenzó a virar, dando media vuelta con un giro grácil. Hicieron falta unos momentos para que el barco recolocara sus velas a fin de atrapar el viento desde el lado opuesto para el viaje de vuelta, y estas se hincharon casi un minuto antes de que el Slive perdiera el impulso y empezara a volver hacia ellos.
-Me temo que hay que volver a los barcos -dijo el Princeps en medio del silencio sorprendido-, donde navegaremos a lo largo del Escudo hasta Phrygia y tomaremos las calzadas que quedan intactas en el sur para ayudar a Riva. Nuestros barcos asignados serán los mismos que cuando abandonamos Canea. Todos conocéis vuestros barcos y a vuestros capitanes. Agrupaos en cohortes e presentaos ante ellos. Partiremos tan pronto como la carretera esté lista para nosotros.
-Malditos cuervos -jadeó Marcus. Si todos los barcos podían navegar tan rápido sobre el hielo... aunque de algún modo dudaba de que la actuación del Slive fuera típica... podrían navegar toda la longitud entera del Reino en... malditos cuervos. En horas, un puñado de días. Phrygia y Riva eran dos de los lugares más cercanos entre sí del Reino... una legión que se moviera rápido en una calzada podría hacer el viaje en menos de tres días.
Si funcionaba, si los vientos aguantaban, si el hielo aguantaba, y los barcos recientemente rediseñados aguantaban, sería la marcha más veloz de la historia alerana.
Atónito, Marcus se oyó a sí mismo dar órdenes a su cohorte y coordinarse con los oficiales de la Primera Alerana para asegurar que el embarque fuera fluido. Se encontró de pie en silencio junto al capitán mientras hombres, canim y suministros eran cargados.
-¿Cómo?  -preguntó en voz baja.
-Mi tío solía llevarme en trineo durante el invierno -dijo Octavian.
-Esto... parece tener sentido. ¿La nieve es cosa suya?
-He tenido ayuda -dijo el capitán-. En más de un lugar. -Levantó una mano y señaló al norte.
Marcus miró y vio movimiento entre los árboles al norte del Escudo. Débil, formas borrosas con piel pálida y peluda titilaban aquí y allá entre ellos.
-Señor -se sofocó Marcus-. Los hombres de hielo. No podemos dejar Antillus desprotegida.
-Están aquí por invitación mía -replicó él-. Conseguir que nieve en primavera es una cosa. Convertirla en hielo lo bastante rápido para que encaje con nuestras necesidades es otra muy distinta.
-¿Entonces los informes de Antillus son ciertos? ¿Los hombres de hielo tienen poder sobre el frío?
-Sobre el hielo y la nieve. Una forma de artificio, tal vez. Ese es la teoría de mi madre. -Se encogió de hombros-. Desde luego nosotros no tenemos la capacidad de cubrir el suelo de hielo desde aquí hasta Phrygia. Los hombres de hielo sí. Es allí donde ha estado Kitai los últimos días. Los jefes están en buenos términos con su padre.
Marcus sacudió la cabeza lentamente.
-Después de todos estos años de... ¿accedieron a ayudarnos?
-El vord nos amenaza a todos, Primera Lanza. -Hizo una pausa-. Y... les proporcioné un incentivo.
-¿Les pagó?
-En propiedades -contestó Octavian-. Les he dado el Escudo.
Marcus comenzó a sentir que se desmayaba.
-Que... que...
-Necesitaba su ayuda -dijo el capitan simplemente. Se encogió de hombros-. Después de todo, es propiedad de la Corona.
-Usted... les dió...
-Cuando todo esto haya acabado, creo que veré si puedo conseguir que nos lo alquilen.
El corazón de Marcus realmente daba bandazos de forma irregular. Se preguntó si era el comienzo de un ataque.
-¿Alquilarlo, señor?
-¿Por qué no? No es que tenga mucho uso para ellos, excepto mantenernos lejos. Si lo alquilamos, seremos responsables de su mantenimiento, que ellos no podrían hacer de todos modos. Una frontera fija y tangible existirá entre nosotros, lo que podría ayudar a rebajar las tensiones por ambos lados si podemos evitar incidentes. Y dado que es de su propiedad, y genera beneficios, creo que podrían estar consideramente menos dispuestos a demolerlo día sí y día no.
-Eso es... señor, eso es... -Marcus quería decir "una locura". O tal vez, "ridículo". Pero...
Pero una ventisca recubría la tierra de hielo en medio de lo que debería habér sido un placentero día de primavera.
La parte analítica de la mente de Marcus le dijo que la lógica de la idea no carecía de mérito. Si no funcionaba, a largo plazo el Reino desde luego no estaría peor que ahora... enfrentado a una invasión incipiente, solo que desde una dirección diferente.
¿Pero y si funcionaba?
Miraba concienzudamente hacia los barcos y los distantes hombres de hielo cuando Magnus se aproximó y saludó al capitán. Estudió la expresión de Marcus un momento y frunció un poco el ceño.
-¿Asumo que esto no fue idea tuya? -preguntó el viejo cursor.
Marcus parpadeó hacia él.
-¿Estás loco?
-Alguien lo está -gruñó el viejo.
Octavian les lanzó a ambos una mirada de reojo, luego fingió ignorarles. Marcus sacudió la cabeza e intentó recuperar el sentido de la orientación y propósito.
-Los tiempos cambian -dijo.
Magnus gruñó en acuerdo amargado, casi ofendido.
-Eso es lo que hacen.
4
FANTASTICA / CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 14
« Último mensaje por crislibros en Enero 21, 2018, 10:27:56 pm »
CAPÍTULO 14
Valiar Marcus fue consciente de que estaba siendo acechado antes de haber pasado la cuarta final de tiendas de la legión en el primer cuadrante del campamento de la Primera Alerana. Por la noche, las silenciosas tiendas de lona blanqueada manchada por el viaje estaban silenciosas excepto por algún ronquido ocasional. Caminar entre ellas podía ser una experiencia extraña, como caminar por un cementerio, las tiendas estaban falsamente encendidas por la luz reflejada de las lonas estándart. No era fácil escabullirse entre la cuadrícula de tiendas blancas sin presentar una silueta oscura conspicua contra la tela... que era una de las buenas razones por las que la legión utilizaba tela blanca en primer lugar. Pero podía hacerse si uno tenía sufienciente paciencia y habilidad.
Marcus no estaba seguro de cómo había detectado la presencia a su estela. Hacía mucho que había dejado de cuestionar su conocimiento sobre tales cosas. Llevaba en el negocio toda la vida, y su mente parecía ensamblar docenas de diminutas y pulcras pistas inconscientes en una tangible comprensión de sus alrededores sin ninguna intención en particular por su parte.
Al alcanzar su tienda de campaña, en vez de entrar se detuvo bruscamente y se quedó completamente inmóvil. Buscó la tierra y envió una porción de su consciencia a la zona que le rodeaba. Los latidos del corazón y la respiración profunda de un par de cientos de legionarios fluyó en él a través de sus botas, tangible sensación que de algún modo parecía el ruido de fondo de las olas rompiendo contra la costa. Los pasos apresurados de alguien en movimiento, cerca, en alguna parte, destacaban contra el ruido de fondo como el grito de una gaviota cercana.
Marcus no podía señalar la localización exacta de su perseguidor, pero tenía una sensación general del sentido. Se giró para enfrentarse a quien fuera, y dijo, tranquilo:
-Si tus intenciones son pacíficas, muéstrate.
Después de un momento de silencio, Magnus salió de entre dos tiendas y se enfrentó al Primera Lanza.
-Podemos hablar dentro de tu tienda -murmuró Magnus.
-Y un cuervo que podemos -gruñó Marcus en respuesta, igual de bajo, dejando que el enfado se mostrara en su voz-. Yo me voy a mi maldito catre. No me gusta que me sigan así. Un error de juicio por parte de cualquiera podría hacer que las cosas se pusieran feas.
Magnus se acercó más. El viejo cursor parecía cansado y rígido, y estudiaba a Marcus con ojos acuosos.
-Sólo si me detectas. Me estoy volviendo viejo para este tipo de trabajos, Primera Lanza. Pero no tengo a nadie más que lo haga.
Marcus intentó parecer molesto.
-¿Para espiarme?
-No te sulfures -dijo el viejo cursor-. Hay algunos misterios a tu alrededor. Eso no me gusta.
-No hay ningún misterio -suspiró Marcus.
-¿No? ¿Hay alguna razón por la que al parecer eres tan hábil en las artes de los cursores?
Marcus apretó los dientes. Uno no tenía que ser en absoluto un cursor para notar que el viejo Marcus le estaba siguiendo...pero no había cometido ningún error, y había pocos que hubieran sentido la presencia de Magnus. Ante la ausencia de otros factores, no sería sospechoso que un centurión veterano lo hiciera. Pero con las sospechas de Magnus despiertas, el Primera Lanza le había proporcionado otra confirmación de que Valiar Marcus no era quien aparentaba ser.
-Después de todo por lo que hemos pasado -dijo en voz baja-, ¿realmente crees que voy a hacer daño al capitán?
-Creo que el capitán tiene una opinión demasiado alta de su propia astucia -replicó Magnus-. Es joven. No sabe como funciona el mundo. O lo frío que puede ser.
-Muy bien -suspiró de nuevo Marcus-. Asumiendo que tengas razón. He tenido suficientes oportunidades de hacer algo malo antes de ahora. Y no lo he hecho.
Magnus le dedicó una sonrisa quebradiza.
-Si tus intenciones son pacíficas, muéstrate.
Marcus le miró fijamente, otra vez tentado a confesar. Pero eso no serviría al mejor interés de la Primera Alerana ni del Princeps. Si se revelaba ante Magnus, estaba claro sería arrestado, asumiendo que no fuera ejecutado inmediatamente una vez se conociera su verdadera identidad. Por supuesto, si Magnus lo averiguaba, ocurriría de todos modos.
Pero no lo había hecho aún.
Marcus gruñó una conocida obscenidad por lo bajo.
-Buenas noches, Magnus.
Entró en su tienda y lanzó hacia atrás la lona con una fuerza innecesaria. Era lo más cerca que podía estarse de cerrar de golpe una puerta. Luego mantuvo su atención en el suelo y esperó hasta que los pasos del viejo cursor se hubieran retirado.
Buscó los lazos de su armadura con un suspiro y estaba a medio camino con la de la muñeca cuando la voz de barítono de un cane retumbó, desde la negrura de la parte trasera de su tienda:
-Es bueno que no le dejaras entrar. Había sido incómodo.
Marcus se giró y masculló para hacer que volviera a la vida su pequeña lámpara de furia a su intensidad más débil. A la luz del brillo dorado apagado, divisó la enorme forma de un Cazador canim, agachado sobre su catre, hundiendo la tela que utilizaba como colchón con su peso. El corazón de Marcus se aceleró por la sorpresa, y se detuvo con una mano en la empuñadura del gladius. Se enfrentó al cane durante unos segundos, luego preguntó, en voz baja:
-¿Sha, no?
El cane de pelo rojo inclinó la cabeza.
-El mismo.
Marcus gruñó. Luego volvió a empezar a desatarse la armadura. Si Sha hubiera pretendido hacerle daño, habría ocurrido ya.
-Supondré que no estás aquí de cacería.
-Desde luego -dijo el cane-. Hay hechos que sería ventajoso que Tavar conociera.
-¿Entonces por qué no vas a decírselo a él? O le escribes una carta.
Sha sacudió las orejas casualmente a un lado, un gesto que recordaba a un encogimiento de hombros alerano.
-Son de naturaleza interna. Ningún cane con honor podría, en buena conciencia, revelarlos a un enemigo. -Los dientes del Cazador se mostraron en un destello blanco-. Y no puedo acercarme a Tavar. Está ocupado en un ritual de apareamiento y bien protegido.
-Y ya has pasado información sensible a través de mí antes -dijo Marcus.
Sha asintió otra vez con la cabeza.
Marcus asintió.
-Habla. Me aseguraré de hacérselo saber.
-¿Cuánto sabes de nuestros oradores de sangre?
-¿Los ritualistas? -Marcus se encogió de hombros-. Sé que no me gustan mucho.
Las orejas de Sha se retorcieron con diversión.
-Son importantes en nuestra sociedad porque sirven a los hacedores.
-Hacedores -dijo Marcus-. Vuestros civiles.
-Hacen la comida. Casas. Herramientas. Armas. Barcos. Son el corazón y el alma de mi gente, y la razón por la que existen guerreros como mi señor. Son a ellos a los que los guerreros como mi señor sirven en realidad, son a los que se compromete a nutrir y proteger.
-Un hombre cínico -dijo Marcus- mencionaría lo mucho que servir a tu gente se asemeja a controlarlos.
-Y un cane diría que llamar cinismo a ese contexto no es nada más que una forma de cobardía -contestó Sha sin rencor-. Producto de pensar y reaccionar sin integridad basándose en la presunción de que esos otros harían lo mismo. ¿Cuándo has visto a Varg hacer algo que no sea esforzarse por proteger a su gente?
Marcus asintió.
-Cierto.
-Los guerreros viven con un código de conducta. Así es como juzgan la valía de sus vidas. Cuando un guerrero abandona el código, es deber de los demás llamarle al orden... y, si es necesario, matarle antes de permitirle sobrepasar su autoridad. Varg honra el código.
-¿Qué relación tienen los ritualistas con los hacedores? -preguntó Marcus.
Sha volvió a mostrar los colmillos.
-En la mayoría de los casos, una cobarde. También ellos pretenden ser siervos de los hacedores. Sus habilidades pretenden salvaguardar a los hacedores contra enfermedades y heridas. Proteger a nuestros niños cuando nacen. Ofrecer consejo y confort en momentos de pérdida. Mediar con justicia en disputas y descubrir la verdad cuando esta no está clara.
-Yo sólo les he visto utilizar sus habilidades en la guerra.
Sha soltó un gruñido bajo.
-Las habilidades de los oradores de sangre dependen de la sangre. Se alimentan de ella. Eso ya lo sabes.
-Sí -dijo Marcus.
-Hubo un tiempo en que se consideraba algo monstruoso para un orador de sangre utilizar cualquier sangre que no fuera la suya... tan repelente como para cualquier guerrero dar órdenes a otros guerreros en batalla sin ser capaz y estar dispuesto a luchar él mismo.
Marcus frunció el ceño.
-Ese sería un límite bastante afilado, dado lo que los ritualistas serían capaces hacer, ¿no?
-Excepto en tiempo de gran necesidad -dijo la voz cavernosa de Sha-. O cuando el individuo estaba dispuesto a morir por hacer lo que creía que había que hacerse. En tales tiempos, los poderes de los oradores de sangre eran enormemente respetados. Sus actos y sacrificios eran profundamente honrados, incluso entre sus enemigos. La profundidad del compromiso y la sinceridad de un orador de sangre era incuestionable. -Sha se quedó en silencio un momento. Luego habló con un tono más abstraído y serio-. Hace algunas generaciones, los oradores de sangre descubrieron que podían expandir mucho más sus poderes utilizando la sangre de otros... cuando más individuos, más potente la sangre. Al principio pedían voluntarios... una forma de que los hacedores compartieran el honor y el sacrificio del servicio del orador de sangre. Pero algunos comenzaron a hacerlo en la guerra, tomando la sangre de sus enemigos y poniendo el poder ganado al servicio de sus propios poderes de guerra. Se alegó que el canim había llegado a superar la necesidad de tener guerreros. Durante muchos años, los oradores de sangre intentaron controlar a los guerreros... utilizarlos par asustar e intiminar a otros donde fuera posible, y como recolectores de sangre en tiempos de guerra. En algunos rangos, los oradores de sangre tuvieron éxito. En algunos, menos. En otros, nunca pudieron ganar poder.
-¿Por qué los guerreros no actúan sin más contra ellos?
Sha pareció sorprendido ante la sugerencia.
-Porque son siervos de los hacedores, como nosotros, demonio.
-Al parecer no -dijo Marcus.
Sha ondeó una mano.
-El código lo prohibe, a menos que sean culpables de los más grotescos excesos. Muchos oradores de sangre no abrazan el Nuevo camino. Permanecen fieles a su llamada, sus límites. Los seguidores del Viejo Camino continúan sirviendo a los hacedores y hacen mucho bien. Trabajan para convencer a sus hermanos sobre la integridad de su punto de vista.
-Asumo que no les va muy bien -dijo Marcus con sequedad.
-Un orador de sangre que permanece fiel a su llamada tiene poco tiempo que malgastar en política, especialmente en estos días -replicó Sha. Se inclinó un poco hacia delante-. Los que desprecian el Viejo Camino tienen todo el tiempo que necesitan para maquinar, tramar y contar verdades a medias a los hacedores para ganarse su apoyo.
Marcus entrecerró la mirada.
-Asumo que esos seguidores del Nuevo Camino están detrás del ataque a Octavian.
-Probablemente -dijo Sha-. Dos hacedores fueron convencidos para realizar el intento. -Desnudó los colmillos en lo que a Marcus le pareció repulsión y rabia-. Es una ofensa inexcusable.
Marcus se quitó la armadura, apilando las cuatro piezan una sobre la otra y metiéndola bajo el catre.
-¿Pero Varg no puede hacer nada?
-No mientras honre el código -replicó Sha-. Todavía hay seguidores del Viejo Camino entre los oradores de sangre, merecen respeto. Pero son pocos, y no tienen el poder necesario para llamarlos al orden... asumiendo que la persona en cuestión admita lo que ha hecho en vez de negarlo.
-Y sii esa persona muere, ¿qué pasaría? -preguntó Marcus.
-Si se conociera a su asesino, causaría gran afrenta entre los hacedores, que no ven claramente cómo les ha traicionado. Probablemente uno de sus lacayos ocuparía su lugar.
Marcus gruñó.
-La corrupción intercambiable es un de los peores tipos de problemas de cualquier oficio. Sabemos que está ahí, pero no podemos hacer nada. -Pensó en ello un momento-. ¿Qué quiere Varg de Octavian?
-Mi señor no desea nada de su enemigo -dijo Sha, rígido.
Marcus sonrió.
-Por favor, disculpa mi desafortunada elección de palabras. ¿Cuál consideraría, alguien como Varg, que sería la reacción ideal para alguien como Octavian en esta situación?
Sha inclinó la cabeza en reconocimiento.
-Por ahora, ignorarla. Actuar como si la amenaza no fuera una preocupación particular. Más muertes entre demonios y canim, sin importar lo culpable que sean o lo bien merecido que lo tengan, sólo daría a los oradores de sangre más leña para sus fuegos.
-Hmmm -consideró Marcus-. Pero no haciendo nada, ayuda a minar la influencia de los oradores de sangre mientras Varg busca una solución interna.
Sha inclinó la cabeza otra vez y se apartó del catre. El enorme cane se movía en absoluto silencio.
-Es bueno hablar con gente perceptiva y competente.
Marcus se encontró sonriendo ante el cumplido sin ninguna fuente o objeto aparente y decidió devolver la amabilidad.
-Es bueno tener enemigos con integridad.
Las orejas de Sha volvieron a sacudirse con diversión. Entonces el Cazador se alzó la capucha de la capa gris oscura para cubrirse la cabeza y deslizarse fuera de la tienda. Marcus no sintió necesidad de asegurarse de que salía sin problemas del campamento de la Primera Alerana. Sha había entrado con facilidad... lo que, en sí mismo, probaba que Varg no había estado detrás del atentado contra la vida de Octavian. Si los Cazadores se las hubieran arreglado para acercarse a Octavian, el pasado sugería que este no habría sobrevivido a la experiencia, a pesar de los artificios que se las había arreglado para dominar en el pasado año. Había excelentes probabilidades de que Marcus no hubiera sobrevivido tampoco.
Suspiró y se pasó la mano por el pelo casi inexistente. Había estado anhelando el relativamente largo sueño nocturno, comparado con lo que había tenido últimamente. La visita de Sha casi había asesinado pulcramente esa posibilidad, como mínimo.
Masculló para sí mismo y volvió a ponerse la armadura, algo mucho más fácil de hacer con ayuda que solo. Pero se las arregló. Mientras se vestía, el tiempo cambió con brusca intensidad, un viento frío que llegó aullando del norte. Hizo que las telas de su tienda saltaran, y cuando Marcus emergió de ella, comprobó que el viento parecía bajar directamente de la cima de un glaciar.
Frunció el ceño. Algo inusualo para esta época del año, incluso en el frío norte. El viento hasta olía a invierno. Prometía nieve. Pero era demasiado tarde en el año para que ocurriera tal cosa. A menos...
A menos que Octavian hubiera, de algún modo, heredado los talentos de Gaius Sextus en toda su extensión. Era imposible. El capitán no había tenido tiempo para entrenar, ni profesor que le instruyera en cualesquiera que fueran los profundos secretos de las furias que habían permitido a Gaius Sextus disponer y con frecuencia exceder los dones de cualquier otro Alto Señor en cuestión de magnitud.
Las furias estaban muy bien... pero ningún hombre podía convertir la primavera en maldito invierno. Sencillamente no era posible.
Copos de nieve comprimida empezaron a golpear la cara de Marcus. Susurraban contra su armadura como miles de diminutas e impotentes puntas de flecha. Y la temperatura del aire continuaba bajando. En unos momentos, el hielo había empezado a formarse sobre la hierba y el acero de la armadura de Marcus. Simplemente no podía estar ocurriendo... pero estaba pasando.
Octavian nunca había sido un estudiante capaz en cuanto a las imposibilidades se refería.
Pero en nombre de las grandes furias, ¿por qué iba a hacer algo así?
Mientras giraba en la avenida que conduciría a la tienda de mando de la legión, se encontró con Octavian y sus guardias, caminando con brío hacia la tienda de mando.
-Primera Lanza -dijo el capitán-. Ah, bien. Hora de levantar a los hombres. Partimos hacia la zona de encuentro en una hora.
-Muy bien, señor -replicó Marcus, saludando-. Necesito su atención un momento, señor, en privado.
Octavian arqueó una ceja.
-Muy bien. Puedo dedicarle un momento, pero después quiero que se concentre en conseguir que la Primera Alerana llegue a nuestro punto de partida.
-Sí, señor -respondió Marcus-. ¿Qué es..., señor?
-Lo he marcado en un mapa para tí. Al norte.
Marcus frunció el ceño.
-¿Señor? Al norte de aquí no hay nada más que el Escudo y territorio de los hombres de hielo.
-Mas o menos -dijo Octavian-. Pero hemos hecho algunos cambios.

*****
5
FANTASTICA / Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 13
« Último mensaje por Sacro523 en Enero 21, 2018, 06:16:39 pm »
 06a
6
Juegos Literarios / Re: Contemos hasta 1000
« Último mensaje por Dano en Enero 21, 2018, 04:18:14 pm »
99
7
FANTASTICA / Re:CODEX ALERA 6: LA FURIA DEL PRIMER SEÑOR, capítulo 13
« Último mensaje por Nuria en Enero 21, 2018, 03:06:57 pm »
Muchas gracias
8
Juegos Literarios / Re: Encadenando nombres propios I
« Último mensaje por Nuria en Enero 21, 2018, 02:07:39 pm »
Rafael
9
Juegos Literarios / Re: ¿En que palabra piensas cuando lees....? III
« Último mensaje por Nuria en Enero 21, 2018, 02:05:58 pm »
números
10
Juegos Literarios / Re: Contemos hasta 1000
« Último mensaje por Nuria en Enero 21, 2018, 02:05:21 pm »
98
Páginas: [1] 2 3 ... 10